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Migrantes enfrentan secuestros y violencia en México

Esta semana, Nuevo Laredo se convirtió en la última ciudad de México en ser incorporada a un nuevo programa, conocido informalmente como Permanecer en México.

Por  New York Times

Después de semanas de esperar su turno en el refugio Casa del Migrante Nazareth, una familia venezolana se preparó para buscar asilo en los Estados Unidos, en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, México, el 10 de julio de 2019..

Después de semanas de esperar su turno en el refugio Casa del Migrante Nazareth, una familia venezolana se preparó para buscar asilo en los Estados Unidos, en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, México, el 10 de julio de 2019..

Nuevo Laredo.-  Jorge esperó 19 días para que le dieran la cita de solicitud de asilo en los Estados Unidos, y tuvo que mantenerse a salvo hasta que le llegó su turno.

Fue un desafío desalentador porque tuvo que esperar en Nuevo Laredo, una ciudad fronteriza mexicana donde el secuestro, la extorsión, los robos y los asesinatos son comunes.

Así que Jorge, un cubano solicitante de asilo, utilizó una estrategia simple para mantenerse fuera de peligro. Nunca salió. Se enclaustró en un refugio para migrantes hasta el día en que debía presentarse ante los funcionarios estadounidenses en Laredo, Texas.

Después de su cita rápidamente lo trasladaron al lado mexicano de la frontera donde, debido a una nueva política del gobierno de Donald Trump, tendrá que esperar hasta su próxima reunión con las autoridades estadounidenses, dentro de dos meses.

Su plan de seguridad personal sigue siendo el mismo: quedarse adentro del refugio.

Nunca he vivido la experiencia del crimen en esta ciudad”, dijo Jorge, de 24 años, quien prefiere no decir su apellido para proteger a su familia en Cuba. “Y tampoco quiero experimentar eso”.

Esta semana, Nuevo Laredo se convirtió en la última ciudad de México en ser incorporada a un nuevo programa, conocido informalmente como Permanecer en México. Según esa iniciativa, miles de migrantes, incluidos muchos solicitantes de asilo, deben quedarse en México mientras esperan la celebración de sus audiencias de inmigración en los Estados Unidos.

El río grande, al amanecer, visto desde Nuevo Laredo, México. New YorkTimes.

El programa se implementó en enero, con la cooperación del gobierno mexicano, en un esfuerzo por disminuir la presión sobre el sistema de detención estadounidense y disuadir a los migrantes de hacer la travesía hacia los Estados Unidos.

Desde entonces, más de 18.000 migrantes, muchos de ellos solicitantes de asilo, han sido devueltos a México a través de los cruces fronterizos en Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez, a pesar de las objeciones de defensores de los derechos humanos que argumentan que el programa pone en riesgo a los migrantes durante su estadía en esas ciudades caracterizadas por sus altos índices de violencia.

Las críticas se han incrementado en las últimas semanas a medida que se difundió la noticia de que las autoridades estadounidenses planeaban expandir el programa a esta peligrosa ciudad en el estado mexicano de Tamaulipas.

Joel, un migrante hondureño, dijo que fue secuestrado en Nuevo Laredo, México. Los delincuentes lo liberaron porque no se pondrán en contacto con nadie que pague un rescate por él. -Luis Antonio Rojas para The New York Times

En Nuevo Laredo, los miembros de la mayor organización del crimen organizado recorren abiertamente las calles en camiones llenos de armas, dicen los residentes.

El propio Departamento de Estado estadounidense ha emitido alertas desaconsejando los viajes a Tamaulipas. “Las fuerzas de seguridad federales y estatales tienen una capacidad limitada para responder a la violencia en muchas partes del estado”, dice.

Para nosotros, para todos, es muy peligroso”, dijo el pastor Aarón Méndez Ruiz, que dirige la Casa del Migrante Amar, un refugio en Nuevo Laredo.

Durante mucho tiempo, los migrantes han sido víctimas frecuentes de la delincuencia de esta zona. Los riesgos son tan grandes que, en vez de permitir que los deportados mexicanos caminen desde el puente fronterizo hasta el centro estatal de recepción de migrantes ubicado a varias cuadras de distancia, los funcionarios los transportan en camionetas.

Los funcionarios estatales también han hecho acuerdos con las compañías de transporte para que sus autobuses recojan a los migrantes directamente en el centro de recepción, en vez de permitir que los migrantes vayan a la terminal de buses, un sitio frecuentado por los grupos criminales.

Los migrantes son presa fácil de los delincuentes, al punto de que la policía federal puso un centinela permanente en uno de los refugios.

Una familia de migrantes guatemaltecos en el refugio Casa del Migrante Nazaret en Nuevo Laredo, México. Ellos fueron secuestrados en una estación de autobuses y retenidos durante tres días por un grupo de narcotraficantes mexicanos. New York Times.

El padre Julio López, que dirige esa institución llamada la Casa del Migrante Nazareth, aconseja a los migrantes que no salgan del edificio con su teléfono celular porque, en caso de que sean secuestrados, los delincuentes no podrán ubicar a sus familiares en los Estados Unidos y exigir fuertes rescates.

Médicos sin Fronteras reportó que más del 45 por ciento de los cientos de migrantes que atendieron en Nuevo Laredo, entre enero y mayo de este año, habían sufrido al menos un acto de violencia en la ciudad.

La mayoría de nuestros pacientes no salen a la calle debido al riesgo inminente de secuestro”, dijo María Hernández, miembro de la organización.

La expansión del programa Permanecer en México forma parte del acuerdo logrado el mes pasado entre los gobiernos de México y Estados Unidos que busca cumplir la estrategia migratoria de Donald Trump. Como parte del acuerdo, cuyo objetivo es frenar el flujo de migrantes indocumentados hacia Estados Unidos, México desplegó más de 20.000 efectivos de las fuerzas de seguridad.

Esta semana, el Departamento de Seguridad Nacional dijo que las detenciones de migrantes en la frontera suroeste habían disminuido considerablemente respecto al mes anterior, lo que sugiere que la nueva cooperación entre los gobiernos de México y Estados Unidos podría estar funcionando.

Algunos migrantes que deben permanecer durante largos periodos en México, mientras se resuelven sus casos de inmigración en los Estados Unidos, se dan por vencidos y regresan a sus países. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) contrató varios autobuses en las últimas dos semanas para transportar a unos 140 migrantes que regresaron a Guatemala y Honduras. Ninguno de ellos había planeado buscar asilo en los Estados Unidos, dijeron los funcionarios de la OIM.

Jorge, de 24 años, un solicitante de asilo cubano, esperaba un refugio en la ciudad mexicana de Nuevo Laredo, conocida por sus secuestros y violencia. - Luis Antonio Rojas para The New York Times.

Las primeras personas que regresaron a Nuevo Laredo con el programa atravesaron la frontera desde la ciudad vecina de Laredo, Texas, el martes 9 de julio: fueron 10 cubanos y venezolanos.

Reinier, un solicitante de asilo cubano que tiene 38 años, estaba entre ellos. A pesar de que ya sabía de las nuevas medidas, regresar a Nuevo Laredo fue “un golpe”, dijo, y agregó que hubiera preferido permanecer en la detención estadounidense porque era más seguro.

Durante las seis semanas que esperó en Nuevo Laredo para su cita, rara vez salía del refugio por el peligro en las calles. Ahora dijo que tenía que soportar dos meses más en Nuevo Laredo antes de comparecer en la corte.

Esta semana, el regreso de los migrantes ha seguido un patrón: son escoltados hasta la mitad del puente fronterizo por los oficiales de de Estados Unidos, quienes los entregan a los funcionarios de México. Una vez que los migrantes son procesados, son liberados sin ninguna guía o asistencia adicional del gobierno.

Me sentí abandonado, desprotegido”, dijo Reinier en una entrevista en el refugio de Nazareth, y pidió mantener su anonimato para proteger a sus familiares que se quedaron en Cuba.

El director del refugio, el padre López, dijo que estaba indignado por el abandono de los migrantes por parte de los gobiernos de Estados Unidos y México, según la nueva política cuyo nombre oficial es Protocolos de Protección a Migrantes.

“No hay protección”, dijo. “No hay seguridad”.

Las historias de los peligros que enfrentan los migrantes en Nuevo Laredo abundan en los seis albergues de la ciudad. Quienes tienen la suerte de encontrar empleo a menudo son transportados por los empleados de los refugios hasta sus trabajos, y luego los traen a las instalaciones por motivos de seguridad.

Joel, un migrante hondureño de 25 años, dijo que había viajado a Nuevo Laredo con la idea de cruzar el Río Bravo de manera ilegal y adentrarse en Estados Unidos. Pero cuando llegó a la terminal de autobuses de la ciudad, un grupo de extraños lo empujó en un camión y se lo llevó.

Funcionarios de la Patrulla Fronteriza y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos verifican los documentos de una familia venezolana en el puente internacional entre Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, México. New York Times.

El joven dijo que estuvo detenido durante nueve días, en los cuales los secuestradores llamaron a los números estadounidenses que encontraron en su teléfono con la esperanza de encontrar un familiar que les pagara un rescate de 8000 dólares. Joel cuenta que, al no encontrar a nadie que pudiera pagar, los secuestradores lo liberaron con la amenaza de que, si lo encontraban nuevamente, lo matarían.

Afectado por la experiencia, y al darse cuenta de que cruzar la frontera iba a ser más difícil de lo que había previsto, ahora está tratando de averiguar cómo regresar a casa.

Puedo entregarme a los funcionarios de inmigración”, dijo.

El pastor Méndez, del refugio Amar, cree que un número cada vez mayor de solicitantes de asilo se verán obligados a esperar en Nuevo Laredo y renunciarán al proceso cuando se den cuenta de lo difícil que es y lo débiles que son sus casos.

“Muchos van a desistir”, afirmó. “Muchas personas, por falta de pruebas, van a regresar a sus países”.

José Luis Navarrete Flores, un mexicano de 31 años que durante tres meses ha estado esperando, con su esposa y tres hijos, la cita para solicitar asilo en los Estados Unidos, dijo que no había forma de que se rindiera. Pero también comentó que podría mudarse a una ciudad más segura y con más oportunidades de trabajo.

“Más que nada, es el miedo a salir a la calle”, dijo.

Jorge, el solicitante de asilo cubano, dijo que dos meses más de espera en Nuevo Laredo serían un pequeño sacrificio. Señaló hacia Estados Unidos, a varios cientos de metros del refugio.

“Me quedaré ahí por el resto de mi vida”, dijo con aplomo, mientras miraba la distancia que todavía separa a sus esperanzas de la realidad.