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Pierden su casa, pero no las esperanzas

MAZATLÁN

Pierden su casa, pero no las esperanzas

Pierden su casa, pero no las esperanzas

Pierden su casa, pero no las esperanzas

Pierden su casa, pero no las esperanzas

Mazatlán, Sinaloa.- Con el sol a plomo a cuestas, Andrés Reza empezó a empujar el triciclo entre los escombros hasta que llegó a la calle. Los pedazos de piedra y madera en el piso hacían más pesada la tarea. Cargado de una cama, un colchón, ropa, tres imágenes de la Virgen de Guadalupe y la esperanza de una mejor vida, partió de la invasión Pino Suárez hacia la casa de sus padres en la colonia Azteca.

Aclara que a estas alturas de su vida no quería darles una mortificación más, pero la exigencia de desalojo que lanzó el Ayuntamiento no le dejó otra opción que desmontar su casa de madera y lámina y esperar que las autoridades del municipio cumplan con su palabra y le ofrezcan una nueva oportunidad de vida en La Raqueta, o cualquier otro sitio para que pueda concretar, ahora sí, un patrimonio para su mujer e hijos.

"Pensé que teníamos un patrimonio". La esposa de Andrés Reza Rangel y otras mujeres temprano se fueron al Ayuntamiento para entrevistarse con el regidor Jorge Rodríguez Pasos, que tomó el caso, según se enteró.

Mientras ellas estaban en las gestiones, el albañil continuó acarreando las pertenencias; grandes bultos con ropa y enseres de cocina esperaban sobre una improvisada mesa.

Mientras iba y venía de la casa al triciclo que estaba cruzando el canal pluvial, aclara que seguirá durmiendo en el sitio que habita desde hace dos años.

"Mi hijo y sus hermanos ya estaban bien acoplados a este lugar y yo pensaba que ya teníamos un patrimonio. Después del intento de desalojo nos dieron una esperanza y quiero pensar que nos van a arreglar".

Por iniciativa. Unos pasos más allá, en una esquina de la calle Óscar Aguilar, un grupo de señoras se anotaba en una lista, según dijo María de Jesús Rodríguez Peraza, para entregarla a las autoridades del municipio y sean tomadas en cuenta a la hora de otorgar lotes para la reubicación.

Destacó que ante la promesa que tienen, de manera voluntaria empezaron a desmontar sus viviendas desde hace unos días y antes de que llegue la maquinaria a desazolvar el lugar, y ni la madera puedan sacar.

"Con mucho trabajo conseguimos la madera y esta misma nos puede servir".

Reconoció que algunas personas en realidad no ocupan el terreno en el que estaban y que por ello se retiraron sin más. También recordó que al menos 3 lotes fueron vendidos por quienes ahora perderán el espacio por el que pagaron hasta 15 mil pesos.

Dos años perdidos. Molesta porque las autoridades del municipio permitieron por casi dos años la invasión, doña Martha Rangel recordó que la colonia donde vive, la Azteca, empezó igual, y al menos su familia tiene ahí 38 años.

"Fueron dos años los que perdieron en la Pino Suárez, porque el lugar estaba muy feo y le metieron mucho relleno, para que ahora nomás quieran tumbarles todo. (Las autoridades)deben darles la mano, no nada más tirarles sus cosas".

Su esposo la secundó y recordó que, ante la falta de oportunidades, las familias se han asentado en terrenos irregulares que después se regularizan.

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