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Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

MAZATLÁN

Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

Los desplazados: El viacrucis de perder todo, incluso la identidad

Mazatlán, Sinaloa.- La violencia le arrancó la vida a dos de sus cinco hijos, lo que la obligó a dejar su vida en el pueblo de San Juan, San Ignacio, hace tres años.

Ahora, a una edad avanzada, y junto con esposo, Rodolfo Guzmán, Enriqueta Sánchez trata de iniciar una nueva vida, pero ahora en las invasiones periféricas de Mazatlán, donde día a día, más desplazados por la violencia engrosan los cinturones de pobreza y marginalidad.

Con voz entrecortada, Enriqueta confiesa que la muerte de sus dos hijos la tiene grabada como si hubiera sido ayer.

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"Hoy tenemos vida. Si se le puede llamar así", dice mientras sigue lavando la ropa en un reducido lavadero, en el patio de su casa. Recargado en su pierna está Luis, su nieto. El pequeño sonríe y luego llama a su abuelo, quien atiza el fuego de la hornilla donde se cuecen los frijoles.

Carencias. La vivienda que habita la familia, integrada por cuatro adultos y dos menores, luce limpia, pero con muchas necesidades.

Hace casi tres años que llegaron solo con lo que traían puesto y unos pocos ahorros.

Extrañan su casa, sus árboles frutales, el clima, pero en especial su vida, sus costumbres. Hay vida, ¿pero a qué costo?, se preguntan todos los días, sobre todo cuando buscan empleo sin encontrarlo.

Así como Enriqueta y Rodolfo, en la invasión San Antonio hay 47 familias de desplazados por la violencia. Otras cuatro más ya no están, puesto que les asignaron vivienda, como les prometió el gobierno municipal y estatal al traerlas de los pueblos a la ciudad.

Según reportes del municipio, a las diferentes invasiones llegaron alrededor de 300 familias de desplazadas.

Luego de unos meses, decenas se regresaron a sus pueblos, pero quienes se quedaron aquí viven hacinadas, en condiciones de pobreza y se dedican al ambulantaje.

Lágrimas. Después de disfrutar grandes viviendas, ganado, animales de corral, árboles frutales, en comunidades donde con solo estirar la mano podían cortar una guayaba, naranjas, limones, pitayas, plátanos, papayas, la realidad de los desplazados se reduce a unos estrechos tejabanes como los que habitan Alicia Beltrán y Mireya Osuna Velarde

Eduardo González admite que lloró al ver la realidad en la que tendría que vivir en Mazatlán, sin embargo, sostiene que su principal aliento sigue siendo el apoyo de su esposa e hijos.

González reclama a la autoridad municipal y estatal que no les ha cumplido.

Solo les dieron un terreno, pero la promesa era regularizarles el predio o asignar una casa, dotarles de despensas e integrarlos al programa de Oportunidades y a los adultos los enlistarían en el programa 70 y más.

Pero nada se ha concretado.

Pierden su identidad. El investigador Arturo Lizárraga Hernández ha hecho estudios sobre migración y desplazados. Explica que entre ambos fenómenos, hay una gran diferencia: la migración es de manera voluntaria, pero el desplazamiento se da porque no hay otra opción, "se van o mueren", dijo el también profesor de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Añadió que el desplazamiento de las familias en la entidad se ha dado por el desarrollo, entre ello la construcción de presas, carreteras, y en los últimos años, por la violencia, pero la que más daño causa es la última, pues además de perder sus bienes, también hay pérdidas humanas, y esto los afecta socialmente y sicológicamente. Les quitan hasta su identidad, pues ya se les conoce como "los desplazados".

No les cumplen. Pero aunado a todo el calvario que sufren, los hacinan en tejabanes y las promesas que les hace el gobierno no se cumplen.

El investigador universitario urgió la necesidad de legislar a favor de los desplazados y destinar partidas para que estas familias puedan acceder a una mejor calidad de vida.

"No se trata de que les den todo, solo que les ayuden para establecerse y trabajar, que es lo que ellos reclaman."

Guisan en hornillas y siembran tomates y nopales par sobrevivir

Ante los pocos ingresos que tienen, la mayoría de los desplazados construye sus hornillas para cocinar sus alimentos.

Las grandes siembras que tenían en los pueblos en sus patios y terrenos, ahora se reducen a nopales, calabazas y jitomates.

Ramona Alicia Beltrán

Desplazada de la Noria. Le mataron a su hijo y ella recibió un balazo en el brazo

»Ahora vivimos en un corralito de cochi «

Ramona Alicia Beltrán y su familia se resistían a dejar La Noria, pero una ola de violencia que dejó varios muertos los arrojó fuera de ese pueblo.

Hicieron el intento de regresar a su comunidad, pero en mayo la violencia se recrudeció y buscaron nuevamente refugio en Mazatlán.

Convencidos de que lo más valioso es la vida propia, la familia de Ramona dejó su casa y todo lo había ahí.

Ahora dicen que medio comen y viven en lo que parece "corral de cochi", comparado con la casa que tenían y la vida que llevaban.

¿En qué momento deciden dejar su pueblo?

Una noche, ya nos habíamos acostado y empezó la balacera. El miedo me paralizó y al no poderme mover, sufrí un rozón de bala en el brazo. Con el susto, el problema de salud por la diabetes se me complicó y decidimos venirnos a Mazatlán.

¿Han regresado a su pueblo?

Mi hijo sí. Extrañaba su casa. Iba por lo menos una o dos veces al mes, pero el pasado 9 de diciembre fue por fruta y ya no regresó. El 12 diciembre me fui a buscarlo y me enteré que habían matado a un cuñado. Cuando regresé a Mazatlán, me encontré con la noticia de que también a mi hijo de 19 años lo habían asesinado.

¿Volverán a La Noria?

Solo yo. Todavía tengo familia allá y no se quieren venir. Pero mi esposo y los otros hijos ya no van. A los hombres son a los que matan y nadie hace nada para evitarlo.

Las mujeres se han quedado sin esposo, hijos y aun así hay personas como mi hermana que no quiere venirse.

Aquí nada es fácil, pero hay vida.

¿Les ha costado adaptarse?

Sí. Se carece de todo. Vea las casas que parecen un corral de cochi. Pero vamos a tener que adaptarnos, pues es la única opción que tenemos las familias de los pueblos. La violencia rebasó a la autoridad y la única alternativa es emigrar.

Ahora estamos aquí, donde en ocasiones no hay ni agua ni luz, y lo más triste que no siempre hay para comer.

Esto no la vida que queremos para los hijos y nietos.

Opinión

Jorge Figueroa

investigador

»Les dan mejoralitos y los usan «

El gobierno tiene la obligación legal y moral de ubicar a las familias desplazadas por la inseguridad, pero además de darles vivienda, servicios públicos, atención médica e incluso incorporarlos a los programas sociales, expuso el profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, además

de presidente de organizaciones no gubernamentales, Jorge Figueroa.

Criticó al gobierno porque se ha concretado a dar "mejoralitos" a estas familias que perdieron todo.

"Pero lo más grave es que los desplazados son 'utilizados como botines políticos', y ellos, con el fin de tener una seguridad de vida, los apoyan de manera temporal, pero el problema de fondo no se está atacando".

Hoy, cientos de familias que dejaron sus casas, animales y siembras viven hacinados y con todo tipo de carencias, y algunas aún con miedo.

Siguen esperando que se cumplan las promesas del gobierno sobre vivienda, apoyos y empleo.

El investigador dijo que hay partidas que se pueden utilizar para apoyar a estas familias de desplazados.

"No se trata de que les den, pero sí que los orienten y los apoyen para que se levanten y empiecen a desarrollarse ahora en la ciudad".

Entre los municipios del sur se manejan que son 500 familias de desplazados.

"La mayoría está en invasiones, pero algunas se instalaron con parientes, pero de igual forma están hacinados y el gobierno tiene la obligación de atender el problema".

Twitter: @DBT_Mazatlan

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