Las imágenes que tomó el Opportunity en su misión a Marte

La NASA informó que el  Opportunity estuvo 14 años captando imágenes de la superficie marciana

Por  New York Times

En una imagen proporcionada por la NASA, la imagen panorámica del Opportunity rover con vista al Valle de la Perseverancia

En una imagen proporcionada por la NASA, la imagen panorámica del Opportunity rover con vista al Valle de la Perseverancia

Durante los catorce años en los que se trasladó por Marte, el robot explorador Opportunity de la NASA —cuya misión concluyó el 13 de febrero— tomó más de 21.000 fotografías (su robot gemelo, Spirit, captó más de 125.000 en el otro lado del planeta). Varias muestran panoramas de 360 grados del paisaje rojizo; otras son acercamientos microscópicos de rocas. Gracias a las imágenes, los científicos de la misión pudieron descifrar algo de la historia geológica de Marte.

“Spirit y Opportunity eran geólogos de campo robóticos”, dijo Steven Squyres, el principal investigador de la misión, en una conferencia de la NASA. “Un geólogo es como el detective en una escena del crimen. Algo pasó aquí en Marte hace miles de millones de años. ¿Qué sucedió? ¿Cómo era la situación en ese entonces? Debes buscar pistas y las pistas están en las rocas”.

Opportunity fue enviado a la llanura Meridiani Planum, al sur del ecuador marciano.

Cuando llegaron las primeras imágenes, los científicos se sorprendieron: el robot, envuelto en una crisálida de bolsas protectoras de aire, había caído en uno de los pocos cráteres de la llanura, de casualidad, en una suerte de hoyo en uno interplanetario.

Imágenes proporcionadas por la NASA, escenas del largo viaje de Opportunity en Marte.

A lo largo de ese cráter había lechos de roca listos para ser examinados, en el intento de los científicos de encontrar la historia natural detrás de la formación de esta zona de Marte. En un inicio las rocas fueron apodadas el Gran Muro, pero lo cambiaron cuando se dieron cuenta de que la altura lucía mayor debido a la perspectiva del robot. El cráter en realidad era muy pequeño —unos 21 metros de diámetro— y las rocas expuestas tenían la misma altura que una acera.

El llano de Meridiani Planum fue elegido para el estudio por dos razones principales. Para los ingenieros representaba un sitio más fácil y seguro para aterrizar porque es plano. A los científicos lo que los atrajo fue que el orbitador de Mars Odyssey había detectado rastros curiosos de un mineral de óxido de hierro conocido como hematita gris. En la Tierra, la hematita suele formarse cuando hay presencia de agua líquida (también es posible que surja de la lava, sin que haya agua).

En una foto de NASA / GSFC, la Aurora australis capturada por la nave espacial IMAGE de la NASA. Las auroras de nuestro planeta no se reflejan entre sí, y sus diversas formas resultan de la interacción del sol y los campos magnéticos de la Tierra.

“Los datos desde la órbita nos mostraron que iba a estar ahí”, dijo Raymond Arvidson, el subinvestigador jefe. “Pero no exactamente dónde”.

En la superficie, Opportunity encontró muchas esferas pequeñas, que los científicos apodaron Moras Azules, hechas de hematita formada por el flujo de agua acídica en los sedimentos.

“De la misma manera en la que se hace la perla en una ostra”, explicó Squyres en entrevista.

A medida que la roca que las rodea se fue erosionando, las Moras Azules llegaron a la superficie.

Al quedar claro que Opportunity iba a aguantar mucho más que los noventa días pronosticados inicialmente, los científicos decidieron moverlo a otros cráteres con más lechos de roca.

En una imagen proporcionada por la NASA, un grupo de esferas apodadas arándanos incrustados en la roca en Eagle Crater, donde Opportunity aterrizó en Marte.

Los años de exploración sí resultaron en mucho detalle para la historia de la formación de Meridiani Planum, pero Squyres dijo que “casi toda esa historia se consiguió en las primeras seis semanas”. Por lo que, después de terminar su revisión del cráter Victoria, de unos 800 metros de diámetro, debatieron a dónde mover el robot.

El equipo de la misión decidió conducir a Opportunity hacia un cráter más amplio, con un diámetro de 22 kilómetros, llamado Endeavour; este parecía contener rocas más viejas.

Llegar ahí demoró tres años y Opportunity se topó con el cráter en 2012. El robot tuvo que moverse por una ruta algo más elaborada para evitar áreas ondeadas y donde la arena más blanda se habría tragado al rover o explorador. (En el 2005, Opportunity se atoró en una de las ondas y estuvo ahí varias semanas. Logró escapar al ir en reversa muy lenta y cuidadosamente).

Al llegar a Endeavour, el robot sí se topó con rocas de diferente composición. “Todo cambió de inmediato”, dijo Squyres.

En esta imagen proporcionada por la NASA, un acantilado de rocas en capas en Marte, que forma parte de un promontorio llamado Cabo Verde, se encontraba a unos 165 pies de distancia del Oportunit y rover y tiene unos 20 pies de altura.

En un sitio llamado colina Matijevic —en honor al ingeniero del robot explorador, Jacob Matijevic, quien falleció en 2012—, los científicos encontraron rocas de mayor antigüedad que el cráter; habían llegado a la superficie después de varios años. En esas rocas Opportunity detectó minerales de arcilla, que se habrían formado en agua con un pH neutro, indicativo de un ambiente que pudo haber sido habitable para la vida.

En uno de los misterios más curiosos que hubo durante la misión de Opportunity, los observadores de Marte quedaron perplejos en enero de 2014 al avistar un objeto que parecía ser una dona de jalea. Esa roca, de unos 3 centímetros de largo, no había estado en el mismo sitio cuando el robot fotografió el área dos semanas antes.

Una imagen subsecuente mostró una roca más grande muy similar: de superficie blanquecina y cuyo centro lucía de un color rojizo oscuro. El pedazo de la “dona” se había soltado y caído cuando el robot pasó por encima.

La parte interior rojiza tenía óxido de manganeso, poco frecuente en Marte, y la parte más brillante consistía de sulfatos.

Antes de que se perdiera el contacto con Opportunity a mediados de 2018, después de una tormenta de polvo en Marte, el robot iba camino abajo del valle de la Perseverancia del cráter Endeavour. Desde la órbita del planeta, el valle parecía ser un zanja formada por el flujo de agua hacia el cráter. Pero ya de cerca la imagen fue otra. Los patrones en las rocas sugerían que la erosión se debió al viento.

“Eso ni siquiera estaba en la lista” de hipótesis, dijo Squyres. “Desde la órbita alrededor uno podía jurar que sí era por agua líquida”.

Squyres de hecho no quedó completamente convencido: cree que la erosión podría haber sido tanto por viento como por agua. Si sí hubo agua, los sedimentos estarían al fondo de la zanja. Sin embargo, el robot dejó de funcionar antes de que los científicos pudieran determinarlo.

En esta imagen proporcionada por la NASA, un acantilado de rocas en capas en Marte, que forma parte de un promontorio llamado Cabo Verde, se encontraba a unos 165 pies de distancia del Oportunit y rover y tiene unos 20 pies de altura

El robot Spirit tocó tierra dentro del cráter Gusev, de unos 160 kilómetros en diámetro. Los hallazgos iniciales fueron considerablemente aburridos: donde sea que volteara el robot había basalto, roca volcánica. Pero a la distancia, a unos 2,5 kilómetros, se avistaban colinas más interesantes.

“Corrimos, dada la velocidad posible del explorador, tan rápido como pudimos”, dijo Squyres.

En el día 156 de la misión, que inicialmente iba a ser de noventa días, “todo cambió”, comentó el principal investigador de esta. Spirit encontró, en vez de roca volcánica, áreas que parecían haber sido antes manantiales termales o inclusive géiseres en los que la lava se topó con hielo y provocó diversas reacciones químicas.

“Marte en sus inicios era un sitio violento, con calor vaporoso”, dijo Squyres.

Los robots Spirit y Opportunity iban a costar 665 millones de dólares, aunque la cifra ascendió a 800 millones para cuando fueron lanzados al planeta rojo. En total, después de catorce años de la misión, el gasto para la NASA fue de 1200 millones de dólares; la diferencia de 400 millones fue para que los robots exploraran durante 1511 días marcianos en vez de noventa.

“Fue un muy buen rendimiento de la inversión”, dijo Arvidson, el subinvestigador jefe.

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