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Malova vuela y gobierna desde el aire con todo y críticas

MAZATLÁN

Mazatlán, Sin.- Volar diario y gobernar Sinaloa, ni de chiste se lo imaginó de niño jornalero, ni al vender chiles, mucho menos cuando vivía en una casita con piso de tierra y sin servicios.

El joven flaquito que ignoraban las muchachas por ser feo y sin dinero, a sus 57 años es el mandatario de una de las entidades más difíciles del país, por su activa delincuencia encarnada entre las poblaciones y las corporaciones y que hace llorar en la calle a las madres de familia.

Mario López Valdez relató para EL DEBATE que todos los días se levanta diciendo que "hoy será un día muy bueno", se la juega, suma enemigos, pero asegura, convencido con su expresiva sonrisa, "disfrutar de su chamba"; que se alimenta de la gratitud de las personas a quienes ha podido ayudar, aunque obtenga más críticas que felicitaciones.

Por lo mismo, reveló enfático que haberle batallado tanto en su niñez, adolescencia y en su juventud. Dice que ya no quiere saber nada de algún cargo público, tras cumplir su compromiso de gobernador, para solo enfocarse a disfrutar de su familia, de sus cuatro hijos, de adueñarse de su tiempo, que hoy no tiene ante el subir y bajar del helicóptero para llegar a tiempo a entregar obras a los sinaloenses.

Su preocupación va más allá, prosigue sin dejar de revisar su correo en su celular, de hacer un buen papel como líder del estado, de cuidarse porque cada segundo el riesgo que corre crece igual o más que para el resto de la población.

Incluso, reveló que tuvo que aprender a pilotear el helicóptero, por si algo pasara estar capacitado para levantar el vuelo. Igual como cuando, recibe una mala noticia, se levanta y asume el mando, así como cuando batalló para conseguir el primer empleo, le sudó para ser empresario y también le fue difícil entrar en la política y más aún cuando quiso ser gobernador.

"Yo no he tenido nada fácil, nací en un rancho donde había ocho casas, tuve que desempeñar muchas tareas, fui niño jornalero, ayudante de albañil, vendía chiles, di bola, batallé mucho para estudiar, para conseguir empleo", se auto dibujó. Aún así, aseguró; "Estoy muy agradecido con la vida, con Dios, con la política porque estoy feliz con la chamba que tengo.

Malova como le llaman desde que ingresó en la política, refrendó que su compromiso con Sinaloa es de todos los días aunque muchos no lo entienden.

Definitivo que sí tiene temor a lo desconocido, pero la fortaleza de sus padres, de su abuelo y de sus hijos, lo mantiene seguro de que lleva avances en hacer crecer las principales fortalezas económicas de la entidad.