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Papa Francisco ofrece emotivo mensaje para la Cuaresma 2019

El pontífice hace un llamado a la humanidad a la conversión, abandonar el egoísmo y dirigirse a la Pascua de Jesús en esta Cuaresma

Por  El Debate

El papa Francisco ofreció un mensaje para la Cuaresma 2019.(EFE)

El papa Francisco ofreció un mensaje para la Cuaresma 2019. | EFE

Vaticano.- El papa Francisco ofreció un emotivo mensaje para la Cuaresma 2019, en el que hace un llamado a la humanidad a la conversión mediante el ayuno, la oración y la limosna.

El mensaje del papa Francisco para la Cuaresma fue difundido hoy por la Santa Sede, y se titula "La creación, expentante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios" (Rm 8,19).

En su mensaje, el pontífice recuerda que cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios "concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que (...) por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios".

El papa sugiere algunos puntos de reflexión "que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma":

1- La redención de la creación

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.

2- La fuerza destructiva del pecado

Cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas (y también hacia nosotros mismos), al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo (...) Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

3- La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

El camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Por último, el papa llama a abandonar el egoísmo y dirigirse a la Pascua de Jesús y hacerse prójimo de quienes pasan dificultaes, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales.