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Las mujeres que acusan a Trump de abuso se sienten olvidadas

Una demanda podría cambiarlo

New York Times.- Aunque las acusaciones de conductas sexuales inapropiadas en contra de hombres poderosos en semanas recientes han recibido un enorme apoyo público y han motivado una respuesta rápida, las mujeres que se atrevieron a hablar durante la contienda presidencial para acusar a Donald J. Trump declararon que a lo largo del año pasado se sintieron descartadas y olvidadas.

“Con Trump, todo se metió debajo de la alfombra”, comentó Temple Taggart, quien afirmó que Trump la besó en la boca cuando competía en el concurso Miss USA, propiedad de Trump, en 1997.

Sin embargo, eso podría cambiar si se permite que proceda una demanda por difamación que presentó una mujer que acusó a Trump de insinuaciones sexuales indeseadas ante la Corte Suprema de Nueva York, una decisión jurídica que podría llegar antes de que termine el año.

Los abogados que presentan la demanda hicieron el requerimiento de que se presenten todos los registros de la campaña de Trump relacionados con sus acusadoras. Si el caso prosigue, se podría tomar la declaración de estas mujeres para actuar contra Trump una vez más.

 

Donald Trump, presidente de Estados Unidos Americanos. 

 

La demandante en la causa legal —Summer Zervos, una exparticipante del programa El aprendiz, protagonizado por Trump— cuenta con la representación del bufete de abogados de Gloria Allred, quien también ayudó a presentar casos contra Bill Cosby y otros acusados de alto perfil. Los abogados alegan que Trump difamó a Zervos durante la campaña cuando en repetidas ocasiones dijo que los relatos de ella y de otras mujeres que lo acusaban eran “mentiras” y “sinrazones” y afirmó que las mujeres estaban saliendo a la luz como parte de la campaña de su opositora Hillary Clinton o andaban en busca de “diez minutos de fama”, según la denuncia.

Temple Taggart acusó a Trump de besarla en la boca cuando participó en el concurso de Miss USA en 1997.

Trump ha buscado desestimar o suspender la causa, alegando que un presidente en funciones no puede ser demandado en un tribunal estatal y que sus comentarios equivalen a discurso político, argumentos que reafirmó su equipo de asesores legales en una declaración informativa el martes. Sin embargo, los abogados de Zervos citan una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que le permitió a Paula Jones presentar una demanda por acoso sexual en contra del presidente Bill Clinton mientras él ocupaba el cargo, y varios profesores de Derecho han presentado declaraciones informativas para sustentar las bases jurídicas de dicha demanda.

Entre las mujeres que manifiestan que aceptarían la oportunidad de testificar en el caso se encuentra Jessica Leeds, quien ha acusado a Trump de tocarle los senos y tratar de meterle la mano bajo la falda durante un viaje en avión hace varias décadas. “Lo haría, no tengo miedo”, afirmó Leeds.

Cuando su caso salió a la luz pública el año pasado, Trump negó su acusación e insinuó que Leeds no era lo suficientemente atractiva para que eso sucediera. “Créanme”, dijo, “ella no sería mi primera opción”.

 


Summer Zervos, a la derecha afirmó que el presidente Trump la manoseó en 2007, presentó una demanda de difamación en su contra.

El mes pasado, cuando se le preguntó en una conferencia de prensa sobre el requerimiento derivado de la demanda, Trump dijo que eran “noticias totalmente falsas”. “Es un invento y es escandaloso lo que sucede”, dijo. “Pero así pasa en el mundo de la política”.

Durante la campaña, más de diez mujeres hicieron acusaciones en contra de Trump por cuestiones que iban desde tocamientos indeseados hasta abuso sexual. La mayoría habló después de que se dio a conocer el video de Access Hollywood en el que se veía a Trump alardeando sobre besar a las mujeres y tocar sus partes privadas sin su consentimiento.

Trump insistió en que nunca se había comportado como lo describió en la grabación y restó importancia a sus propios comentarios por ser “cosas que se dicen entre hombres”. Cuando una mujer tras otra lo acusó públicamente, negó cada uno de los señalamientos.

Cuando Zervos declaró lo que le ocurrió, que Trump la había manoseado y la había besado sin su consentimiento en su oficina de la ciudad de Nueva York y en un hotel de Los Ángeles en 2007, él dijo que nunca se había encontrado con ella “en un hotel ni la había tocado de manera incorrecta”.

Las mujeres que lo acusan, cuyas edades y ubicación geográfica varían, no se conocen entre sí y sus acusaciones datan desde la década de los ochenta. Algunas dijeron que habían conocido a Trump debido a su trabajo, mientras que otras comentaron que se habían encontrado con él de manera fortuita.

 

Taggart y otras comentaron que han pasado el último año sintiendo una mezcla de incredulidad, enojo y algo de miedo al ver que Trump decía que eran unas mentirosas, amenazaba con demandarlas y después ganaba la presidencia.

Zervos se negó a hacer comentarios pero, en la demanda, sus abogados indican que “Trump intencionalmente, a sabiendas y con mala fe, se aprovechó de cada una de ellas, con una indiferencia consciente del impacto que tendría en sus vidas y sus reputaciones que las llamara mentirosas una y otra vez”.

La demanda, que se presentó ante la jueza Jennifer Schecter, argumenta daño emocional y solicita el pago de cerca de 3000 dólares por daños económicos. Sin embargo, Allred ha dicho que el objetivo de la demanda no es financiero, sino más bien exponer la verdad.

Los expertos legales señalan que con el tiempo Trump podría ser llamado a testificar y que, si mintiera bajo juramento, el congreso tendría motivos para destituirlo, como sucedió con Bill Clinton.

Marc Kasowitz, el abogado de Trump en el caso, ha presentado diversos argumentos legales para que se desestime. Ha argüido que la cláusula de supremacía de la Constitución impide que un tribunal estatal conozca una acción en contra de un presidente en funciones y que, incluso si el tribunal de Nueva York estaba en desacuerdo, se debería suspender el caso durante la presidencia de Trump para evitar “una cacería de brujas privada que amenazaría con interferir con las operaciones del poder ejecutivo y el gobierno federal”.

Kasowitz también mencionó que debido a que las declaraciones presuntamente difamatorias se hicieron durante una campaña política nacional, se deberían considerar parte de la retórica incendiaria esperada, exageraciones y opiniones que protege directamente la Primera Enmienda”.

El día después de que Trump tomó protesta como presidente en enero, algunas de las mujeres que lo acusan marcharon en Washington y otras manifestantes, como la actriz Ashley Judd, les mostraron su apoyo.

“Nos dijo que nos mantuviéramos fuertes, que hicimos lo correcto”, comentó Taggart.

Desde entonces, Judd ha ayudado a desatar una avalancha de acusaciones en contra del productor de cine Harvey Weinstein, que trajeron como consecuencia el despido del productor de su propia empresa e inspiraron a otras mujeres a sacar a la luz denuncias similares acerca de otros jefes de renombre.

Rachel Crooks, quien dijo que en 2005 Trump le dio un beso en la boca cuando de joven trabajaba como recepcionista en la Torre Trump en Manhattan, se ha sentido alentada al ver que las acusaciones recientes podrían motivar el cambio.

Sin embargo, no pudo evitar ver un contraste en cómo han resultado las cosas para las mujeres que acusan a Trump.

“No puedo evitar preguntarme, ¿cómo puede olvidarse el país de nosotras?”, dijo.

 

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