Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Floribeth Mora, prueba clave para la santidad de Juan Pablo II

VATICANO

Aunque nos parezca muy sencillo, por la subjetividad que implican las cuestiones de fe, la búsqueda de la santidad en la Iglesia Católica no lo es; los procesos parecen caminar sobre nubes hasta que ocurre algo que determine con solidez que la vida señalada de un hombre -ya muerto- actúa en favor de un vivo que padece alguna enfermedad grave.

Este es el caso de Floribeth Mora Díaz, una mujer de 50 años, oriunda de Costa Rica, que padecía un aneurisma cerebral. Ella asegura que fue curada en el año 2011 por Juan Pablo II, la misma noche cuando éste fue beatificado.

Los pasos de la canonización de Juan Pablo II

EL 28 abril de 2005, El Papa Benedicto XVI recibe al cardenal Camilo Ruini para tratar sobre las extraordinarias circunstancias en el proceso de Juan Pablo II; ya para el mes de mayo del mismo año el entonces pontífice, Benedicto XVI da a conocer la dispensa del lustro necesario para iniciar una causa.

A los días el cardenal Ruini firma el edicto de la causa de beatificación y canonización y pide testimonios a favor y en contra, así como cualquier escrito inédito de Juan Pablo II, ya para el 28 de junio se abre oficialmente el proceso de beatificación.

El 30 enero de 2006 se hace público el milagro seleccionado. Juan Pablo II, tras su muerte habría curado de la enfermedad de Parkinson a la monja francesa llamada Marie Simon Pierre, la religiosa padecía desde 2001 esta enfermedad, que provocaba que no dejara de temblar y que poco a poco se desgastara su salud.

Marie tenía el mismo padecimiento que Juan Pablo II sufrió en sus últimos años de vida y es hasta 2011 Benedicto XVI promulga el decreto por el que se le reconoce este milagro.

Pero la razón principal por la que el actual Sumo Pontífice, Francisco, la declaración donde se aceptó el milagro de Karol Józef Wojtyla, y por la cual es declarado santo, es el caso de Mora Díaz. Cuatro días antes, el papa Francisco había recibido en una audiencia al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y le autorizó la promulgación del decreto.

El relato del milagro de Juan Pablo II operado en Floribeth.

Floribeth Mora Díaz nació en el barrio Cristo Rey, en el sur de San José de Costa Rica, pero su historia comenzó el 8 de abril de 2011 cuando sufrió un fuerte dolor de cabeza, de una intensidad fuera de lo normal. Entonces se dirigió al hospital de Cartago, pero los médicos que la atendieron no le detectaron nada.

El diagnóstico fue "migraña por exceso de trabajo". Le recetaron algunos calmantes y la mandaron de vuelta a su casa. Para despejarse fue con su familia a pasar unos días a una localidad costera.

Pero sus dolores persistían, se agravaron y le provocaron una caída. A su regreso a San José habló con una doctora para pedirle ayuda porque ya tenía serios problemas del lado izquierdo de su cuerpo, dificultades que poco a poco la estaban paralizando.

Su retorno al hospital le cambió la vida. Fue internada en cuidados intensivos y tras una artereografía se llegó a identificar el motivo de su malestar: tenía un aneurisma en una zona inaccesible del cerebro.

Ante el fulminante diagnóstico los médicos sólo pudieron recomendarle que viajase a Cuba o a México para una operación de alto riesgo, una intervención que en su país nadie estaba dispuesto a realizar. Pero la falta de recursos impidió esta opción.

Pese a su lucha por quedarse en el hospital, ante el miedo a morir sin atención, le dieron el alta y regresó a su casa. Allí el ambiente era una mezcla de tensión y luto.

Sus hijos la cuidaban hasta el extremo, su situación era delicada y, cada tanto, la despertaban para ver si continuaba respirando. Mientras, por prescripción médica, tomaba potentes calmantes que debían prevenir su dolor cuando explotase el aneurisma.

Desde el principio le pidió a Juan Pablo II que la ayudara. "Tú que estás tan cerca de Dios dile que no me quiero morir", dijo implorar. En esa situación llegó el 1 de mayo de 2011, el día de la beatificación de Karol Wojtyla en la Plaza de San Pedro.

En Costa Rica la transmisión televisiva comenzaba a las dos de la madrugada, por la diferencia de horario. Esa noche ocurrió algo inesperado. No obstante el cóctel de fármacos ella pudo despertarse a la hora establecida y presenciar, a través de su televisión, la ceremonia en El Vaticano. No llegó a verla toda, porque se quedó dormida.

Relató Mora Díaz: "Desperté a las ocho de la mañana y fue el momento más importante para mí, porque escuché esa voz en mi dormitorio. Decía: levántate. Yo estaba incrédula. Estaba sola y sin embargo escuché esa voz que decía: levántate. Volví a escuchar la voz que decía: levántate, no tengas miedo".

"Inmediatamente mis ojos se posaron en un suplemento de periódico. Estaba sobre el televisor de mi cuarto y vi que en la portada estaba Juan Pablo II, tenía las manitas levantadas. Vi como sus manos salieron del cuadro, indicándome que me levantara", abundó.

Ella respondió al llamado y simplemente exclamó: "¡Sí señor!". Entonces se levantó y fue a la cocina de su casa, donde estaba su esposo. Él le cuestionó: "¿Qué haces aquí?". "Me siento bien", contestó. "Ya no tenía agonía ni miedo, sino una paz que me dio la certeza que estaba curada", confesó.

Pasaron siete meses antes que Floribeth Mora Díaz tuviese la certificación médica de aquello que sentía en su corazón. Por eso cuando un médico analizó sorprendido sus análisis, antes y después de la curación, ella no dudó en afirmar: "Yo sé que estoy curada, me curó Dios por intercesión de Juan Pablo II".

El doctor, incrédulo, fue a confirmar que los archivos médicos fuesen efectivamente los suyos. Tras cerciorarse de la veracidad de los estudios, sólo pudo confirmar que aquella mujer había sanado.

¿Qué es la enfermedad que padecía la mujer costarricense?

Un aneurisma cerebral (también conocido como aneurisma intracraneal o intracerebral) es un punto débil o fino en un vaso sanguíneo cerebral que sobresale como un balón y se llena de sangre. El aneurisma saliente puede poner presión sobre un nervio o tejido cerebral circundante. También pueden perder o romperse, derramando sangre en el tejido circundante (llamado hemorragia).

Los aneurismas cerebrales pueden producirse en cualquier lugar del cerebro, pero la mayoría está ubicada junto al bucle de arterias que pasan entre la parte inferior del cerebro y la base del cráneo.

Incidencia

Los aneurismas cerebrales pueden producirse en cualquiera, a cualquier edad. Son más comunes en adultos que en niños y levemente más comunes en las mujeres que los hombres. Las personas con ciertos trastornos heredados también corren mayor riesgo.

Todos los aneurismas cerebrales tienen potencial de ruptura y causan sangrado dentro del cerebro. La incidencia informada de aneurisma roto es alrededor de 10 de cada 100,000 personas por año (cerca de 27,000 pacientes por año en los EE.UU.), comúnmente en las personas entre 30 y 60 años.

Peligro

Los aneurismas pueden estallar y sangrar dentro del cerebro, causando complicaciones serias como el accidente cerebrovascular hemorrágico, daño nervioso permanente, o ambos.

Una vez que estalla, el aneurisma puede estallar otra vez y volver a sangrar dentro del cerebro, pudiendo producirse aneurismas adicionales, llegando a la muerte.