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Mandan flores a la casa de García Márquez en Cartagena de Indias

COLOMBIA

Cartagena, Colombia (Agencia Reforma/Hernando Salazar) El intenso sol, que puso los termómetros a 30 grados centígrados, no impidió que este Viernes Santo la muerte de Gabriel García Márquez congregara en su casa de Cartagena de Indias a personas que fueron a expresar su duelo.

Hasta la residencia de la calle del Curato de San Toribio, frente a las viejas murallas y el mar Caribe, fueron llegando poco a poco algunos visitantes a dejar flores amarillas, escribir en el piso mensajes como "Gracias Gabo" o simplemente, a hacer acto de presencia.

Llegaron Silvana, de Rosario, Argentina, con un par de amigos. Llegó Max, de Querétaro, montando en bicicleta.

Llegaron caminando Luz Ángela y Mariana, de Bogotá, con un par de girasoles en sus manos, que depositaron tímidamente en el rincón donde ya había otras flores.

También llegaron unos italianos que fueron abordados por un reportero de televisión que hacía una transmisión en directo.

Y llegó una pareja de españoles, que preguntó si esa era la casa de Gabo y se tomó fotografías frente a la entrada principal mientras una pequeña congestión vehicular se formaba en la estrecha calle.

"Vine a rendirle tributo a la memoria de García Márquez. Él vivió algunas temporadas aquí y de alguna manera su espíritu también está aquí", cuenta Luz Ángela.

A varias cuadras de distancia estaba Manuel, el dueño de un negocio de flores del centro de la ciudad, cuyo alcalde decretó cinco días de duelo por la muerte del gran escritor.

Manuel asegura que aunque las ventas estaban bajas el Viernes Santo, gracias a la muerte de Gabo las cosas estaban mejorando. "Ya he vendido como 20 flores amarillas", dice.

Richard Camargo, taxista de la ciudad, admite que se siente más afectado por la muerte de Cheo Feliciano en Puerto Rico. "A mí me encanta la música", comenta.

Un Viernes Santo distinto en la ciudad más turística y festiva de Colombia.

Y la casa del escritor en Cartagena de Indias, parada obligatoria para los que estaban tristes por la muerte de Gabo, parecía ayer más sola que nunca.

Pese a la llegada de las personas que fueron a expresar su dolor, nadie se asomó por las ventanas ni abrió las puertas de la residencia.

"Como si él nunca hubiera estado allí", anota Luz Ángela.

La romería de curiosos siguió llegando, y las flores amarillas comenzaron a poblar tímidamente una parte de la pared de color terracota.