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La triste historia de Nyo, una adolescente que fue vendida en China

“Quería darla en adopción, pero la miré y la amé”, dijo Nyo. “Aunque tenga los labios de ese animal chino”. Con esto concluyo el relato de una adolecsente que fue cruelmente secuestrada y vendida en China.

Por  Carlos Narvaes

La triste historia de Nyo, una adolescente que fue vendida en China(Foto: The New York Times)

La triste historia de Nyo, una adolescente que fue vendida en China | Foto: The New York Times

China.-El hombre le dijo que era su esposo —por lo menos eso era lo que la aplicación de traducción indicaba— y acercó su cuerpo al de ella. Nyo, una chica de una aldea montañosa en las montañas Shan de Birmania, no estaba muy segura de cómo funcionaba el embarazo. Pero sucedió.

La bebé, de nueve días de nacida y de piel suave, luce innegablemente china. “Como su padre”, comentó Nyo. “Tiene los mismos labios”.

“China”, agregó, como si fuera una maldición.

La política de “hijo único” de China ha sido elogiada por sus líderes por evitar que la población del país se convirtiera en una pesadilla maltusiana. Sin embargo, a lo largo de 30 años, China se quedó sin millones de niñas puesto que las familias llevaron a cabo abortos basados en el género y otros métodos para que su único hijo fuera niño.

Foto: The New York Times
Nyo, relatando su cruel historia/ Foto: The New York Times

Esos niños ahora son hombres, llamados ramas solitarias debido a que una escasez de esposas podría implicar la muerte de sus árboles genealógicos. En el punto álgido del desequilibrio de género en 2004, 121 niños nacieron en China por cada cien niñas, de acuerdo con cifras de la población china.

Para lidiar con ellos, los hombres chinos han comenzado a importar esposas de países cercanos, a veces a la fuerza.

“El tráfico de esposas es muy común en el estado de Shan”, dijo Zaw Min Tun, miembro del equipo especial de la policía contra la trata de personas en Lashio, una ciudad en el norte del estado de Shan. “Pero solo unas cuantas personas están verdaderamente conscientes del tráfico de personas”.

Un estudio de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg y de la Asociación de Mujeres Kachin de Tailandia calculó que alrededor de 21.000 mujeres y niñas del norte de Birmania fueron obligadas a casarse en tan solo una provincia de China de 2013 a 2017.

La aldea en la comuna de Mongyai, en lo alto de las montañas Shan del noreste de Birmania, es poco más que un cuartel del Ejército, con soldados y sus familias que se refugian en chozas con techo de lámina en carreteras de terracería.

Cultivos al noroeste de Birmania en las montañas Shan/Foto: The New York Times

Después de terminar la escuela el año pasado, Nyo y Phyu, su compañera de clase, quienes solo identificamos por sus apodos debido a que son menores de edad, decidieron que querían más de lo que este puesto de avanzada empobrecido les ofrecía.

Daw San Kyi, un vecino, les prometió conseguirles trabajo de meseras en la frontera con China, a través de conexiones con otro aldeano, Daw Hnin Wai.

Hnin Wai tenía la casa más bonita de la aldea, mucho más elegante que la de cualquier otro habitante del lugar, así que la oferta de trabajar como meseras parecía sólida.

“Confiábamos en él”, dijo Phyu, ahora de 17 años.

Temprano una mañana de julio de 2018, una furgoneta llegó a Mongyai para recoger a las chicas. La carretera de la montaña hizo que Phyu se mareara. San Kyi le ofreció cuatro pastillas para las náuseas, una rosa y tres blancas.

Después de eso, su recuerdo de lo ocurrido no es claro. Alguien también le inyectó el brazo con algo, dijo. Una fotografía tomada durante ese momento muestra su rostro hinchado y los ojos aturdidos. 

“Antes de que esto pasara, Phyu era muy feliz y activa”, dijo Daw Aye Oo, su madre. “Pero le dieron algo para hacerla olvidar y para detonar su sexualidad. La golpearon. No sabe que está arruinada”.

Nyo, ahora también de 17, se rehusó a tomar las pastillas. Recuerda mejor las cosas, pero todo es igual de confuso para ella. Hubo paradas en pensiones a lo largo de la frontera y una historia de que las fuertes lluvias habían provocado que cerrara el restaurante donde supuestamente iban a trabajar. Hubo un viaje en bote y más autos.

Después de más de diez días de camino, la idea de trabajar en un restaurante se borró de su futuro, dijo Nyo. Ella y Phyu intentaron escapar dos veces, pero no sabían adónde ir. Los traficantes las atraparon y las encerraron en una habitación. Sus celulares no tenían señal.

Unos hombres que hablaban chino vinieron a verlas. Algunos señalaban a una de ellas y algunos a la otra.

“Tenía el presentimiento de que me estaban vendiendo, pero no podía escapar”, dijo Phyu.

Ninguna de las chicas recuerda haber cruzado la frontera, pero de pronto estaban en China. Las chicas fueron separadas y llevadas con un supuesto esposo, aunque nunca se llenó ningún documento de matrimonio, según lo que saben. Después de un largo viaje en tren, Phyu pensó que había terminado en Pekín. El hombre que la había traído era Yuan Feng, de 21 años.

La ciudad tenía muchas luces brillantes y escaleras mecánicas. “Los edificios eran tan altos que no podía ver las cimas”, comentó.

Yuan trataba de comunicarse usando su celular como dispositivo de traducción, pero Phyu se rehusaba a hablar. Estaba encerrada en una habitación con una televisión. Por las tardes, él llegaba, la inyectaba en el brazo y después la obligaba a tener sexo, dijo.

“Me sentía adormecida”, dijo Phyu. “Él tenía un olor agrio. Fumaba”.

Secuestro de Nyo/Foto: The New York Times

Luego de un tiempo, fingió ser feliz, agregó Phyu, y dejó de inyectarla. Salieron a un centro comercial, pero Yuan la seguía a todas partes, incluso al baño. En otra ocasión, fueron a un parque de diversiones con la hermana de Yuan y sus hijos pequeños. Él se subió a los juegos mecánicos. Phyu, no.

Phyu aprendió algunas frases en mandarín. “‘Bu ku le’ significa ‘no llores’”, dijo.

Aprendió la contraseña del celular de su esposo y, cuando estaba borracho de noche, llamó a su madre a través de una aplicación de redes sociales.

“Estaba contenta de verla, pero no parecía ella misma”, dijo Aye Oo, su madre. “Me dijo: ‘Me vendieron, mamá’”.

Nyo no estaba segura de a qué parte de China la habían llevado, pero estaba resuelta a encontrar una manera de escapar. Al principio, su esposo, Gao Ji, también la encerró en una habitación sin internet. La golpeaba, dijo Nyo.

Sin embargo, conforme pasaban los días, comenzó a confiar en ella y a permitirle usar las redes sociales, incluyendo WeChat, la plataforma de redes sociales de China.

La madre de Gao, que vivía con ellos, temía que Nyo fuera demasiado delgada como para embarazarse. Le preparaba a su nuera gacha de arroz nutritivo, fideo de trigo grueso y bollos al vapor.

“Siempre decía: ‘Chi, chi’”, dijo Nyo, la palabra en mandarín que significa “come”.

Con su celular, Nyo en secreto filmó lo que pudo para saber dónde estaba: un recorrido en la parte trasera de la moto de Gao, la placa del auto de la familia, la entrada de su casa de dos pisos. Activó el geoetiquetado para cada fotografía y cada video.

El lugar era el condado de Xiangcheng en la provincia de Henan. Ubicada en las llanuras centrales de China, Henan es una de las provincias más pobladas del país, con alrededor de cien millones de personas, dos veces la población de Birmania.

Resultó que Phyu también estaba en Xiangcheng, no en Pekín. Para dos chicas de una aldea aislada en Birmania, Xiangcheng parecía imposiblemente grande.

La casa también era grande, dijo Nyo, con el espacio suficiente para que los padres de Gao no pudieran escucharla gritar cuando él abusaba de ella.

“Creo que era rico”, dijo. “Porque, si no, no habría podido comprar una esposa ni tener una casa tan grande”.

En realidad, son los hombres chinos más pobres quienes suelen comprar a mujeres traficadas como esposas. Aun así, deben pagar mucho dinero. Nyo fue vendida por 26.000 dólares, dijo Myo Zaw Win, un policía en Shan que siguió su caso.

A través de una mujer shan que ha ayudado a rescatar chicas vendidas como esclavas sexuales en China, Myo Zaw Win comenzó a escribirse con Nyo en la cuenta de WeChat de Gao, fingiendo ser su hermano.

Después el policía, que había estado comunicándose con las autoridades chinas, llevó a cabo su estrategia. Gao comenzaba a sospechar y preguntó quién era Myo Zaw Win en realidad. Él respondió con una sola palabra en inglés: “Policía”.

Dos meses después de que llegaron las chicas a Xiangcheng, la policía china tocó a la puerta de sus esposos.

Yuan y Gao, los esposos de las chicas, fueron detenidos por lo menos durante 30 días, como lo marcaba la ley, dijo Niu Tianhui, portavoz del departamento de policía de Xiangcheng. Dijo que no sabía si pasaron más tiempo detenidos.

El hogar de las chicas en el estado de Shan, en las laderas del Himalaya, se ha visto desgarrado por la guerra étnica durante décadas. Mientras el Ejército de Birmania combate contra varias milicias étnicas y comete lo que, según la ONU, son crímenes de guerra, la paz y la seguridad son lujos no conocidos. Las mujeres y los niños son los más vulnerables al abuso.

“El tráfico de esposas es la consecuencia de la guerra civil”, dijo Lauh Khaw Swang, gestor de proyectos de la Fundación Htoi de Género y Desarrollo en el estado de Kachin, al lado de Shan, un estado que también sufre conflictos armados.

San Kyi, el vecino que las secuestró, según las chicas, ahora está en la cárcel en Lashio. Hnin Wai, la otra mujer que se cree que es una traficante local, se fugó.

Fotografía de Nyo /Foto: The New York Times

Conforme avanzaba su embarazo, Nyo decidió que daría en adopción a su hijo. Después nació su bebé.

“Quería darla en adopción, pero la miré y la amé”, dijo Nyo. “Aunque tenga los labios de ese animal chino”.