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Esclavas sexuales de la SGM, un crimen bélico sin castigo

"Mujeres de consuelo" es un eufemismo para referirse a las mujeres que fueron esclavizadas sexualmente en los prostíbulos militares japonesas durante la Guerra del Pacífico

Por: Xinhua

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Las "Mujeres del consuelo" fueron obligadas a servir como esclavas sexuales durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: AP | AP

SEUL, 26 dic (Xinhua) -- La ministra de Relaciones Exteriores surcoreana, Kang Kyung-wha, afirmó este martes que en el acuerdo firmado con Japón en 2015 sobre las esclavas sexuales de la Segunda Guerra Mundial había habido poca comunicación con las víctimas.

En 2014, el Papa Francisco saludó a siete de las mujeres que fueron obligadas a la esclavitud sexual durante la SGM / Captura CTV

En una reunión con los medios locales, la ministra explicó que se había llegado a la conclusión de que había habido muy poca comunicación con las víctimas a la hora de firmar el pacto sobre las "mujeres de consuelo", que fue calificado de "definitivo e irreversible" y anunciado el 28 de diciembre de 2015 por la República de Corea y Japón.

El convenio se alcanzó durante el anterior Gobierno surcoreano y las víctimas protestaron porque en él Tokio no reconocía su responsabilidad legal ni trasladaba su disculpas sinceras por el crimen bélico. 

Las mujeres se volvieron activistas en busca de justicia. Foto: AP

Las víctimas denunciaron también que había habido muy poca comunicación con ellas antes de firmarlo.

En virtud del pacto, Japón acordó dar unos nueve millones de dólares a una fundación en apoyo a las víctimas a cambio de que Seúl reconociese que el acuerdo saldaba de forma definitiva e irreversible el asunto.

"Mujeres de consuelo" es un eufemismo para referirse a las mujeres que fueron esclavizadas sexualmente en los prostíbulos militares japonesas durante la Guerra del Pacífico. Los historiadores cifran en hasta 200.000 las niñas y jóvenes que fueron vendidas, secuestradas o capturadas con este propósito.

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Foto: AFP
Foto: AFP

Heza fue vendida "como esclava sexual" por los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) en la ciudad siria de Raqa, donde ahora está de vuelta como combatiente yazidí para vengar a las miles de mujeres que sufrieron el mismo calvario que ella.

En uniforme militar y con una pañoleta verde bordada con flores en la cabeza, Heza recuerda su pesadilla de hace tres años.

"Nos llevaron como a ovejas, nos persiguieron y humillaron en estas mismas calles", añade señalando con el dedo una serie de casas destruidas por los combates en Meshleb.

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Este barrio del este de Raqa fue el primero en caer en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza kurdoárabe que intenta expulsar al EI de su bastión del norte de Siria con la ayuda de Estados Unidos.

Heza, cuyo nombre significa "fuerza" en kurdo, combate para mitigar su sufrimiento.

"Tomar las armas me ha ayudado a evacuar algunas angustias", dice rodeada de combatientes yazidíes, una minoría de habla kurda, en una casa abandonada en Meshleb.

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'VENGANZA'

“Pero mi corazón seguirá lleno de venganza hasta que no hayan sido todas liberadas", afirma la joven.

Ella y sus dos hermanas forman parte de las miles de niñas y mujeres yazidíes secuestradas por el EI después de la ocupación en 2014 de la región de Sinjar, en el noroeste de Irak.

Las jóvenes fueron vendidas y cambiaron de manos en el "califato" proclamado por el EI en las regiones conquistadas de Siria y el vecino Irak. Alrededor de 3 mil mujeres siguen en cautiverio.

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"En el momento del genocidio contra los yazidíes, Dáesh capturó a niñas y mujeres. Fui una de ellas", cuenta Heza, que afirma ignorar su edad porque en el momento del secuestro era tan sólo "una niña".

Los yihadistas separaron a los hombres y se llevaron a las mujeres y a las niñas a Raqqa.

VENDIDA A CINCO YIHADISTAS

Las FDS afirman haber liberado a varias yazidíes, entre ellas una niña de 10 años, desde su entrada a Raqa al comienzo de junio.

Durante los 10 meses de cautiverio en la ciudad siria, Heza fue comprada por cinco yihadistas distintos, dice. Prefiere no detallar las abusos sufridos, pero asegura que se intentó suicidar varias veces.

Finalmente, en mayo de 2015, logró huir de la casa donde estaba secuestrada y encontró a una familia kurda que la hizo salir de Raqqa.

Atravesó unos 400 km hasta llegar a Irak, donde se unió a las Shengal Women's Units (YPS), un componente de las FDS, y siguió un entrenamiento militar intensivo. Shengal es el nombre kurdo de Sinjar.

En noviembre de 2016, cuando se anunció la ofensiva de las FDS para la conquista de Raqqa, ella y sus camaradas estaban preparadas para la lucha.

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"Quería participar en la ofensiva en nombre de todas las niñas yazidíes vendidas en estas calles", dice. "Mi objetivo es liberarlas, vengarlas".

Cuando en junio regresó a Raqqa por primera vez desde su huida, Heza cuenta haber tenido una "sensación extraña, indescriptible". "Pese a mi enorme dolor, sentí alegría", explica. Una de sus hermanas sigue en manos del EI y la otra está libre.

TANTA PENA

En la casa usada como cuartel por las YPS en Meshleb, los fusiles están alineados mientras combatientes uniformadas escuchan por walkie-talkies las noticias del frente.

Algunas como Merkan, de 20 años, vienen de lejos. Su familia es originaria de la minoría yazidí turca pero ella y su hermana de 24 años, Arin, crecieron en Alemania. Se indignaron por la toma de Sinjar y las atrocidades cometidas.

"No creía que algo semejante pudiera ocurrir. Sentía tanta pena", recuerda Merkan. Ella y su hermana se fueron a Sinjar, una vez liberada del EI, para unirse a las YPS. "Tenía un único objetivo, liberar a las mujeres yazidíes y a todas las mujeres caídas en las garras de Dáesh", afirma.

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En una pared, Merkan garabateó una promesa en kurdo: "Ayer había Al Qaeda y hoy hay Dáesh. No sabemos quién surgirá después. Quiero ir a todos los lugares donde haya una injusticia".

Sentada en el cuarto de al lado, su camarada Basih fuma un cigarrillo tras otro. "Hemos sufrido las injusticias más graves. Nuestra venganza será del mismo calibre", advierte.

Con información de AFP.

 
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