México

"Necesito saber a quién voy a perdonar"

En diez años, María Herrera ha muerto en vida dos veces: cuatro de sus hijos fueron víctimas de desaparición forzada en el marco de la «guerra contra el narcotráfico»

Por: David Ortega

"Necesito saber a quién voy a perdonar". Foto: EL DEBATE.

Ciudad de México. «No podemos esperar dejarlos en libertad y que sigan haciendo lo mismo. El olvido jamás va a venir, eso no. El perdonar va a hacer un trueque. Lo dije muy claro: si estas personas de verdad están arrepentidas, que nos digan dónde están todos los que nos faltan. Yo necesito saber a quién voy a perdonar más que nada y que ellos de verdad se sientan responsables, acepten el error que cometieron y estén dispuestos a pagar de alguna forma», dice María Herrera, a quien le arrebataron a la mitad de su familia.

Este dolor comenzó en 2008, cuando dos de sus hijos fueron víctimas de desaparición forzada en Guerrero. Desde entonces, los busca incansablemente.

Al no ver apoyo por parte de las autoridades, María Herrera y su familia contrataron investigadores privados, inclusive pagaban a policías para que les filtraran información que pudiera darles una pista. Además, hacían viajes a la Ciudad de México tratando de recabar más datos, y estaban cercanos a la investigación realizada por las autoridades.

«Nos despojaron de todo», narra la hoy activista, parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, pues la familia debió adquirir préstamos para realizar la búsqueda de sus desaparecidos.

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Denuncias en Jiquilpan, Zamora, Morelia, en Michoacán y en la Seido en la Ciudad de México fueron los sitios por donde pasó esta familia solicitando ayuda.

Al terminarse el dinero, y pese a la petición de María a sus otros hijos de ya no salir a trabajar en la compraventa de oro por el miedo que tenía, el 22 de septiembre del 2010 la agonía se agudizó: «Iban a Vega de la Torre (Veracruz), pero no les dieron tiempo de llegar a su destino». Sus hijos, Gustavo, de 27 años de edad, y Luis Armando, de 25 años, desaparecieron también, junto con un sobrino de María, Jaime López, y con Gabriel Melo Ulloa, esposo de una nieta.

Pese a que los hermanos Trujillo Herrera tenían un plan de acción en caso de ser perseguidos, como manejar tan rápido que pudieran provocar un accidente para que ambos vehículos quedaran en el lugar y se supiera quién los perseguía o tener mensajes listos en los celulares para enviarlos de inmediato ante una situación de riesgo, nada les sirvió.

De acuerdo con María Herrera, sí llegaron a recibir amenazas luego de la primera desaparición de sus dos hijos, Jesús Salvador y Raúl. La denuncia de esta madre apunta al gobierno de Guerrero, a quien considera también culpable de seguir a sus otros hijos con la intención de «levantarlos», sin que esto ocurriera gracias a que se dieron cuenta a tiempo y pudieron escapar. De ahí que surgiera la idea de tener un plan de acción para la familia.

Foto: EL DEBATE.

En esta segunda ocasión en la que su corazón se desplomó de nuevo, María regresaba a su casa de la Ciudad de México, adonde había ido para saber avances de la investigación. Al llegar, la cara de sus nueras se los dijeron todo: «Pensé que ellas ya habían recibido una noticia de mis hijos porque las vi demacradas y llorosas. En cuanto me vieron, empezaron a llorar. “¿Qué pasa?”, les decía, y me dicen “es que Gustavo y Luis no han llegado”. “Pero ¿de dónde? Si les dije que no salieran”», expresó.

Al ya no tener comunicación con ellos, todo indicó que habían sido desaparecidos: «En ese momento me derrumbé. Yo lo único que le pedía a Dios era que me quitara la vida, que yo ya no quería vivir sin mis hijos. Me tiré a la cama, me negué a comer, a tomar agua, ya no quería saber nada», contó María con una enorme tristeza.

Dice que encontró de nuevo la fuerza al ver los rostros de sus nietos y de sus otros cuatro hijos que le quedaban, y volvió a retomar el camino de la búsqueda.

«Todos estos años el gobierno ha sido sordo, ciego, inepto. No fue hasta que surgió lo del poeta Javier Sicilia que nos abrazaron en el movimiento, y, a partir de ahí, pues nuestra situación cambió un poco, porque hasta la fecha no hemos tenido ninguna respuesta», expone.

En el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad fue nombrada como representante de víctimas a nivel nacional, de ahí tuvo la oportunidad de encontrarse cara a cara con el entonces presidente Felipe Calderón: «Ahí pensé que ya iban a funcionar las cosas porque estaba con el primer mandatario, pero todo ha sido una fábula. Me escuchó, pero nada me resolvió, y todo mundo me ha escuchado, pero nadie me ha resuelto», dijo.

Los pocos avances que ha logrado en su investigación personal —dice María— se deben «a la unión de la sociedad, a los medios de comunicación, porque la realidad es que estas desapariciones suceden por la falta de gobernabilidad, por la corrupción del Estado, por la impunidad que existe en todo el país».

«A Juan Carlos [hijo de María] le dijeron que ya sabían lo que estábamos haciendo, en lo que andábamos y que le parara. Después por teléfono había amenazas y cosas así. En Veracruz incluso, cuando fue a buscar a mis hijos, también igual lo iban siguiendo, y él por salvarse la vida se salió de la carretera, se rodó, y estas personas pensaron que se había matado», contó María.

Con el paso del tiempo se han convencido de que están en contra de su familia por llevar a cabo la búsqueda, afirmó: «Sabemos que es el Estado, que es el gobierno, la misma gente de ellos, porque bien saben lo que estamos haciendo, y hemos metido quejas y todo, y no funciona nada», mencionó, pues en 2013 hubo un intento de secuestro de otro de sus hijos, que afortunadamente no se logró, señaló.

Paz y perdón, expectativas

En el 2012, María tuvo un encuentro con los candidatos a la Presidencia de ese momento como representante de víctimas, encuentro en el que solicitó que quien fuera el que ganara continuara con la investigación y diera resultados: «Desafortunadamente ganó Peña Nieto, y él, en enero del 2013, nos mandó a llamar para decirnos que todo lo que había quedado pendiente se le iba a dar continuidad. Nos habló muy bonito, pero todos sabemos que no fue así», destacó la activista.

María expone que fueron seis años sin ningún avance. Este año 2018, la historia de acercamiento se repitió con los candidatos. Hubo el primer acercamiento con la nominada del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, como secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en donde se hizo una promesa.

«A partir de ahí, nosotros les dijimos que íbamos a hacer todo lo posible por que hubiera un cambio, y lo hicimos. No se imagina el esfuerzo, precisamente por los enlaces nacionales que tenemos en todo el país. Echamos todos los kilos, toda la carne al asador, para que esto sucediera y para que ganara Andrés Manuel», afirmó María.

Pasado el primero de julio, donde el resultado a favor fue para López Obrador, María comenta que pidió una audiencia con Sánchez Cordero, la cual se llevó a cabo. En este caso tiene esperanzas, pues dice que existe la disposición de realizar una investigación: «Yo le decía a Olga que hay que tomar en cuenta que la gente estamos con el ojo puesto, y vemos que traen gente corrupta entre su equipo, pero que esperamos que el cambio se dé rotundo», platicó.

Respecto a los foros ideados por el próximo gobierno federal, en donde han reiterado que las víctimas son y estarán siempre al centro, para María no han sido suficientes ni adecuados, a los cuales les ha faltado mucho, pues la organización ha sido pésima: «No se vale que cuando estuvimos con Andrés Manuel y que hicimos el convenio en cierta forma se dijo que el foro incluso se llamaría “La voz de las víctimas”, cuando desde ahí a las víctimas no se nos permitió hablar. Fuimos como espectadores, y desde ahí sentí como que algo no iba bien», dijo.

Sin embargo, María está convencida de que Olga Sánchez cumplirá los compromisos, pues dice que la ha visto receptiva y con ganas de que las cosas se solucionen.

Con Alfonso Durazo, próximo secretario de Seguridad Pública, el encuentro fue en el foro de Morelia. Ahí se le dijo que al final del evento habría la aplicación de un cuestionario a las víctimas: «Creo que desde ahí ya vamos muy mal porque para esto tendrían que escuchar de viva voz, la voz de las víctimas, y nosotros quedamos inconformes».

Si el gobierno de López Obrador da avances, que las desapariciones dejan de realizarse y que habrá castigo para los delincuentes, entonces se podría hablar de un perdón, aseveró María.

Para esta madre, el camino para encontrar a sus hijos ha sido la peor vivencia que ha tenido, es la representación de un dolor inmenso, la voz de los que no están.

«Esta situación que se vive, si estas personas, yo sí quiero que me escuchen, todas esas personas que se han dedicado a hacernos esto para que vean que no solo es la persona que se llevan, destruyen todo un núcleo familiar y que vean el dolor, el sufrimiento que van dejando. Preguntarles si eso les gustaría para sus hijos, si esta situación sería justa que la viviera su madre».

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