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Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte VII

Mil gracias!! Muchísimas gracias, señor!, dije agradeciendo la noticia, pero también la gentileza de llamarme personalmente y no solo a través del frío email

Por  Arturo Lizárraga Hernández

Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte VII(Cortesía)

Crónica de un mexicano en Perú, bajo sombra del coronavirus. Parte VII | Cortesía

Lima, Perú.- El viernes 27, después de los “cinco minutos solidarios” de las ventanas del confinamiento,  por fin me llegó un mensaje a mi dirección electrónica: “Una vez que el gobierno peruano ha liberado los permisos para el vuelo humanitario, le informo que usted viajará en el primer vuelo del sábado 28 de marzo, por lo que, deberá trasladarse a la sede de la Embajada de México, ubicada en Avenida Jorge Basadre 710, San Isidro, a las 6:00 a.m.” Bravo! Por fin regresaría a mi país. Y justo el día que yo había programado para ello hace un mes y medio. Solo que en circunstancias totalmente diferentes

Ya no pude dormir. Dediqué mi tiempo a preparar mi maleta o, mejor dicho, mi mochila: la ropa que no había alcanzado a lavar, dentro de una bolsa de nylon; material de higiene personal, en otra. Puse un cambio completo de ropa limpia, sobre una silla para vestirla a la mañana siguiente, después del baño caliente.

Una vez que tuve tener todo listo y ordenado, recibí una llamada telefónica: era de la embajada  para confirmar el mensaje electrónico que yo ya había leído: debía presentarme el sábado a las seis de la mañana en la embajada, desde donde nos trasladarían, a todos los varados, al aeropuerto internacional para nuestra repatriación. Mil gracias!! Muchísimas gracias, señor!, dije agradeciendo la noticia, pero también la gentileza de llamarme personalmente y no solo a través del frío email, para hacerme las últimas recomendaciones: que considere que hay Estado de Sitio en Perú que, por lo tanto, podría sufrir la incomodidad de los retenes militares hasta que me identifique y justifique mi estar en la calle durante la madrugada, lo cual, en efecto, sucedió.

En la embajada, todo muy bien organizado: nos esperan con lista del padrón en mano, de acuerdo con el vuelo que habríamos de tomar. Solo nos piden mostremos el pasaporte para que se nos autorice subirnos a los autobuses  que nos conducirían, con bandera diplomática hasta el aeropuerto. En todas las calles  hay soldados y miembros de la marina armados cuidando que no se viole el Estado de Sitio. Ojalá, que en México todos los ciudadanos nos recluyamos en nuestros hogares voluntariamente antes de que desde el Estado nos obligue a ello. Susana Distancia, es lo correcto. El coronavirus es una realidad, grave y sin duda afectará a todas las ciudades del país.

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En el aeropuerto nos espera el avión –también con bandera diplomática-. Luego de cumplir con los requisitos exigidos por el departamento de migración de aquel país, abordamos. Todos los connacionales con guantes y mascarillas. No importan las incomodidades. Debemos extremar las precauciones. Allá vamos, México lindo y querido.

Por mi parte, llegando a Mazatlán, una vez cruzada la puerta de mi casa, me quitaré toda la ropa e inmediatamente la llevaré a la lavadora. Mucho jabón. Aunque tengo muchísimas ganas de ver y abrazar y besar a mi familia, no lo haré: cumpliré a la letra las indicaciones para la cuarentena general, pero también para la cuarentena individual. Por el bien mío, el de mi familia y el de todas y todos. Hogar, dulce hogar. Hoy, domingo, puede ser un gran día. Y mañana también.

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