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Migración

"Nos gritan: lárgate a tu país", acusan migrantes en México

Los migrantes tratan de escapar de la violencia y buscar una mejor condición de vida, pero señalan que los mexicanos les dicen que se regresen a su país

Por Agencia Reforma

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Ciudad de México.- Eran cuatro, tres hondureños, dos mujeres y un hombre, y otro haitiano con una nena en los brazos, que apenas se conocían, entre los autos de Viaducto, pidiendo dinero a los conductores, esperando sus visas temporales. 

"A veces nos dan, a veces nos dicen negra hondureña lárgate a tu país", dijo Pamela, una joven de 26 años, delgada, de rastas y sudadera negra, quien lleva un mes en la capital esperando una llamada de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

A Mayra, de 28 años, en cambio, la Comar le entregó el jueves un oficio para ir hasta Toluca, Estado de México, a preguntar por su visa. Si la consigue, seguirá hacia Estados Unidos, sin regresar jamás a La Ceiba, al norte de Honduras, el segundo país más pobre de Latinoamerica, después de Haití. 

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"¿A qué? Allá, mataron a mi mamá, mataron a mi papá, yo realmente no tengo ya nada que hacer en La Ceiba", expresó, columpiando sobre la barda de los carriles centrales sus chancletas con que iba a la playa. Eso es lo que extraña: "Ir a la playa, el calorcito del clima, platicar con la vecina". 

El haitiano se fue hacia Avenida Cuauhtémoc buscando sombra para la niña que colgaba en su cintura. Muy adentro en el tráfico, el otro hondureño sorteaba los autos con un bote en la mano y señalándose con la otra mano la boca. A esa altura ya los autos pasaban veloces, pero daba lo mismo. Más atrás tampoco cooperaban nada. 

Mayra tenía una fonda en La Ceiba, hasta que la extorsionaron para que pagara 350 lempiras semanales. Pamela barría las calles de Trujillo y vivía medio feliz con su pareja, pero los hombres que se querían acostar con ella la amenazaron. 

"Yo creo que en Estados Unidos no te persiguen por ser lesbiana", dijo. 

Como otros migrantes, salieron hace tres y cuatro meses de sus países, perdieron a sus amigos en el trayecto a Tapachula, Chiapas, esperaron otro mes ahí y la Comar, que entre enero y octubre recibió 108 mil 195 peticiones de asilo, nunca les dio cita. 

Salieron en caravana y se fueron dispersando para evadir la persecución de la Guardia Nacional. Dispersos entraron a la Ciudad de México. 

Pamela renta un cuarto por 420 pesos en Buenavista. Mayra paga 120 diarios en una casa refugio de Lechería; puede retrasarse tres días, al siguiente tendría que irse. 

"Yo pensé que sería más fácil llegar a Estados Unidos, porque mucha gente se iba", aseveró.

 Así van pidiendo dinero. A veces en Tacuba, otras en Ermita. Ahora estaban casi juntas, sin hablarse ni conocerse. 

"La gente me insulta, pero yo pongo mi mente en Dios y en que debo de cruzar a Estados Unidos", dijo Mayra.

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