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El plagio tiene rostro de mujer

MÉXICO

MÉXICO, D.F., julio 27 (EL UNIVERSAL).- Por aquellos días de 2011, así plagiaban "Los Zetas" en Torreón, Coahuila: hombres vestidos de civil con armas largas llegaban en las primeras horas del día a la casa elegida y rompían las puertas; uno de ellos entraba por los habitantes, otro por los objetos de valor y uno más vigilaba la calle. Un modus operandi conocido, así que cuando un comando tronó el zaguán y un hombre armado le puso un rifle en la nuca, ella dejó la sartén con la certeza de que la iban a raptar.

"Estaba 'caliente' la zona, por eso pensé que era un 'levantón'... nunca pensé que iba a ser lo contrario", cuenta Anahí mientras se protege del sol que pega en la prisión femenil de Santa Martha Acatitla con una gorra con pedrería de fantasía.

Tiene 29 años y cuenta así su conversión de víctima a victimaria: el hombre que la tenía encañonada la obligó a entrar a una de las dos camionetas estacionadas frente a su casa. Obedeció al ver a su esposo pisoteado. La doblaron con un golpe y un "¡ora sí, culera, nos vas a llevar con tu hermano!". Si les dijo adonde conducir, fue porque la subieron con su hijo de nueve años.

Cuando llegaron a casa de sus papás, Anahí vio cómo a su hermano lo metieron al segundo vehículo junto con su esposo. Antes de que las camionetas arrancaran, le dejaron bajar a su hijo. Después de minutos de angustia aparcaron en la Fiscalía General del Estado de Coahuila, donde les dijeron que los llevarían al DF para investigarlos por señalamientos de secuestro.

"No hablaba, no reía, no lloraba. Estaba en shock", recuerda sobre ese viaje que duró 20 horas, cuando normalmente se hace en 10. De madrugada. Entre cuatro hombres armados. Sin un vaso de agua. "Me golpeaban la cabeza, que no me hiciera pendeja, me tocaban las piernas", recuerda Anahí.

Llegaron a la Fiscalía Antisecuestros de la Procuraduría del DF, donde pudo ver a su esposo durante unos minutos.

"Dijeron que te violaron, ¿estás bien?", preguntó él. "Todos fueron amables", mintió. "Ya firmé [me incriminé], ya te vas. Luego me voy yo…", la tranquilizó. Pero Anahí nunca se fue.

La llevaron al Reclusorio Sur, donde un juez le dictó 30 días de arraigo, es decir, mientras las autoridades reunían evidencias para hallarla culpable, ella viviría en una casa cuyo exterior es resguardado por guardias armados y cuyo interior no permite puertas, celular, televisión, ni ir sola al baño.

El 6 de diciembre de 2011 —aún sin sentencia— fue su último contacto con el mundo exterior. Ella, su esposo, su hermano y un acusado más fueron llevados al "búnker" de la Procuraduría General de Justicia del DF (PGJDF), donde los presentaron ante los medios como peligrosos plagiadores. Los exhibió el ahora jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, y el 28 de diciembre los varones fueron trasladados al Reclusorio Oriente, mientras que Anahí fue enviada a Santa Martha a esperar una sentencia que llegó el 2 de octubre de 2012.

"Me dijeron que por el simple delito me hiciera a la idea de que me iban a dar muchos años, pero no esperé tantos". Le dieron 45, menos que a su esposo [79 años], pero más que a su hermano [absuelto].

Anahí asegura que todo es un error: que meses antes de su aprehensión, ella viajó con su esposo al DF para ir a un concierto en el Foro Sol, donde conocieron a unas personas que se dedicaban al secuestro. Cuando su nuevos "amigos" fueron detenidos, señalaron a Anahí y a su esposo como cómplices con tal de reducir su condena.

La versión oficial cuenta que durante el arraigo, una mujer que posee varias carnicerías identificó a Anahí como su cuidadora en una casa de seguridad. Ella y su esposo acumularon 13 indagatorias por secuestros que ejecutaban como supuestos miembros de "La Familia Michoacana".

"No es cierto, me 'pusieron. ¡Los verdaderos culpables están libres!", se desespera Anahí. Aunque insista en su inocencia, siete presidentes pasarán antes de que su sentencia por secuestro se agote.

Largo castigo

En las cárceles de la ciudad de México el secuestro cada vez adquiere más rasgos femeninos.

De acuerdo con datos de la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del DF entregados a EL UNIVERSAL, esta es la estadística en ascenso: en 2010 había 140 reclusas por plagio; en 2011 la cifra creció a 148; en 2012 llegó a 189, y en 2013 se ubicó en 201.