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'Ni pugidos dio la moto'

MAZATLÁN.

Mazatlán, Sinaloa. El anunciador estaba extasiado, o así aparentaba. No era tanto por las abrasadoras inclemencias ni por la falta de una Light helada que más de uno le ofreció y él rechazó. Su resuello era por algo más intenso: la adrenalina que en la pista se destilaba a más de 200 kilómetros por hora.

"¡Esto es una locura!", vociferaba, micrófono en mano, al tiempo que la onomatopeya reina en el Autódromo Mazatlán, ¡brrrum, brrrum...!, retumbaba a los cuatro costados, llenos de maleza seca, ardiente, entre los montículos de una zona casi árida.

Cuando el temible "Ruso" Gamboa prendió mecha y obtuvo su calificación a las semifinales en una categoría (900-1000 centímetros cúbicos) que, en la final, perdería frente al ídolo mazatleco Ricardo "Callín" Zamora, el mismo comentarista alimentó la exaltación. "¡Habrá que quitarle al 'Ruso' la supervía Durango-Mazatlán, porque siempre gana!" Y las risas, tímidas en unos, abiertas en otros, cayeron como balde caliente en el duranguense que, en su potente Kawasaki, tardó dos horas y media en llegar al puerto.

El duelo de las porras... el duelo de los Clamatos. El escenario ubicado en el kilómetro 4 de la autopista Mazatlán-Culiacán, vibró en su máxima expresión y no solo por las ultraveloces picas que levantaron de las sólidas, estáticas y poco confortables graderías a más de uno. "Lléguenle a las salchichas...lléguenle a los clamatos..." Y mientras los heats, semáforo activado y con jueces al tiro con nervios de acero, estremecían los desenfrenados 402 metros, en las tribunas se daba otra disputa: el de las porras. Los venidos de Tepic, enfundados en un llamativo uniforme anaranjado, se desgañitaban por su hijo pródigo, Luis Antonio Cedano. "Te amaaamos, Cedano, y préndete al acelerador...préeendete". Por enfrente y sobre la salida de la pista, la gente identificada con "El Callín" Zamora hacía ruido, mucho ruido. Era el pleito de las cachiporras, que nunca falta. Era la otra disputa, la que calienta aún más el espectáculo, la que, encadenada a las pasiones, anima, emociona, pone los nervios de punta y hasta un infarto a más de uno pudo haber provocado. iSe acaban los clamatos, se acaban las salchichas...Lléguenle, lléguenle...Lléguenle a las Pacífico! Y, sí, las Light volaron como las motos.

¡Brrrum, brrrum...! La tarde estaba en su apogeo, en su clímax casi. Eran los "encontronazoos" finales. ¡Brrrum, brrrum...! Y salen cual meteoros, uno al frente, otro rezagado. "Ni pugidos dio la moto!", grita una bella dama en pleno frenesí, ataviada en su chamarra de cuero, negra, con sugestivos bordados cuyas iniciales causan alboroto y sensación: soy cabrona y soy motoclub. ¡Brrrum, brrrum...! Sin importar el "infierno" que sonrojaba y "hormigueaba" la piel, la gente vivió a plenitud la fiesta. No importa que no haya sido en la Plaza de la Moto. Estaban en la catedral de las emociones fuertes y, en medio de la expectación y el ardor, en medio de los matorrales casi desérticos, qué mejor que el triunfo de "El Callín"...a 200 kilómetros por hora. Todo un cafre del volante. Tanto que voló como las Light. "¡A qué moto tan chula!".