Carnaval en Nuevo León

Carnaval en Nuevo León, es organizado por personas que migraron desde Veracruz y aun conservan sus tradiciones

Por  Agencia Reforma

Carnaval en Nuevo León(Agencia Reforma)

Carnaval en Nuevo León | Agencia Reforma

Carnaval en Nuevo León, es organizado por personas que migraron desde Veracruz y aun conservan sus tradiciones. Ellos contagian a los regios de sus usos y costumbres así como de la alegría de esta celebración.

Una de las calles de la Colonia Arboledas de los Naranjos fue cerrada ayer para dar paso a la gran fiesta de la comunidad indígena que ahí vive.

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En este sector de Juárez, el abandono ante problemas como el de la inseguridad es evidente, pero no es un impedimento para celebrar su propio carnaval de la manera más fiel posible a la tradición de la tierra de quienes lo organizan, la Huasteca veracruzana.

Hombres y mujeres de origen nahua que llegaron hace más de una década a Nuevo León usan vistosas prendas y sobre sus rostros colocan máscaras de animales y seres que danzan al ritmo de la música de viento interpretada por jóvenes del lugar.

A unos días del Miércoles de Ceniza, es un día para bailar.

El carnaval nahua toma cada vez más fuerza en la Ciudad, impulsado principalmente por el trabajo de una comunidad migrante organizada con el apoyo de asociaciones como Zihuame Mochilla y Zihuakali Casa de las Mujeres Indígenas.

"No se me han olvidado mis tradiciones y mis costumbres", dice Claudina Maya Cruz, vecina de este sector suburbano y una de las organizadoras de la fiesta. "Y es lo que estoy haciendo, que las costumbres no se pierdan".

La de Arboledas de los Naranjos es una de las diferentes comunidades indígenas asentadas en la Ciudad. En Juárez se calcula que hay cerca de 30 mil personas identificadas con alguna etnia originaria.

En esta fiesta donde se habla español y náhuatl, y se mezclan nahuas y mestizos, también asisten autoridades, como el Subsecretario de Desarrollo Social del Estado, César Valdés, y representantes del Ayuntamiento de Juárez.

No faltan la música de viento y tambora, tampoco los platillos típicos como el zacahuil ni los cascarones de colores rellenos de confeti que las mujeres rompen sobre las cabezas de los invitados.

"Si un día se acabara esto, es como si nos muriéramos todos", dice Claudina.

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