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Damnificados de S19 se manifiestan en el Zócalo

Con veladoras, los afectados exigen a las autoridades que no olviden los trágicos resultados del sismo.

Por David Ortega

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Ciudad de México.- A cuatro meses del sismo del 19 de septiembre, los damnificados se hicieron presentes en el Zócalo capitalino con veladoras para que el gobierno local y federal no olviden sus compromisos.

"La gente se pregunta '¿y esos quiénes son?' Somos damnificados, queremos solución", exclaman los afectados, los cuales agregan: "Mancera, entiende, el 'multi' no se vende".

"¿Y dónde está el dinero que el mundo nos donó? ¡Con eso nos alcanza para reconstrucción!", cuestionaron.

A nombre de todos ellos, Israel Ballesteros, damnificado del multifamiliar Tlalpan edificio 3B -el cual tiene la categoría roja, es decir, es inhabitable-, leyó el siguiente pronunciamiento:

Luchar contra el olvido no es sólo buscar permanecer en la memoria. Hace cuatro meses, el 19 de septiembre, un sismo cimbró a este país y a su gente, nos mostró que somos capaces de sentir -al mismo tiempo- el dolor, la solidaridad y la esperanza.

Israel Ballesteros, damnificado. Foto: David Ortega/EL DEBATE.

 Llorábamos a nuestros muertos mientras contemplábamos nuestros escombros. Atestiguamos el derrumbe de lo que alguna vez fuimos y ya no volveremos a ser. Repentinamente, nos transformamos en damnificadas y damnificados.

Luchar contra el olvido es trabajar para honrar la memoria de quienes nos abandonaron aquel 19 de septiembre, que tal vez no conocimos pero sentimos nuestros a través del dolor y las lágrimas de quienes los perdieron.

Nos resistimos a ser olvidados, a abandonar una lucha para enfrentar una crisis de dimensiones catastróficas. No vamos a tirar por la borda el esfuerzo de nuestras madres, padres, abuelos –o de nosotros mismos- para construir un patrimonio y habitarlo de forma segura.

El 19 de septiembre no sólo se derrumbaron paredes y techos, también historias, vivencias y sentimientos que se asomaron entre los escombros y nos recordaron que vale la pena luchar por algo mejor de lo que teníamos.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.

La tierra se movió y nos hizo darnos cuenta de que estamos vivos y tenemos a alguien a nuestro lado. Que la solidaridad y la esperanza no tienen límites, y, por tanto, es necesario luchar por lo nuestro, por lo que nos costó mucho trabajo conseguir.

La reconstrucción no sólo es para nuestros edificios o nuestras casas, es para nosotros mismos, como personas, como comunidad, como ciudad, como país. El sismo del 19 de septiembre sacudió a este país y nos recordó lo endebles y vulnerables que somos. Pero también mostró la incapacidad de los gobernantes al ser rebasados por la situación.

Ante el dolor, el silencio… Ante la solidaridad, la indiferencia… Ante el letargo, la organización… El Estado reaccionó tarde y con torpeza. La sociedad civil, así como la solidaridad nacional e internacional, hicieron posible el rescate de nuestros vecinos que se encontraban atrapados entre las ruinas.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.

A 120 días del sismo no hemos podido regresar a nuestros hogares, seguimos en las calles; en albergues y campamentos sostenidos gracias a la eterna solidaridad de la sociedad civil mostrada desde las 13:14 horas del día 19 de septiembre.

Como Damnificados Unidos de la Ciudad de México exigimos que se respete nuestro proceso organizativo, generado a marchas forzadas ante la inacción de las autoridades para atender la emergencia. Llamamos al Gobierno de la Ciudad de México a reconocernos, a escucharnos, a dejar de minimizar nuestra organización.

La incapacidad del Gobierno para responder a nuestros llamados y de tomar en serio nuestros emplazamientos se ha querido ocultar bajo señalamientos de que somos “rebeldes”, de que pertenecemos a algún partido o de que no queremos dialogar.

Sólo es una justificación irresponsable ante sus incapacidades porque Damnificados Unidos declaró desde su creación que era apartidista, que entre nosotros sólo hay una organización de pares y que no permitiríamos ser manipulados por cualquier organización política o social que pretenda lucrar con nuestra desgracia y nuestras justas demandas.

Los infomes de gobierno denotan cifras y afirmaciones de acción muy alejadas de la realidad, de nuestra vivencia y de lo que como personas directamente afectadas hemos documentado. Nuestro censo es verídico y verificable, pues se trata de nuestras casas y edificios, la plataforma CDMX no registra algunos predios dañados, reporta habitables algunos que se cayeron, o cambia de amarillo a verde o de verde a rojo sin ninguna claridad de sus criterios.

Además, alzamos la voz por las serias irregularidades que han tenido las autoridades en el manejo de información competente al monto de los recursos usados, la situación estructural de nuestros inmuebles y de la Ciudad de México en general, así como del trato que hemos recibido como damnificados y damnificadas.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.

Cuatro meses después de que la tierra se sacudió en nuestra ciudad, no hemos logrado que el gobierno se mueva y atienda con sensibilidad, certeza y compromiso nuestras necesidades. Miguel Ángel Mancera Espinosa, el Jefe de Gobierno, no se ha reunido ni una sola vez con nosotras y nosotros.

Culparnos porque el Jefe de Gobierno no se ha reunido con nosotros es insensible y torpe, si se entiende que en cada uno de nuestros predios diversos representantes de las autoridades han desfilado –poco o mucho-, no obstante, sus capacidades de resolución y su toma de decisiones no son resolutivas ni han generado impacto en el mejoramiento de las condiciones de los damnificados y las damnificadas.

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal violó nuestro derecho a la consulta al aprobar la Ley de Reconstrucción y el Presupuesto 2018 sin escucharnos ni tomar en cuenta nuestra situación. Sólo se sentaron con las personas damnificadas después de muchos llamados, convocatorias y manifestaciones y ello ocurrió apenas hace 7 días.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.

Nuestras demandas son claras: Reconstrucción social pagada con recursos públicos, no aceptaremos créditos ni redensificación. No es justo que después del temblor no sólo hayamos perdido nuestros hogares y vivamos en las calles, sino que también nuestra situación sea usada para los negocios inmobiliarios.

Tampoco abandonaremos la demanda de que las donaciones nacionales e internacionales sean aplicadas en las tareas de la reconstrucción, además de que cuenten con los mecanismos mínimos de transparencia y rendición de cuentas, para evitar que sean desviadas a otros fines ajenos a las necesidades de las damnificadas y los damnificados.

Exigimos también que el gobierno capitalino nos reconozca como interlocutores válidos, como miembros activos del proceso de atención a la emergencia y reconstrucción que necesita emprenderse, y como sujetos de derechos en lugar de clientes potenciales.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.

Porque a pesar de que miles de personas siguen viviendo en las calles, o donde mejor lograron acomodarse, el gobierno insiste en cerrar el ciclo de emergencia para abrir el de los negocios.

Las autoridades no resuelven que las y los damnificados tengan condiciones dignas de vida fuera de sus viviendas; en cambio, sí se preocupan sólo por ver a cuántos convencen de endeudarse para pagar una propiedad que ya habían pagado y, en el camino, a ver cuántos admiten regalarle al capital inmobiliario una parte de su patrimonio. El negocio es redondo y la tragedia persistente.

Desde el inicio de la contingencia lo señalamos y a cuatro meses lo refrendamos: no nos mueve ningún interés partidista, ni vamos a ser carne de cañón para el mercado inmobiliario. Damnificadas y damnificados unidos de la Ciudad de México sólo queremos entrar de forma digna y segura en nuestros hogares.

Foto: David Ortega/EL DEBATE.
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