Ahora puedes personalizar la edición que más se ajusta a tus preferencias.

Nuevo
México

El sufrimiento de una madre y sus hijos desaparecidos

¿Dónde están Jesús Salvador, Raúl, Gustavo y Luis Armando, hijos de María? 

Por: David Ortega

María Herrera(Foto: EFE)

María Herrera | Foto: EFE

Ciudad de México. En diez años, María Herrera ha muerto en vida dos veces. En 2008 vivió la desaparición forzada de dos de sus hijos en medio de la llamada «guerra contra el narco» en Guerrero. Dos años después, mientras seguía con su incesante búsqueda, dos hijos más fueron desaparecidos en Veracruz. 

Leer también: Buscan a madre e hija desaparecidas en Chihuahua

De ser una comerciante de ropa en un tianguis de su natal Pajacuarán, Michoacán, María se ha convertido en activista por la búsqueda de sus cuatro hijos y de miles más en la misma situación. Una madre que ahora sabe que sus hijos no regresaron a casa por el impune actuar del crimen organizado y su complicidad con las autoridades, señala en entrevista con EL DEBATE, desde la Ciudad de México.

Foto: Cortesía

Ni el encuentro que sostuvo con el presidente Felipe Calderón ni con el entonces candidato a la Presidencia Enrique Peña Nieto permitieron que los cuatro hijos desaparecidos de María Herrera regresaran a casa.

Ahora, una tercera esperanza de aliviar el dolor se ha vuelto a encender con la próxima llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México con su promesa de pacificación y reconciliación del país y la polémica amnistía. 

Leer también: Ayuda a Dana Paola Piña a volver con su familia

Diez años en la vida de esta madre han transcurrido en la incertidumbre: frustración, sacando fuerzas como ha podido, apoyada en su fe de que Dios unirá finalmente los cuatro pedazos de su corazón que le fueron arrebatados. 

María está completamente desgastada, cansada, endeudada; con una visible tristeza en sus ojos, en cada palabra, en todo su semblante, pero así es como ahora sobrevive.

Un camino largo y agotador, lleno de conferencias, encuentros, debates, reuniones o visitas a cualquier lugar donde pueda conseguir un dato, un nombre, un rastro de donde puedan estar Jesús Salvador, Raúl, Gustavo y Luis Armando, hijos de María. 

El 28 de agosto del 2008 comenzó la agonía de la ahora activista: Jesús Salvador y Raúl, de 24 y 19 años edad, respectivamente, iban de regreso a casa, de Oaxaca a Pajacuarán, Michoacán.

Ellos se dedicaban a la compraventa de oro y habían expandido su negocio a varios puntos del país, narra María. Eran muchachos honrados y sin nexos con ningún tipo de cártel o negocios turbios, recalca. Jesús Salvador, su hermano Raúl y cinco compañeros de trabajo que viajaban con ellos jamás llegaron a casa. Tenían previsto llegar con su madre a las 06:00 horas.

María estaba de pie desde las cinco, preparándose y esperando a sus hijos para que, como era costumbre, le ayudaran a armar el puesto del tianguis. Sin embargo, la espera se prolongó hasta la actualidad:

Me empecé a angustiar porque, de hecho, ya había algo en mi corazón que me decía que algo andaba mal porque no había podido dormir, porque me sentía inquieta 

Ese 28 de agosto, los jóvenes decidieron hacer parada en Atoyac de Álvarez, Guerrero, para descansar y continuar el viaje. Pero antes asistieron a un bar. Otro de los hijos de María, Rafael, se los encontró ahí:

Creo que son designios de Dios porque, si no, jamás nos hubiésemos dado cuenta dónde habrían desaparecido o qué habría pasado con ellos

Rafael le contó a su madre que esa noche en el bar vio un carro rojo rondar el lugar, fijándose en la gente que estaba al interior del sitio, pero no le dio tanta importancia. «Ya traían la intención de “levantarlos”», piensa ella. Rafael se retiró del lugar sin saber que sería la última vez que vería a sus hermanos. El 29 de agosto comenzó su búsqueda. 

Se corta la llamada y marca al celular de Raúl, pero le contesta Salvador. Quiere decir que estas personas ya los llevaban y ya les habían quitado sus teléfonos

Sin embargo, gracias a que uno de los celulares que traían lo compró uno de los hijos a un conocido, pudieron rastrear el teléfono y obtener la sábana de llamadas.

Narra que entonces vieron que estaba en una casa, en un domicilio, porque de ahí salía la llamada, y lo que hicieron fue irse directamente al lugar, que era una casa de un familiar de una persona identificada como líder criminal en Guerrero. 

La violencia en Guerrero 

El contexto violento del estado muestra que ese 29 de agosto del 2008 amaneció con una noticia:

Comando armado asesina a dos mujeres, dos niñas y tres policías en Guerrero 

La nota, publicada por el periódico La Jornada, informaba que la casa de Rubén Granados, conocido como el Nene, militante del PRI, había sido baleada durante media hora y que, de acuerdo con fuentes extraoficiales, era adversario político de Rogaciano Alba Álvarez, exalcalde priista de Petatlán.

Las personas fallecidas resultaron ser la esposa, la cuñada y las hijas de Rubén Granados.

En el contexto, previo a este hecho, el 3 y 4 de mayo de ese año (2008), en Iguala y Petatlán 17 personas fueron asesinadas, la mayoría miembros de la Asociación Ganadera del Estado de Guerrero, en ese entonces presidida por Alba Álvarez. Dos hijos de este murieron en esos hechos, y una de sus hijas fue secuestrada, y hasta ese momento se desconocía el paradero. 

A diez años de estos hechos, María Herrera culpa de la desaparición de sus dos hijos al gobierno y considera que los anteriores hechos pudieron estar relacionados con la desaparición de sus hijos.

Ella señala que, al comenzar a caminar en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad —movimiento de la sociedad civil en México creado como repudio a la violencia que existía como consecuencia de la guerra contra el narcotráfico—, descubrió algunas participaciones en los hechos.

Decían que la cosa por ahí estaba muy caliente porque este señor, pues a lo mejor lo que andaba buscando era a quien había cometido la masacre de su familiar, pero lamentablemente, cuando empezamos a caminar en el Movimiento por la Paz y vemos el contexto del país, descartamos las dos líneas que teníamos: robo o riña

Esta madre indicó que miembros del Gobierno del Estado participaron en la desaparición forzada de sus hijos. 

De acuerdo con María, las investigaciones fueron simuladas, pues se les hizo creer que utilizarían perros rastreadores para buscar a sus hijos y helicópteros, lo cual —denuncia— nunca se hizo; aunado a que se le entregó a la Policía de Investigación la información sobre la ubicación de la casa donde se encontraba saliendo la señal del celular de su hijo y la sábana de llamadas. 

Al poco tiempo —indica a este medio—, el gobierno dejó de responder las llamadas y empezó a evadirla. 

La búsqueda de paz 

Precisamente el 29 de agosto de ese año, día de la desaparición de los dos hijos de María Herrera, El Universal publicó que, por tercera vez en once años, la sociedad saldría a las calles para gritar ¡basta! a la delincuencia, «demanda que parece no haber rendido frutos ante la escalada de inseguridad registrada en los últimos meses», de acuerdo con el diario. Informaba que, el sábado 29 de noviembre de 1997, los grupos empresariales, los organismos civiles y las asociaciones vecinales habían organizado la primera marcha nacional de protesta contra la ola de inseguridad que se vivía en el país. 

Ese día, que marcó la vida de María para siempre, el ámbito político, en el cual ahora ella mantiene una esperanza, se expresaba también:

«Si queremos que haya paz en el país, lo que tiene que haber son mejores condiciones de vida, mayores oportunidades de empleo y espacios educativos para los jóvenes»

Advertía Andrés Manuel López Obrador en una nota publicada por La Jornada, donde se criticaba la política de combate al crimen organizado emprendida por el entonces presidente Felipe Calderón.

En esta nota:
  • Desaparición forzada
  • México
  • María Herrera
  • Hijos desaparecidos
  • Violencia
  • Guerra contra el narco