Mazatlán

Vinata Santa Clara, un lugar con historia en Mazatlán

Con casi tres siglos de vida, la única destiladora de agave en el sur de Sinaloa, en Mazatlán, vinata Santa Clara,  se mantiene funcionando con rústica y avanzada tecnología 

Por José Galarza

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Sinaloa.-  A 3 kilómetros de la sindicatura de La Noria, en Mazatlán, se encuentra la Vinata Santa Clara,  un lugar en el que se conjuga la rústica y avanzada tecnología, para obtener el destilado de agave, una actividad que es única en el estado de Sinaloa

Alfonso Osuna Moreno, trabajador del lugar, comenta que son casi tres siglos en los que se ha mantenido el inmueble, al principio como productor de mezcal, una bebida que identifica a México.      

Lugar con historia

Menciona que desde que alguien se adentra a la vinata, pareciera que el tiempo se detiene y se estuviera en 1876, año en el que fuera fundada por Liberato Osuna, que en honor de su bella esposa, nombró a ese lugar como Santa Clara, cuya razón social contrasta con el nombre del destilado que ahí se produce, que lleva el apellido que predomina en esa parte de Mazatlán, el de los Osuna.

Desde entonces, el dueño arrancó el lugar como una fabrica mezcalera, que hasta la fecha, cuatro generaciones se han dedicado a la producción de una bebida que por no ser de origen como el tequila, solo se le nombra destilado de agave. 

Lo viejo y lo nuevo

Osuna Moreno menciona que la vetusta fábrica mantiene tecnología tanto rústica como avanzada, pues para la elaboración del producto se requiere de labores netamente artesanales, que son un atractivo para el turismo que acude al lugar, el cual se asombra de los procedimientos del pasado y presente para elaborar la bebida que identifica a México ante el mundo.

Y es que desde que se ingresa a la vinata Santa Clara se pueden apreciar los agaves, que tienen que pasar entre 7 y 12 años para  madurar y empezar un proceso que inicia desde su corte hasta  su fermentación y una serie de destilado para extraer el líquido, que tiene que mantenerse en barricas de dos meses a un año o más, para tener el producto final que forma parte de la cultura mexicana. 

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