Política

Los políticos y su insoportable levedad del ser

LA HOGUERA

Por  Gabriel Yàñez Pérez

Aspectos de un sesión virtual en el Congreso del Estado de Sinaloa.(Foto: El Debate)

Aspectos de un sesión virtual en el Congreso del Estado de Sinaloa. | Foto: El Debate

Llegada la fecha y cumplido el plazo que marca la ley, el primer domingo de junio del 2021, estaremos eligiendo un nuevo gobernador o gobernadora, claro está, si Dios nos permite llegar con vida a ese momento. Un día sí y al otro también, aparecen encuestas y columnas políticas que hablan tanto de aspirantes con posibilidades reales, como de suspirantes cuyas utópicas expectativas representan simples entelequias o, como suele conocérseles, puros sueños guajiros.

En este escenario, existen personajes que aún siguen pensando que con el voto duro de “sus bases” pueden alcanzar el triunfo. Nada más alejado de la realidad, pues aquel corporativismo electoral ya no tiene cabida en una sociedad donde la pluriculturalidad y la omnipresencia tecnológica han venido a fortalecer la individualidad como un nuevo sentido de pertenencia. Producto de ello, los vínculos y las relaciones de intercambio son ahora tan expeditos y universales por la conectividad que existe, que es sumamente difícil generar una influencia a nivel colectivo como se hacía en el pasado. 

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El hiperconsumismo informativo está configurando un tipo de elector mucho más crítico pero también mucho más escéptico, elementos que lo hacen cada vez más indescifrable. Ese precisamente es el enorme reto al que los candidatos se habrán de enfrentar en el 2021 para tratar de convencer, persuadir, o por lo menos, generar cierta influencia en la emisión del sufragio.

Los sucesos que a diario irrumpen mediáticamente (principalmente en las redes sociales) en torno a tantos conflictos, desfiguros y tropelías que comete la clase política, alimentan el desencanto social a tal grado que hay ciertos aforismos que ya se han convertido en verdaderos axiomas, como aquel que reza que “los políticos son como los que ven la suerte, mienten por oficio”.

Trayendo a colación aquella célebre (y cautivante) obra del escritor checo Milan Kundera, donde se explora y deja al descubierto la levedad con la que se rigen muchos de los principios y conductas humanas; en este caso, vemos también una liviandad o ligereza en la forma en que acostumbran conducirse muchos de quienes se desenvuelven en el ejercicio político, donde ya es algo común verlos despojarse de sus convicciones, ideas, principios y valores. Todo ello los ha llevado a vivir una especie de nihilismo reduccionista donde lo único que parece darle sentido a sus aspiraciones, es saciar sus intereses inmediatos y llegar a una posición que les pueda servir como trampolín para alcanzar la siguiente. Sin embargo, sería muy pesimista decir que no hay nada qué hacer al respecto y que estamos condenados a tener que elegir al menos peor o al que tenga menos cola que le pisen. La madurez de nuestra sociedad ha permitido también abrir nuevos espacios de participación política, los cuales en antaño sólo eran reservados a los “políticos profesionales”. De ahí la apertura y el interés de algunos partidos por buscar rostros nuevos con perfiles más ciudadanizados. Bajo estas circunstancias, las posibilidades que se abren son muy interesantes, ya que por encima de su arraigo partidista, lo que se busca son opciones a las que se les identifique por su hoja de vida, vocación de servir y desempeño profesional. Ahora bien, hablar de caras nuevas no es hablar tanto de una edad cronológica, sino de actores que puedan emerger como alternativas a los mismos de siempre, muchos de los cuales no han podido dejar un legado que les dé prestigio y que, en algunos casos, cargan además con pesados lastres y obscuros pasajes en su historial.

Así pues, hoy se habla mucho de los retos que tendrán que sortear los partidos políticos para cumplir con la equidad de género, pero quizá lo más difícil será el poder encontrar opciones frescas que garanticen no únicamente bríos e ímpetu, sino también conocimiento y trayectoria.

Deslinde del ISIC y Cobaes.- Dentro de la vorágine de conflictos que se vivieron en torno a la fiscalización de las cuentas públicas del 2018, donde finalmente solo las cuentas del Poder Ejecutivo fueron aprobadas, existen elementos de sobra que saltan a la vista y que nos obligan a ser objetivos y no caer en esa manipulación mediática de golpeteo político con la que se ha estado manejando este tema. El hecho de que a ningún otro ente (poder, dependencia u organismo) le hayan sido aprobadas sus cuentas, no significa que no hayan actuado con la transparencia a la que hoy es casi imposible evadir por tantos controles de fiscalización. Por poner dos ejemplos claros, están los casos del Instituto Sinaloense de Cultura y el Cobaes. En ambos casos, independientemente del hecho de que el plazo que tiene la ASE para revisar la información que le fue presentada no concluye sino hasta el 31 de octubre, sus titulares, Papik Ramírez Bernal del ISIC y Sergio Mario Arredondo Salas del Cobaes, expidieron sendos comunicados donde quedan aclaradas dichas observaciones, respaldando así el eficiente desempeño que estos dos funcionarios han tenido en la presente administración.

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