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Catástrofe humanitaria en el enclave sirio de Afrin

El ejército turco se apoderó estas últimas semanas del principal embalse de la región de Afrin, cortando el suministro de esta importante fuente de agua para la región. 
 
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Por: El Debate

Civiles sirios huyendo de Afrin después de que Turquía dijera que su ejército y rebeldes aliados rodearon la ciudad kurda en el norte de Siria, pasan por la aldea de Anab al noroeste de la ciudad, el 13 de marzo de 2018.(AFP)

Civiles sirios huyendo de Afrin después de que Turquía dijera que su ejército y rebeldes aliados rodearon la ciudad kurda en el norte de Siria, pasan por la aldea de Anab al noroeste de la ciudad, el 13 de marzo de 2018. | AFP

Afrin, Siria, 14 Mar 2018 (AFP) - "Nos cortaron el agua [...] vamos a morir de sed o a enfermar", lamenta Almas, quien se refugió en Afrin, enclave kurdo del norte de Siria atacado por las fuerzas turcas, que ahora intentan asfixiar su capital. 

Observadores y ONGs se declaran preocupados ante la eventualidad de un asedio o asalto a esta ciudad, de unos 350.000 habitantes, que carecen de agua y electricidad e invaden los mercados para abastecerse de pan, leche o latas de conserva.

El ejército turco se apoderó estas últimas semanas del principal embalse de la región de Afrin, cortando el suministro de esta importante fuente de agua para la región.

"Tenemos miedo de que las fuerzas turcas entren" en la ciudad de Afrin, afirma Almas, una joven de 23 años, originaria de Rajo, localidad ubicada en la frontera sirio-turca, y que ahora está en manos del ejército turco.

Miles de habitantes del enclave de Afrin debieron huir desde enero de sus ciudades y pueblos para refugiarse en la capital, hasta entonces relativamente a salvo de los ataques. 
Las familias recién llegadas comparten estrechas habitaciones, algunas se apilan en sótanos, jardines públicos o incluso en sus camiones o vehículos.

Sirios que huyen de las luchas entre las tropas turcas y la milicia kurda siria descansan en un campo entre Afrin y Azaz, al noroeste de Siria, el miércoles 14 de marzo de 2018.

"Falta comida, los vecinos nos dan de comer" cuenta Sultana, una mujer de 57 años que acaba de huir de la región de Rajo.

Añade, sin embargo: "No tenemos miedo, no abandonaremos Afrin y algún día volveremos a nuestras casas". 

Desde el inicio de la ofensiva turca, un único convoy de ayuda humanitaria ingresó en el enclave, transportando alimentos y material médico para 50.000 personas.

"La situación humanitaria es catastrófica pese a nuestros esfuerzos", admite la copresidenta del Consejo ejecutivo de Afrin, Heve Mustafa.

"Hay una gran carencia de personal médico, de medicamentos, de material. A veces, los heridos mueren debido a esas carencias", añade.

"La administración semiautónoma no tiene ni las capacidades ni la experiencia para afrontar semejante crisis", confiesa por su parte Rezan Hedo, un responsable de prensa en Afrin de la milicia kurda de las YPG, organización considerada como "terrorista" por Ankara.

En el plano militar, los combatientes kurdos exhiben gran tenacidad pero por primera vez se ven confrontados a una feroz ofensiva. Aunque han sido bien equipados por el ejército estadounidense para combatir a los yihadistas del grupo Estado islámico (EI) en Siria, no disponen de defensa antiaérea para hacer frente a la aviación turca. 

Así, han pedido ayuda al régimen sirio que ha desplegado un número limitado de combatientes en varios frentes, de los cuales al menos 70 murieron en la ofensiva turca. Tampoco disponen de sistemas de defensa antiaéerea.

En el campo de batalla "las YPG resistieron 50 días pero, al final, se trata de jóvenes que están cansados" confiesa Rezan Hedo.

"La relación de fuerzas es desigual: las fuerzas turcas tienen aviones, son mucho más numerosas que las YPG y están mejor armadas", añade.

Unos 1.700 combatientes árabes y kurdos, basados hasta ahora en el este de Siria, han sido enviados a principios de marzo a Afrin, para venir en ayuda de sus hermanos de combate. 
Pero pese a esos refuerzos el responsable en el seno de las YPG dice temer una "gran masacre" si las fuerzas turcas entran en la ciudad de Afrin.

"Carecemos de aliados estratégicos (...) La coalición internacional se ha servido de nosotros  como instrumento" para la lucha contra el EI. "Y ahora nos ha abandonado".