Los Jumiles: La tradición de comer insectos vivos

Se dice que tienen muchas propiedades alimenticias pero no es fácil que, quien no esté habituado a su sabor, se anime a comerlos

Por  El Debate

Foto: negarailam.net

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Taxto.- Entre los meses de noviembre y febrero, suele verse en los mercados fijos y en los tianguis (mercados ambulantes) de Taxco, Guerrero, a unos puesteros peculiares: los “jumileros”, que ofrecen a la venta unos curiosos insectos comestibles, los jumiles, unas chinches de monte que se venden vivas y que se exhiben en recipientes de plástico donde se mueven unas encima de otras y trepando, de vez en vez, por las paredes del traste o por un palito que algunos marchantes colocan en su parte central. Se les llama jumiles y también “chumiles”.

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Los jumiles representan un ejemplo de la muy antigua tradición de consumir insectos dentro de la dieta cotidiana, la cual data de los tiempos prehispánicos cuando estos pequeños animalitos (jumiles, chapulines, hormigas, moscos, etc.) constituían una de las más importantes fuentes de proteína de la dieta de las personas. El jumil se conoce también como “chinche de monte”, su nombre en náhuatl es “xotlimilli” y su nombre científico es Atisis Taxcoensis, haciendo alusión a la importante población guerrerense de Taxco donde estos insectos tienen gran importancia y donde se celebra la “Feria del Jumil” en las fechas posteriores al Día de los Fieles Difuntos.

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Cabe mencionar que los Jumiles, tiene su propia celebración, esta festividad inicio en el año de 1943, y ya es una tradición, cada año se hace un evento donde hay música en vivo, bailes, declamaciones y los famosos jumiles que no pueden faltar, el día del festejo quedo estipudado que la fiesta se llevaria a cabo el lunes proximo posterior al día de muertos.   

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En el cerro del Huixteco, cercano a Taxco, los jumiles son muy abundantes, aparecen en los primeros días de noviembre y se terminan después de febrero cuando empiezan las primeras lluvias. Se encuentran adheridos a las hojas de los encinos y se alimentan de ellas, lo cual les da un sabor acanelado. Estos animalitos desprenden un líquido de olor intenso que representa una de las cualidades más apreciadas por quienes los consumen.

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Antes se recolectaban en canastones y se les rociaba con agua para mantenerlos vivos, ahora se sigue el mismo procedimiento pero se guardan en costales sintéticos y las viejas ollas de barro en las que se llevaban a vender han sido sustituidas por recipientes de plástico. También ha cambiado el envoltorio en el que se entregan al cliente, antes se usaban hojas de una planta conocida como cucharillo y ahora se venden en pequeños cucuruchos de papel de estraza que cuestan 5 pesos cada uno o tres por 10.

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Se dice que tienen muchas propiedades alimenticias pero no es fácil que, quien no esté habituado a su sabor, se anime a comerlos. Hay quien se los come vivos y solamente poniéndolos en una tortilla, pero lo más común es incorporarlos, molidos, a una salsa molcajeteada, a la que le aportan muchos nutrientes y un sabor muy peculiar.

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