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Mauricio y Alberto, el 'club de los 60' que puja por el poder en Argentina

Mauricio Macri, de 60 años, y Alberto Fernández, de la misma edad, pujan contrarreloj en un ring del poder cuyo ganador tendrá en su mano el destino de Argentina

Por  EFE

Mauricio y Alberto, el 'club de los 60' que puja por el poder en Argentina(EFE)

Mauricio y Alberto, el 'club de los 60' que puja por el poder en Argentina | EFE

Buenos Aires.- Un ingeniero y un abogado son los principales aspirantes a presidir Argentina. Mauricio Macri, de 60 años y actual jefe de Estado, y el peronista Alberto Fernández, de la misma edad, pujan contrarreloj en un ring del poder cuyo ganador tendrá en su mano el destino de un país que transita crisis tras crisis.

Salvo haber nacido en 1959 -Macri el 8 de febrero en la localidad bonaerense de Tandil y Fernández el 2 de abril en la capital- poco o nada tienen en común los dos jugadores más destacados del tablero electoral, que se medirán en las urnas el próximo domingo con el segundo como claro favorito, según las encuestas.

Hijo de un emigrante italiano y de una argentina de origen español, el actual presidente, mayor de seis hermanos, cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Cardenal Newman -uno de los más selectos centros privados del país- y se tituló como ingeniero civil por la Universidad Católica Argentina.

Su juventud estuvo marcada por las idas y vueltas en la relación con su padre, Franco Macri, uno de los empresarios más poderosos de Argentina, quien desde temprano quiso introducir a su primogénito en los entresijos corporativos y hacer de él un ejecutivo de éxito en sus influyentes compañías.

Macri. / EFE.

Y lo consiguió, pero no sin sobresaltos. Durante años, Mauricio se puso al frente de diversas sociedades y en 1991, con 32 años, fue secuestrado durante dos semanas, hasta que su padre negoció con los captores y fue liberado tras pagar un rescate de 6 millones de dólares.

Fernández, por su parte, nació de la relación entre Celia Pérez -hermana del fotógrafo personal del expresidente Juan Domingo Perón- y su primer esposo, aunque siempre ha considerado su verdadero padre al segundo, el juez Carlos Pelagio Galíndez, hijo de un senador provincial de la Unión Cívica Radical, histórico partido adversario del peronismo.

Cursó la primaria en dos centros diferentes e hizo la secundaria en el colegio público Mariano Moreno, donde dio sus primeros pasos en la política como delegado de la Unión de Estudiantes Secundarios, de tendencia peronista.

Fernández. / EFE.

Ya a principios de los 80 se tituló en Derecho por la Universidad de Buenos Aires, y con la última dictadura (1976-1983) agonizando, llegó a liderar la juventud del Partido Nacionalista Constitucional, fundado por el derechista Alberto Asseff.

Macri, sin embargo, no empezó a aproximarse a la política hasta los 36 años, cuando en 1995 y en medio del disgusto de su padre por verle abandonar el imperio familiar, ganó las elecciones para presidir Boca Juniors, club de fútbol que durante su gestión, hasta 2007, obtuvo 17 títulos y lo alzó como el dirigente más exitoso de su historia.

Agrandado por ese palmarés, en 2003 dio el salto definitivo y creó una coalición electoral de diversos grupos, entre ellos parte del peronismo, para competir por la Alcaldía de Buenos Aires.

No ganó, pero el otrora empresario empezó a tejer una ascendente trayectoria que le llevó a ser diputado en 2005, ya al frente de su propio partido, Propuesta Republicana, y dos años después, alcalde capitalino, trampolín para pujar por la Presidencia de la República.

Pero eran tiempos en los que Néstor Kirchner (2003-2007) y su esposa Cristina Fernández (2007-2015) gozaban de gran popularidad como mandatarios, con Alberto Fernández como jefe de Gabinete, puesto al que el hoy candidato llegó tras haber ejercido diversos cargos técnicos en los Gobiernos del radical Raúl Alfonsín y del peronista Carlos Menem.

Fernández, profesor en al facultad de Derecho, también fue diputado en Buenos Aires a inicios del siglo XXI y uno de los máximos defensores de la candidatura presidencial de Kirchner, quien desde 1991 era gobernador de la sureña provincia de Santa Cruz y en 2003 consiguió llegar a la Jefatura de Estado en el epílogo de la grave crisis que estalló dos años antes.

Desde entonces y hasta 2008, mientras la gestión de Kirchner, con 'Alberto' como figura clave, dejaba atrás la hecatombe del "corralito", la relación del matrimonio con su acólito fue estrecha.

Pero a los pocos meses de alzarse Cristina como presidenta, Fernández sorprendía al renunciar tras el grave conflicto desatado entre el Gobierno y los productores agropecuarios por una serie de impuestos a las exportaciones.

Comenzaba un distanciamiento que duró años, con fuertes críticas del exjefe de Gabinete hacia la gestión de la mandataria -viuda de 2010- que no se resolvió hasta que en mayo pasado la propia Fernández -en la oposición desde que en diciembre de 2015 Macri ganó la elecciones nacionales- sorprendió al anunciar que había propuesto a Alberto ser candidato presidencial, con ella como segunda.

"Nuestra división había favorecido al triunfo de Macri y todas las consecuencias que el triunfo de Macri tenía aparejado", llegó a declarar el hoy líder peronista, que se divorció en 2005 y tiene un hijo, y hoy está en pareja con la periodista y actriz Fabiola Yáñez, su "cable a tierra" junto a su perro Dylan y su guitarra.

Mientras, su adversario, que tiene cuatro hijos, se divorció en dos ocasiones y se casó por última vez en 2010 con su "hechicera", Juliana Awada.

"El camino que hemos emprendido es un camino duro, un camino fundacional, que nos va a garantizar el futuro, que tiene que ver con recuperar el alma de un país, que viene antes de la economía", insiste un Macri derrumbado en las encuestas por la grave recesión que vive el país y convencido de los perjuicios que puede ocasionar una vuelta del kirchnerismo, movimiento al que acusa de corrupto y mal gestor.

Macri posa junto a su esposa Awada. / EFE.

Convencido de la importancia de los valores que defiende, Mauricio no se rinde, pero Alberto ya se siente presidente y promete sacar a Argentina del "desastre" económico, como reitera ya hizo junto a Kirchner.