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Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte IV

A partir del día último de mes, el hotel dejará de funcionar, por lo que debemos “gestionar hospedaje en otro hotel”

Por  Arturo Lizárraga Hernández

Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte IV(Cortesía)

Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte IV | Cortesía

Perú.- Por supuesto que en mi no todo es optimismo. Si bien es cierto que me siento muy tranquilo y positivo, suceden cosas que no ayudan. Hace dos días, la administración del hotel nos hizo llegar un “Comunicado”; en síntesis muy apretada, que los servicios que pagamos se verían restringidos por seguridad de los trabajadores y de nosotros mismos. En consecuencia, los alimentos tendremos qué tomarlos en nuestras propias habitaciones (un trabajador nos los entregaría), que los empleados ya no realizarían las labores de limpieza (nosotros tendríamos que realizarla, para lo que nos dieron el material necesario), que para realizar compras en farmacias o material para higiene personal, podría salir solamente una persona por familia o por grupo. Mascarilla y guantes de por medio. Esas medidas son comprensibles dado el marco general de emergencia de tercer nivel a nivel nacional.

Pero otro punto del comunicado sí preocupa, aún hoy: a partir del día último de mes, el hotel dejará de funcionar, por lo que debemos “gestionar hospedaje en otro hotel”. Pensando que tal medida violenta los derechos humanos, escribí a mi embajada, obteniendo como respuesta que están haciendo sus mejores esfuerzos para que otros vuelos humanitarios sean autorizados. Yo confío; y mis compañeros de hotel? La verdad, a algunos ya los veo un tanto desanimados.

En un escrito anterior dije que, aunque mi boleto de retorno a México era para el 28 de marzo -fecha que está dentro del periodo de cerco fronterizo, amplié mi estancia hasta la noche del 1 de abril, inclusive. Pero, ¿y mis compatriotas mexicanas? Ellas, con la esperanza de retornar antes, pagan día a día su hospedaje. Y pienso: ¿qué pasaría si el cerco fronterizo se extendiera aun más? ¿Nos quedaremos en la calle si no encontramos hospedaje? Eso baja los ánimos.

Por otro lado, las noticias que llegan diario de la calle, igual, bajan los ánimos. Al día de hoy, van 580 contagiado y nueve  muertos por el coronavirus, uno de los cuales un mexicano que había estado en Cusco. Este mexicano buscaba trasladarse con el grupo de aquella ciudad y que ya repatriaron, pero a él le detectaron el virus. Murió a los pocos días.

Y en las calles, las cosas no ayudan. En los mercados públicos, la gente sigue concentrándose a pesar de las recomendaciones. Y sin las medidas profilácticas necesarias. Bueno, sin pretender justificar, resulta que la pobreza en Perú es alta, y ellos, los pobres, no tienen dinero “sobrante” para estar comprando mascarillas ni guantes protectores. Además, difícilmente ellos se pueden confinar: si no salen a trabajar o comprar lo más necesario, sencillamente o mueren por el virus o mueren por hambre. Así lo dicen ellos mismos.

Peor: esta tarde del 25 de marzo el presidente de Perú, después de informar que las medidas tomadas han sido positivas, pero que han tenido qué recluir a personas que no cumplen con las normas impuestas de confinarse. Informa también que habrán de reforzar medidas de seguridad “en ciertos sectores” (sic). Cuáles serán esos sectores? No son los de Barrancos ni Miraflores, por cierto, son aquellos de quienes no pueden confinarse en sus domicilios, pues si no los mata el virus, los mata el hambre. Si, yo estoy bien, realmente muy bien, pero…

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