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La "carrera contra el miedo" en España

ESPAÑA

Pamplona, España,(EL UNIVERSAL).- Son las 7 de la mañana. La lluvia asoma y el viento es frío, un clima atípico para el verano pamplonés, dice la gente.

Turistas y habitantes de esta provincia de Navarra empiezan a deambular con prisa. En una hora empezará "la carrera contra el miedo". Una decena de toros correrán por las calles, perseguidos y persiguiendo a cientos de personas. Los más jóvenes no han dormido o iniciaron la fiesta de San Fermín muy temprano.

La cerveza corre desde el amanecer. Un par de porros de marihuana se ven y se huelen por aquí y por allá.

El miedo, ya se ve, no se enfrenta con una perfecta sobriedad, hay que meterle "caña" al cuerpo para tener algo más que valor. El reloj avanza. La multitud se congrega. Los montones de basura, restos de vasos y botellas se multiplican.

La gente pasa de largo una de las recomendaciones que están escritas por todos lados en varios idiomas: no orinar en la vía pública. Hay una petición más, discreta pero visible, no cometer actos sexistas ni agresiones sexuales.

Y es que desde que un par de años atrás, las chicas empezaron a mostrar sus senos en medio de una muchedumbre masculina, comenzó a crecer la fama de que la fiesta en honor a San Fermín, una de las más tradicionales y antiguas de España, era cada vez una invitación al "destrampe y al desenfreno".

Cerca de las 8 de la mañana, el paso de los visitantes se acelera. En unos minutos más se escuchará el sonido del cohete que avisa que los toros de Santo Domingo serán lanzados a las calles para que corran poco más de 800 metros, un recorrido que dura unos dos minutos.

La mayoría de hombres jóvenes se alistan, estiran sus piernas, sus brazos, dan brincos para calentar el cuerpo.

Las 7:55 am, hay una tensión en el ambiente, una energía contenida. Se escuchan silbidos, gritos, un barullo sediento de adrenalina. La generación más joven se adueña de la fiesta, permanece a la espera de hacer suyo el sexto encierro de una fiesta que dura sólo una semana al año.

Los mayores, a los que les tocó ser testigos de cómo en los últimos 60 años los sanfermines se volvieron mundialmente famosos, en buena medida gracias a Hemingway, se apropian de los balcones y se pone frente a las decenas de televisores que se colocan por la ciudad para seguir los detalles del encierro.

Las 8 en punto. Los cuerpos corren desenfrenados. Los gritos alertan, allá vienen los toros. Los animales de media tonelada, de una gran belleza, se vislumbran en la esquina. Uno de ellos no controla la vuelta, el piso está mojado, con la piedra del camino resbala y cae, se levanta y sigue de prisa.

Los hombres corren más rápido que los toros, la persecución se da a la inversa, los que se han quedado atrás van provocando al miedo. Un joven cae al piso. La gente grita "¡ay, el chaval!". Logra rodar y escapa de las patas de un toro que huye despavorido.

Los corazones se estrujan. Pobre hombre, pobre toro. Los dos minutos más largos para unos, los más cortos para otros, los que observan desde lejos, desde el televisor, los balcones. El encierro ocurre en un instante. Una inyección de adrenalina. Un frustrado deseo por haber sido testigo de una corrida que ha pasado con saldo blanco, a favor de los humanos.

Los toros siguen el paso. Después de ellos, la basura reproduciéndose, los restaurantes inundados, las calles repletas de deseos de prolongar la fiesta el día entero. En una de las calles de Pamplona la siguiente parada es La Mañueta, una churrería de larga tradición que sólo abre 15 días al año, para los sanfermines y la fiesta patronal de octubre.

En otra, en el Casino de Iruña, hay música y baile, churros y chocolate, turistas y pamploneses.

Afuera, la fiesta sigue siendo de los jóvenes. Son las 9 de la mañana. La lluvia continúa.

Pamplona está por regresar a su tranquila cotidianidad el próximo lunes. Aún quedan dos encierros. Mientras tanto, en Elizondo, a unos kilómetros de los sanfermines, los 203 chicos de la Ruta BBVA se alistan para su primer día de aventura en un pequeño pueblo navarro, donde habrá rapel y barranquismo.