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Tamaulipas: durmiendo con el enemigo

CAOS

El aire se ha tornado irrespirable en el Palacio de Gobierno de Tamaulipas, en Ciudad Victoria. El jefe de escoltas del gobernador Egidio Torre Cantú ha sido señalado como autor intelectual del asesinato del jefe de inteligencia en el estado, y un funcionario de la Secretaría de Finanzas se suicidó en el interior de dicho edificio. El gobierno del estado duerme con el enemigo.

El 13 de mayo, al presentar la nueva estrategia de seguridad para Tamaulipas, el secretario de Gobernación habló de descomposición al interior de las organizaciones delincuenciales. Lo que está a la vista, sin embargo, es la descomposición del propio gobierno del estado y de numerosos ayuntamientos. En Tamaulipas mandan los mafiosos: ¿quiénes los protegen, cuántos funcionarios y cuáles dizque empresarios son sus cómplices? Si el costo de delinquir es nulo se sigue prohijando la impunidad. ¿Con quién cuenta el gobierno federal para instrumentar y hacer eficaz su nueva estrategia de seguridad para Tamaulipas?

Los ciudadanos que no están involucrados con la delincuencia, que son la inmensa mayoría de los tamaulipecos, reciben la nueva estrategia con un profundo escepticismo.

El gobernador ha sido más una parte del problema que de la solución. Lleva 40 meses rebasado, simulando que gobierna. Paradójicamente, el centro lo rescata sin condiciones y asume la responsabilidad de la seguridad pública. Que le pidan cuentas a Osorio Chong, dirán con cinismo algunos en Ciudad Victoria.

Tamaulipas es crucial en la reforma energética, por los hallazgos de crudo en aguas profundas del Golfo de México, por el gas de la Cuenca de Burgos y por el potencial de explotaciones de petróleo y gas shale. Muchos tamaulipecos ruegan al cielo que al menos por esta razón mejore la seguridad pública.

Para cerrar la pinza, el gobierno mexicano deberá pedir a Estados Unidos que retire visas y congele cuentas a criminales.

La purga policiaca y el operativo militar bajo tutela federal son indispensables, pero ¿qué pasará cuando los federales se vayan? Dos textos recientes nos dan pistas útiles.

El Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México (Instituto Federal Electoral, abril 2014) apunta al imperativo de mejorar las prácticas, sentimientos y valores de las personas, que se traducen en conductas sociales específicas. La marcha por la paz del 11 de mayo en Tampico es un brote esperanzador: los tamaulipecos no quieren dormir con el enemigo, y para ello es preciso erradicar tanto la cultura de la violencia como la tolerancia a la corrupción.

A su vez, el libro "La construcción de comunidades resistentes en México: respuestas cívicas al crimen y a la violencia (http://wilsoncenter.org/publication/resilient-communities-mexico-2014)" plantea un nuevo pacto social para la seguridad pública con base en la cooperación entre gobierno, sector privado y organismos de la sociedad civil. El primero no puede abdicar de su responsabilidad de proteger a los ciudadanos, y en dicha tarea ha de aprovechar con inteligencia la información, el conocimiento del terreno y de las personas con que cuentan los liderazgos locales legítimos.

Urge abrir cauces para transformar el miedo y la desesperanza en formas de participación. El estado está en una situación límite, que ya no aguanta una salida burocrática. La estrategia será exitosa cuando los tamaulipecos puedan caminar por sus calles y transitar por sus carreteras tranquilamente, cuando cesen el secuestro y la extorsión, cuando cuenten con ministerios públicos, policías y jueces confiables. Tamaulipas tiene capacidad de recuperación, pero le espera un largo y sinuoso camino para construir y fortalecer instituciones que sirvan a la sociedad. No hay de otra.