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Julen. La enseñanza detrás de la gran tragedia

La casa cedida por una vecina y que ha acogido estos días a los familiares más cercanos al niño ha sido el mejor ejemplo de esta entrega de los vecinos de Totalán

Por  EFE

Los mineros trabajan para rescatar a Julen en Totalán.(Foto: EFE)

Los mineros trabajan para rescatar a Julen en Totalán. | Foto: EFE

Totalán.- El trágico desenlace del rescate de Julen, dejó una gran enseñanza a todos los que estuvieron involucrados directa o indirectamemen en el caso del pequeño, cuyo cuerpo sin vida ha sido localizado esta madrugada tras estar atrapado trece días en un pozo en Totalán, en el sur de España, deja en el tiempo que ha durado todo el operativo una coordinación y una solidaridad institucional y social sin precedentes en este país.

La caída el pasado 13 de enero del niño de dos años en un estrecho y profundo pozo marcó el inicio de un grandísimo despliegue humano y técnico que ha llegado a movilizar a centenares de personas en una auténtica lucha contra el tiempo.

Las propias características del orificio donde cayó el menor, una prospección para buscar agua de apenas 25 centímetros de diámetro y de una profundidad de 107 metros, unidas a las complicadas características del terreno, de gran dureza, han supuesto un auténtico pulso contrarreloj para buscar soluciones que lograran llegar cuanto antes al niño.

El "tapón" de tierra dura encontrado a 71 metros de profundidad, los desprendimientos y la dureza del terreno que obligaron a descartar la construcción de un primer túnel horizontal, y las dificultades para construir y entubar otro vertical y, desde este, la galería horizontal que ha enlazado con el pozo donde estaba Julen no han servido en cambio para minar los ánimos de los equipos intervinientes.

Mineros, bomberos y guardias civiles han encabezado una lucha sin cuartel contra la montaña que ha movilizado a especialistas y empresas de distintos puntos de España, y también de otros países, que no han perdido la esperanza de poder localizar con vida al niño.

Ya el martes 15 de enero, dos días después de la caída al pozo, la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa, en la región norteña española de Asturias, se desplazó a la zona para programar la excavación manual de la galería horizontal.

Ese mismo día se supo que, entre numerosas empresas que han colaborado con el rescate, estaba la compañía sueca que logró localizar el punto exacto donde estaban 3 mineros de Chile, atrapados 69 días tras el derrumbe del yacimiento.

Personal trabajando cerca del pozo en el que cayó Julen. Foto: EFE

Tras días de trabajo de la gran cantidad de maquinaría pesada que ha intervenido en los movimientos de tierra y en la perforación del túnel vertical paralelo al pozo, el sábado día 19 llegó a Totalán la cápsula metálica de dos metros de altura diseñada por el Consorcio de Bomberos de la provincia de Málaga para rescatar a Julen, que los mineros pudieron usar por primera vez este pasado jueves.

Más allá de todo este operativo técnico, que ha sido en todo momento coordinado institucionalmente y difundido a través de un amplio despliegue en la zona de medios de comunicación de todo el mundo y compartido de forma muy amplia en redes sociales, el rescate ha roto la calma de un pequeño y tranquilo pueblo de unos 700 habitantes de la comarca denominada Axarquía, en la provincia andaluza de Málaga.

Esta ingente obra de ingeniería humanitaria, como llegó a ser definida por el coordinador del operativo, y su repercusión han rebasado los límites del municipio, cuya solidaridad y hospitalidad han sido envidiables, tanto a la hora de apoyar a la familia de Julen como al dispositivo que lo ha buscado, a los que no ha faltado comida caliente gracias incluso a una cocina improvisada en un salón parroquial.

La casa cedida por una vecina y que ha acogido estos días a los familiares más cercanos al niño ha sido el mejor ejemplo de esta entrega de los vecinos de Totalán, cuyo Ayuntamiento canalizó los ofrecimientos de distintos inmuebles, entre ellos el que ha servido de puesto de mando para los cuerpos y fuerzas de seguridad.

Una "pesadilla", como muchos la han definido, de trece días con un triste desenlace pero que también ha servido para que, en el futuro, este pueblo pueda no solo ser recordado por la tragedia. Esa solidaridad colectiva seguramente se convierta en el mejor legado de Julen.

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