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Fútbol europeo, un escape de la violencia

Todas las asociaciones de aficionados de Irak se exponen día tras día a ser víctimas de un atentado

BAGDAD.- Los cántico resuenan desde el pitido inicial "¡United, United, United!". En Bagdad, los aficionados del Mánchester United hacen oír sus voces, felices de encontrarse en los cafés de la capital para olvidar la violencia y las preocupaciones cotidianas.

En Irak hay 13 peñas de aficionados reconocidas oficialmente por los clubes italianos, españoles, alemanes o británicos a los que sostienen. Y, para sus centenares de miembros esas reuniones en torno al balón implican algo más que su satisfacción al observar su deporte preferido.

"Todos nos encontramos en torno al Mánchester United, los pequeños y los grandes, los chiíes y los suníes, los árabes y los kurdos, los cristianos y los musulmanes", señala Alaa Saadi, de 30 años, presidente de la peña más nutrida del país, con 450 miembros.

Foto: AFP

Esos momentos para ver un partido en un café de la capital suponen "un paréntesis, una ocasión para olvidar la fatiga del día a día", afirma Ali Anab, presidente del club de aficionados del Bayern de Múnich.

Un paréntesis a veces sacudido por la dura realidad. Todas las asociaciones de aficionados de Irak se exponen día tras día a ser víctimas de un atentado. El año pasado, los yihadistas atentaron contra un grupo de aficionados del Real Madrid.

No es lo mismo en Bagdad

Por eso a menudo se modifican los lugares de reunión o se aseguran las entradas a los mismos, lo que no resta asiduidad de aficionados, asegura Ali Anab.

Las noches de partido, el café 'Rass al-Khima' recibe a "estudiantes, licenciados, parados, trabajadores fatigados por los atascos en la ciudad", indica este miembro de las fuerzas de seguridad de 39 años, aficionado del Bayern.

Llegan cansados, "pero desde el pitido inicial, todas las preocupaciones desaparecen", asegura.

Foto: AFP

Mehdi Qassem ya veía partidos de los Diablos Rojos en Chicago, en Estados Unidos. Pero en Bagdad, "no es lo mismo", dice este ingeniero iraquí que se encuentra en su país de vacaciones.

"Allí, mirar el fútbol es para la gente solamente pararse un momento en el bar. Aquí, el entusiasmo y la pasión son más fuertes", afirma mientras a su alrededor ondean las banderas del club.

Para animar y para abstraerse, "algunos vienen de lejos, a pesar de las dificultades", testimonia Ali Kazem, de 29 años, joven diplomado en Ciencias políticas que dirige el club de aficionados al Liverpool.

Hay que aportar al menos 50 miembros, con sus datos, elegir democráticamente un presidente y un secretario general y llevar al día un calendario y un registro de las actividades para que el club pueda verificar lo que ocurre al otro lado del planeta, explica Ali al-Bahadli, que coordina a los aficionado del Arsenal.

Buen fútbol, bonitos estadios 

Cada año, al igual que Ali al-Bahadli y los demás, Ahmed Mazen envía un informe detallado al Inter de Milán. En 2014, este médico de 32 años fundó junto a otros seis apasionados del club lombardo una peña de aficionados.

"Si ponen sus miradas en Europa es debido a la debilidad de los equipos del campeonato iraquí". afirma.

En Irak, añade, "las infraestructuras son débiles", y, sobre todo, "existe la cuestión de la seguridad", que pesa en la elección de los seguidores, temerosos de los ataques contra los eventos deportivos, que llegan al punto de que la FIFA prohibió los partidos internacionales en el interior del país.

Les encanta ver a través de la pequeña pantalla "la belleza y la modernidad de los estadios, además del buen fútbol de las estrellas y de los campeonatos europeos".

Desde que logró su pasaporte estadounidense, Mehdi Qassem sólo tiene un objetivo: utilizarlo para acudir a Old Trafford, el mítico estadio del Mánchester United.

Para los otros, que sólo tienen la nacionalidad iraquí, asistir al 'Teatro de los sueños' no pasa de ser... un sueño.

El año pasado, el Bayern les ofreció dos localidades para presenciar el partido ante el Atlético de Madrid de Liga de Campeones. "Desgraciadamente, ningún miembro logró la visa para asistir a Alemania", afirma Ali Anab.

"Las autoridades temen que no regresen y que pidan el asilo político allí", explica.

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