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El hogar que regala futuro en la Argentina empobrecida

Fundación San José Providente, un hogar que regala futuro entre la marginalidad de la Argentina empobrecida

Por  EFE

El hogar que regala futuro entre la Argentina empobrecida.(EFE)

El hogar que regala futuro entre la Argentina empobrecida. | EFE

José C. Paz.- A solo 40 kilómetros de Buenos Aires, la ciudad de José C. Paz se ubica a la cola del progreso social en el populoso cinturón metropolitano. Delinquir y caer en la droga marca la vida de muchos de sus jóvenes, algo que una "gran casa de familia" busca, con tesón, extirpar para siempre.

La crisis económica que desde hace un año vive Argentina, marcada por la devaluación, la inflación, la caída del empleo y la subida de los niveles de pobreza, no está poniendo las cosas fáciles. Y muchas veces las penurias económicas no hacen sino desencadenar otros tantos males, como la violencia y la desesperanza.

"Los robos son muy constantes. Donde yo vivo le pusieron en zona roja, porque es muy peligroso. Es tener a los chicos todo el día encerrados. Todo el día a los tiros", cuenta a Efe María Cristina Córdoba, lavandera en la cocina del hogar de día de la Fundación San José Providente y madre de cinco hijos, dos de los cuales acuden al centro en la actualidad.

A diario, y en las horas en las que no están en la escuela, la casa abre sus puertas a más de 250 chicos y chicas de 3 años en adelante cuyas familias están teñidas de sinsabores como la droga y el maltrato, con el fin de evitar que la calle sea su destino, dándoles apoyo escolar, formándoles en un oficio u ofreciéndoles contención psicológica.

Apoyo escolar. EFE.

También algunas madres acuden como empleadas. Romina Nieves, encargada de lavar las ollas en las que se elabora la comida de los pequeños, recuerda cómo antes vendía rosquillas en la calle para salir adelante.

Ahora, tres de sus cuatro hijos, de 8, 9 y 12 años, acuden al centro, mientras que en casa queda su bebé de 11 meses.

"Es una ayuda para muchas mamás. Mis hijas no sufren las necesidades que tenían antes. Sé que hoy en día tienen todos los días para comer acá. Y el tema de la educación", subraya.

José C. Paz es uno de los 24 municipios que integran el conocido como conurbano bonaerense, el masificado y desigual cinturón de ciudades en torno a Buenos Aires, donde se aglutinan más de 10 millones de personas -la cuarta parte de todo el país-, sin contar los alrededor de 3 millones que viven en la capital.

Según revela el índice de progreso social -que mide las necesidades humanas básicas, el bienestar y las oportunidades de progreso en esa zona y es elaborado por instituciones públicas y privadas-, esta localidad de unos 200.000 habitante- es la que se coloca en el puesto más bajo del ránking.

La directora del Hogar San José, Graciela Beatriz Serrano, es rotunda: la crisis está haciendo mella.

"Estos son los niños que de alguna manera estarían en la calle. La calle tiene para ofrecer un montón de cosas negativas. El niño que está muy cerca de delinquir para poder tener dinero, abandonan el colegio... Entonces el hogar trata de ofrecerle ayuda a estas familias", señala.

Fundado por el padre Gustavo Manrique en 1989, en plena hiperinflación, el hogar San José Providente comenzó en una pequeña casita con dos habitaciones y ahora, tres décadas después, se ha consolidado como referente en un edificio con comedor, patios, aulas y salas con libros y computadoras.

Una niña abraza a su maestra en la Fundación San José Providente. EFE. 

Actividades recreativas y educativas, todas gratuitas, y ayudas para la alimentación y para tratamientos de salud resumen la labor de la fundación, sin que ello interfiera en los planes sociales ya desarrollados por el Gobierno.

"Organizamos y disciplinamos todo el día al niño con la condición de que cuando regrese a casa haya un adulto: la mamá, el papá o la abuela...", remarca Serrano.

Todo es gratis. Al ser una fundación privada, su mayor sustento económico llega de donaciones privadas -en descenso desde hace un lustro- y ferias de ropa y muebles usados también donados por particulares o incluso restaurados por los chicos del propio hogar. El Estado colabora con mercadería para la alimentación.

Pero si hay algo emblemático para el sustento de esta "gran casa de familia" -como la denominan sus mentores- es la marca de chocolate "Albricias", cuyo origen se remonta a cuando una señora donó una máquina para hacer huevos de pascua.

Ahora es una pequeña pero entrañable fábrica, ubicada en la planta alta y donde trabaja gente como Analía, otra de las madres.

"Mamás que no tienen ingresos en otra parte o no consiguen trabajo, acá es fundamental. Es un trabajo en toda regla y por suerte de gran ayuda", reconoce.

"No tenía trabajo, no tenía un lugar ni cómo darle de comer durante el día a los chicos", añade, mientras maniobra el chocolate que se convertirá en unos bombones que ya han hecho historia.

El año pasado fueron elegidos como uno de los exclusivos regalos que recibieron los líderes más destacados del mundo, durante la cumbre del G20 de Buenos Aires.

Sabrina, otra de las empleadas del obrador, recuerda aquello como algo "inexplicable e inigualable": "Quedaron encantados, les gustó. Se ve que lo hicimos bien".

En la segunda mitad de 2018, cuando ya se empezaban a notar los efectos de la devaluación y el aumento de precios, un 32 % de la población argentina era considerada pobre -8,92 millones de personas-, según las estadísticas oficiales. Y solo en el conurbano bonaerense, este mal alcanza a 4,35 millones.

"El dinero no alcanza. Nosotros trabajamos cuatro pero no alcanza. Un día es una cosa, otro día es otra cosa... y así", culmina rotunda María Cristina, quien a pesar de todo no apaga algo que no se compra ni con todo el oro del mundo: su sonrisa a la vida.