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El misterio de las grandes esferas prehispánicas de Costa Rica

CULTURA

SAN JOSÉ, Costa Rica, junio 30 (EL UNIVERSAL).- ¿Cómo fueron elaboradas para lograr una minuciosa perfección? ¿Por qué y para qué? ¿Qué representaron para las culturas que habitaron lo que hoy es el sur de territorio costarricense antes de la llegada de los españoles? Las preguntas abundan y persisten, sin que se llegue a una respuesta sólida sobre el misterio de las esferas precolombinas de Costa Rica.

Convertidas en otro "orgullo tico", fabricadas entre los años 400 o 500 y 1.500 después de Cristo y ubicadas en cuatro sitios arqueológicos en la zona de Diquís, en el sur de Costa Rica, las esferas fueron declaradas el pasado 23 de junio "Patrimonio Mundial" por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En su fallo, el organismo internacional recordó que su "fabricación, utilización y significación siguen constituyendo en gran parte un misterio hasta nuestros días".

En su argumentación, la UNESCO determinó que los cuatro sitios son "testimonios excepcionales de los complejos sistemas sociales, económicos y políticos imperantes en el periodo comprendido entre los años 500 y 1.500 de nuestra era. El sitio comprende túmulos, áreas pavimentadas, sepulturas y, en particular, toda una serie de esferas de piedra de 0,7 a 2,57 metros de diámetro".

"La notable peculiaridad de esas esferas estriba en la perfección de sus formas, así como en su número, tamaño y densidad, y también en el hecho de que se hallan en sus emplazamientos primigenios. La circunstancia de que estos vestigios permanecieran enterrados durante siglos bajo gruesas capas de sedimentos puede explicar que hayan logrado salir indemnes del saqueo de que ha sido víctima la gran mayoría de los sitios arqueológicos costarricenses", puntualizó.

Hipótesis

El historiador costarricense Manuel Araya, presidente de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica y ex—presidente de la Junta Administrativa del Museo Nacional, explicó en entrevista que "se tuvo la hipótesis de que un objeto de tanta perfección conceptual como es una esfera, síntesis de la forma, debía tener necesariamente un uso simbólico de poder religioso, conceptual, político y de prestigio".

En una excavación de arqueólogos del Museo en el delta del Diquís hace varios años, se descubrió una rampa ascendente de piedra, "al pie de la cual se encontraban, en cada vértice, una esfera de alrededor de un metro de diámetro. Este hallazgo confirmó la hipótesis del uso de las esferas como símbolo de poder y jerarquía social", añadió el historiador.

Pese a que, por su volumen, las esferas eran visibles y conocidas por los habitantes de Diquís, es probable que la tala de bosques emprendida por una compañía bananera a finales de los años 30 provocara que su presencia fuera más notoria y estimulara las primeras investigaciones.

"A la pregunta fundamental sobre cómo lograban el alto grado de perfección en la esfericidad, se propone la hipótesis, bastante plausible, de que utilizaban como guía un marco hecho probablemente de madera, de cuatro lados iguales y cuatro ángulos rectos, aplicando el principio universal de 'la cuadratura del círculo'. En relación con las herramientas utilizadas se ha podido comprobar hoy que con instrumentos de piedra se puede lograr desgastar poco a poco la piedra que se iba esculpiendo", relató Manuel Araya.

Reinvenciones

En Diquís hay artesanos que, inspirados en los escultores precolombinos, trabajan la piedra y logran objetos pequeños, entre siete y 30 centímetros, en formas cercanas a la esfericidad. La UNESCO ha reconocido a las esferas "como producto de la manufactura humana, se valoriza en primer lugar a las sociedades que las produjeron", destacó el historiador, al subrayar que "son un producto de una sociedad que, para producirlas, desarrolló formas de organización social, política, económica, ideológicas, con un nivel de sofisticación complejo y elevado, además de recursos tecnológicos y conocimientos técnicos igualmente sofisticados".

Las esferas fueron puntos de demarcación de territorios bajo autoridad de distintos caciques. "Se supone también que el tamaño podía señalar distintos grados de jerarquía en los cacicazgos, como caciques mayores y caciques menores", describió.

De las ocho etnias indígenas costarricenses, la zona declarada Patrimonio Mundial ha estado habitada por Cabécar, Brunca y Teribe. Las restantes son Huetar, Maleku, Chorotega, Bribri y Guaymí y, según el censo nacional de 2011, un total de 104 mil 143 habitantes de Costa Rica son indígenas, lo que equivale al 2,4% de la población del país.