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"El tata" del cártel de Sinaloa

NARCOTRÁFICO

Traducción Mónica Ruffo/ELDEBATE

La camioneta Lincoln con placas de Iowa iba a toda velocidad por la carretera interestatal 94, rumbo a Detroit. Una docena de oficiales de la DEA, en vehículos sin identificación, se distribuyeron a lo largo de un tramo de 70 millas, de Kalamazoo a Jackson, Míchigan. Desde las rampas de acceso y pasos a desnivel, veían pasar el tráfico a toda velocidad, mientras intentaban identificar la camioneta. Pensaban que llevaba un importante cargamento de cocaína.

El agente especial Jeff Moore y su equipo, en la división de campo de Detroit, habían pasado meses investigando una sucursal local del cártel de Sinaloa, la red de narcotráfico más notoria y poderosa del mundo, encabezada por Joaquín Guzmán, mejor conocido como "El Chapo". Con una extensa red de distribuidores, mensajeros, mayoristas y distribuidores callejeros, la organización había introducido miles de kilos de cocaína por la frontera con México, a través de casas de seguridad en Arizona y Detroit. Fue la más grande operación de contrabando de cocaína que las autoridades de Detroit habían visto. En años anteriores, un decomiso importante consistía en una docena de kilos; el cártel introducía 200 kilos al mes.

Los colegas de Moore habían interceptado 11 teléfonos y habían pasado horas escuchando conversaciones en código de los narcotraficantes, y conocían las características de los líderes. El mayorista, llamado "Juanito", tenía una risa infantil y ridícula; el mensajero, llamado "Tata", era a veces el blanco de sus bromas. El cártel utilizaba exclusivamente apodos, la mayoría de las veces, los miembros ni siquiera entre ellos conocían sus verdaderos nombres. Eran simplemente "Gordito", "Primo", "Cuatro", "Viejo".

La organización trabajaba con los mayores narcotraficantes de Detroit, gente como Antonio (Pancho) Simmons, un hombre temible, con una sola pierna y un largo historial criminal. Pero de cierta manera, eran los mensajeros que cruzaban las carreteras del país, con los compartimentos ocultos de sus carros, quienes jugaban el papel más crucial. Y ningún mensajero era más prolífico que "El Tata", el que conducía una camioneta Lincoln el 21 de octubre de 2011. "El Tata" se había convertido, él solo, en una fuente de cocaína, trabajando a una escala que la oficina de la DEA en Detroit nunca se había enfrentado. De acuerdo a los libros de contabilidad de la droga escritos a mano que el gobierno obtuvo, entregó 246 kilos en febrero de 2010; 250 en marzo; otros 250 el próximo mes; 200 kilos el siguiente y otros 200 el siguiente. "Antes de darte cuenta", dijo Moore, "el hombre es una leyenda urbana".

Siempre conducía solo y se las arregló para evitar ser detectado durante casi una década. Los agentes de la DEA escuchaban a figuras claves del cártel hablar sobre "El Tata" muchas veces, y ni siquiera de una ojeada le habían visto nunca. Ahora, por primera vez en meses, "El Tata" regresaba a Detroit.

El oficial de la DEA, David Powell, fue el primero en detectar la camioneta ese día de octubre, a las 3:13 de la tarde, no lejos de Kamalazoo. Powell lo tenía a la vista, siguiendo la camioneta a una distancia de media milla. A medida que se acercaban a Detroit, Powell llamó a los marcadores de milla por radio, para que los otros agentes de la DEA que se encontraban a lo largo de la carretera, se unieran a la creciente procesión mientras el mensajero pasaba los puntos de espera.

"El Tata" no conducía rápido, pero lo hacía de una manera errática. En un punto, "le cortó el paso a un semirremolque, que parecía que le iba a desgarrar la parte delantera de su camioneta", dijo Moore.

¿Se había dado cuenta "El Tata" de la operación? ¿Estaba tratando de perderlos? A las 3:56 de la tarde, la camioneta de repente cortó a través del tráfico y se dirigió a toda velocidad a la salida 97, confundiendo a los agentes de la DEA. Varios autos de la DEA se pasaron a toda velocidad la salida. Divisaron la camioneta en el estacionamiento de un hotel cerca del restaurante Steak´n Shake. Los agentes estaban nerviosos. ¿Era este hombre tan bueno que se había dado cuenta de la vigilancia?, se preguntó Moore.

Después de unos minutos, la camioneta salió del hotel y lentamente se dirigió de nuevo hacia el restaurante Steak´n Shake. Los agentes vieron cómo el conductor encontraba el autoservicio y ordenaba unas papas fritas y licuado de naranja. Con el licuado en la mano, "El Tata" se dirigió de vuelta a la carretera, y la persecución continuó.

Los líderes del cártel esperan al mensajero a las 6:30 p.m., "mi 'Tata' se retrasó por un tren otra media hora", dijo uno de ellos en una de las llamadas telefónicas grabadas. Pero nunca llegaría. A las 5:45 p.m., el policía estatal Craig Ziecina, que estaba trabajando con la DEA, encendió la sirena. Con el fin de evitar poner en peligro la investigación, le iba a hacer la parada como si fuera una violación de tráfico de rutina. Ziecina hizo orillar la camioneta para seguirla, mientras Moore y los otros agentes observaban de cerca.

En lugar de esperar a que el oficial saliera de la patrulla, el conductor de la camioneta salió cautelosamente. Si la DEA estaba en lo correcto, se trataba de "El Tata", el mensajero más formidable de todos.