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La Fosa de Agua: última morada de niñas desaparecidas y asesinadas

La violencia contra las mujeres se ha incrementado cada vez más con terribles asesinatos y desapariciones en todo el país. La periodista Lydiette Carrión expone la situación de feminicidios en serie que han venido ocurriendo en el Estado de México

Por  David Ortega

Lydiette Carrión(Foto: Missael Valtierra / Agencia Cuarto Oscuro)

Lydiette Carrión | Foto: Missael Valtierra / Agencia Cuarto Oscuro

Ciudad de México. Familias destruidas por la ausencia de sus hijas desaparecidas, violadas, golpeadas, martirizadas o encontradas sin vida, tiradas en un río del Estado de México, todas ellas siendo apenas unas niñas de entre 13 y 19 años.

Estas historias las expone Lydiette Carrión, autora del libro La fosa de agua, quien platicó en exclusiva para EL DEBATE sobre el grave tema de los feminicidios. 

Lydiette Carrión es una periodista de investigación que documentó durante seis años historias de violencia de género, desapariciones y feminicidios para El Universal Gráfico, dando como resultado este libro, ya que, como reportera, pudo conocer sobre los hallazgos de algunos cuerpos de jóvenes mujeres en el río de los Remedios, ubicado en el Estado de México, en el municipio de Ecatepec y Tecámac, conurbación al oriente de la CDMX.

Foto: Agencia Cuartoscuro/ Missael Valtierra

Es un río de aguas negras. Alguna vez fue un río vivo. Tiene muchas décadas que es de aguas negras. Le doy el título porque varios de los cuerpos fueron hallados ahí

Esto porque la violencia de género y los feminicidios se han convertido en un grave problema de violencia en México, sobre todo por la marcada diferencia de las formas en que se asesina a mujeres y a hombres, siempre siendo las más crueles en el sexo femenino: «Las mujeres que pueden tener algún vínculo con el crimen organizado no son asesinadas igual que como matan a un varón. A los hombres por lo general se les mata con arma de fuego, a las mujeres se les crema, se les asfixia, se les mutila; o sea, es muy distinta la manera», mencionó la autora, de acuerdo con sus investigaciones y sus entrevistas realizadas para este trabajo.

La fosa de agua cuenta seis historias de niñas, adolescentes desaparecidas y tres historias más que se entrecruzan, pero que no se desarrollan por completo en el texto a petición de las mismas familias de las víctimas para que no se publicaran.

En todos los casos, aunque yo no puedo afirmarlo, se presume el crimen organizado, y varios casos hay indicios que los vinculan entre sí: llamadas telefónicas, la manera como fueron dispuestos los cuerpos

Víctimas perdidas en un laberinto 

La vida de estos padres de familia que enfrentan la desesperación de no saber el paradero de sus hijas cambia radicalmente en minutos, pues de un momento a otro se convierten en investigadores, peritos, policías.

Si los familiares no persiguen, buscan respuestas. Las autoridades no van a buscar a nadie

En México hay miles de personas desaparecidas, hombres y mujeres, casos en los que por desgracia en todo el país no obtienen la debida actuación de las autoridades para resolver y hallar a cada una de ellas.

Una mezcla de negligencia junto a la estructura de la procuración de justicia y el proceso de investigación que, de acuerdo con Lydiette, es totalmente burocrática y laberíntica: «Cambian de MP cada tres meses, cada seis meses, entonces hay que iniciar todo de nuevo; se pasan los casos de una dependencia a la otra, entonces eso vuelve todo como de manera muy ineficaz, pero además también está que sobre todo en los niveles más bajos generalmente sí hay colusión por parte de autoridades», indicó.

Para Lydiette, este libro es parte de un compromiso personal como periodista de denunciar el viacrucis que enfrenta una familia que ha sido sacudida con la desaparición forzada de uno de sus miembros, jovencitas que tenían sueños, aspiraciones, ilusiones que no se cumplieron, dolor que se incrementa con la falta de apoyo por quienes deberían dar respuestas como autoridades.

Sin duda, un texto que también para la autora significó un fuerte desgaste emocional por la crudeza de la información.

Toda la parte de los periciales, de la necropsia y la manera en que fueron hallados los cuerpos, eso para mí fue lo más fuerte

Marginación e impunidad 

¿Qué les hicieron?, es la pregunta que le queda a Lydiette Carrión sobre su propio trabajo, pues si bien hay casos de cuerpos de jovencitas hallados, hay otros en los que aún no se sabe nada de su paradero.

En La fosa de agua, las historias que han surgido a raíz de estos crímenes tienen el factor común de vivir cerca de este río de aguas negras, familias que por necesidad deben vivir en esta zona marcada por la alta marginación, sobrepoblación y altos niveles de impunidad, aunado a las condiciones geográficas que vuelve complicado dar seguimiento a la búsqueda.

El río de los Remedios siempre ha sido tiradero de cadáveres 

De acuerdo con la autora, en este tipo de desapariciones en varias ocasiones se les echa la culpa a las madres de familia, «es que porque no estaban pendientes de sus hijos», comentó, pero para Carrión resulta imposible que los padres estén 24 horas al pendiente de los hijos:

«En el texto se regisran casos donde la jovencita salió a las fotocopias o iba corriendo a su casa por un monedero y ya no la volvieron a ver, entonces sí debe hablarse de estar al pendiente de los hijos, pero no resuelve el problema, el problema tiene que ver también con una pedagogía de la crueldad y también con una impunidad cultural; o sea, es un acto que puedes hacer y hay una mínima probabilidad de que te detengan, se termina expandiendo», destacó.

De acuerdo con la consulta que Lydiette realizó con un criminólogo para este libro, no se necesita ser un enfermo mental para realizar estas atrocidades, solo se requiere una escuela y un grado de impunidad:

Así fue como se construyeron por ejemplo las bandas de secuestradores en México que son particularmente violentas, porque finalmente es difícil de que te agarren, deja mucho dinero 

Carrión destacó también que estos feminicidios se dan en un México con niveles de alta violencia, con un conflicto armado y por lo cual varias investigadoras señalan que esto hace que el cuerpo de una mujer sea aún más susceptible de ser agredido de esta manera:

«Explica una antropóloga (Rita Laura Segato) que en estos contextos de mucha violencia de las bandas criminales de alguna manera el cuerpo de la mujer se convierte en una especie de lugar en que pueden dar como mensajes, es un espacio donde se crean alianzas. Por ejemplo, si una banda de jóvenes viola en grupo a una mujer, de alguna manera tiene que ver más con reivindicar los lazos entre ellos que la anatomía de la mujer; o en el caso de las bandas rivales, también violentar a las mujeres es de hacerse de propiedad del territorio. Si violas a la mujer de la banda rival, es una manera de “orinar” su territorio», expuso. 

Sin oportunidades 

Otro factor importante son las condiciones de miseria que existen en todo el país, como lo relata en su libro en la zona de Tecámac, que es un lugar sin áreas verdes, sin escuelas de calidad, con un servicio de transporte muy deficiente, con problemas de seguridad ya instalados, con una pésima calidad de vida:

Es un medio de cultivo perfecto, porque no hay tejido social 

De ahí que los victimarios también sean víctimas, que si bien no los exime de sus actos, son muestra de historias de vidas abominables también, muestra de las pocas oportunidades para los jóvenes, agregó.

De ahí que la autora vea con buenos ojos los Foros de Pacificación impulsados por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, pues para ella son una oportunidad de comenzar a sanear el país, con lo que se puede hablar de amnistía, de inserción y regeneración social:

Esto no se va a resolver con más policía o con más ejército, necesariamente hay que reconstruir el tejido social