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Preocupa en EUA operativo fallido contra hijo del Chapo

 Experto en crimen organizado subraya que el Gobierno mexicano ha sido rehén del narcotráfico desde hace 60 años, con la novedad de que ahora lo admiten públicamente

Por  Itzé Coronel Salomón

Casquillo de bala que quedaron regados en el suelo justo donde comenzó el enfrentamiento.(Foto: Luis Gerardo Magaña / El Debate)

Casquillo de bala que quedaron regados en el suelo justo donde comenzó el enfrentamiento. | Foto: Luis Gerardo Magaña / El Debate

Sinaloa.- El operativo fallido es una catástrofe y genera desconfianza del Gobierno estadounidense en México, es el comentario en círculos de seguridad e inteligencia del vecino país tras la liberación de Ovidio Guzmán, señala el Dr. David Shirk, experto en las relaciones México-Estados Unidos.

«Si yo fuera un oficial de inteligencia o del Gobierno de Estados Unidos, después de este momento no confiaría en el Gobierno mexicano para pasarle inteligencia que tengo, porque lo más probable es que no va a actuar, no va a cumplir con su deber de detener a estas personas».

El Dr. Shirk comentó en entrevista especial para EL DEBATE que la reflexión sobre lo acontecido en Culiacán, el pasado jueves 17, es que fue un fracaso por parte del Gobierno federal, fue un operativo no coordinado debido a una falta de comunicación entre el Gobierno nacional y unidades a nivel estatal, «desconocemos si hubo alguna influencia por parte de otros grupos delincuentes, como el Cártel de Jalisco Nueva Generación, es muy posible que la información o el impulso para llevar a cabo este intento de capturar al hijo del Chapo fue por una infiltración por parte de otros elementos de la delincuencia organizada, es una teoría posible», aseguró el director del centro Justice in Mexico. 

El especialista en ciencia política y relaciones internacionales dijo que la actuación del Gobierno mexicano frente a la violencia desatada por el operativo fallido de captura de Ovidio manda un mensaje que se va a recibir en Estados Unidos con muchas críticas y con mucha preocupación.

Dr. David Shirk, experto en las relaciones México-Estados Unidos.. Foto: Cortesía

Sin embargo, admitió que tenemos que reconocer que el equipo del presidente López Obrador realmente no cree en la lucha contra el narcotráfico, «cree en que se debe cambiar el paradigma de este problema, y está tratando de hacerlo y no sabemos si va a ser exitoso, es definitivamente un cambio significativo de estrategia y vamos a ver exactamente lo que significa, creo en los próximos meses».

Cambio de paradigma

Dijo el experto, quien es autor del libro Responsabilidad compartida: opciones políticas Estados Unidos-México para combatir al crimen organizado, que realmente no importa por qué lo hicieron, lo que importa es que fue muy mala la coordinación, y eso resultó en una situación mucho más peligrosa porque no tuvieron las precauciones que debían de haber tenido para asegurar que el operativo no se convirtiera en una balacera y que la reacción del grupo de la familia Guzmán, del Cártel de Sinaloa, se convirtiera en un riesgo de seguridad ciudadana, puntualizó el investigador. 

El director de Justice in Mexico, que se dedica a realizar investigación para mejorar la seguridad ciudadana, fortalecer el Estado de derecho y proteger los derechos humanos en México desde los Estados Unidos, resaltó el contraste de las posturas que se han visto anteriormente con otros gobiernos, que han hecho errores o malos cálculos similares en el pasado. «Este gobierno, para bien o para mal, hizo algo totalmente inesperado, primero admitió lo que no sabía o lo que no entendía de la situación, que no estaban bien coordinados, admitió también y reconoció que no era factible sostener o mantener capturado al hijo del Chapo Guzmán, y decidieron que no valía una sola muerte inocente más para mantener esa captura, en vez de tener una continuación de la balacera y de la violencia». 

Agregó el experto que en otros gobiernos como el de Enrique Peña Nieto, se han liberado delincuentes bajo las mismas presiones, en su caso fue de manera clandestina, pero dijo que de facto ha habido gobiernos en el pasado que básicamente sí han sido presionados por la delincuencia organizada, señaló que esto no es nuevo, lo que es nuevo es que admitan públicamente que no quieren enfrentar a un grupo tan violento que puede dañar a la ciudadanía en general.

«Esto es muy interesante porque si mi hijo estuviera caminando por las calles de Culiacán, si el costo de tener detenido a Ovidio Guzmán es que muriera mi hijo o los hijos de otras personas, pues no lo apoyaría, no valdría la pena, captar vidas inocentes para la captura de un narcotraficante». 

El Dr. David Shirk hizo hincapié en que se entiende que el resultado de esto es que ahora los narcos se sientan impunes, que sientan que ahora pueden hacer lo que quieran, siempre y cuando ellos inciten a usar violencia contra el Estado, «el Estado parece ser ahora rehén del narco, yo entiendo perfectamente ese argumento, pero la realidad es que el Estado mexicano ha sido rehén del narco por 40, 50 o 60 años, no ha cambiado nada, o lo admiten públicamente como hizo López Obrador, que no tienen manera de enfrentarlo, o lo hacen de manera clandestina como cualquier otro gobierno en los últimos 40 años”, enfatizó el especialista en violencia del narcotráfico.

Estrategias a largo plazo

A decir de Shirk, lo que esto implica es que, obviamente se debe escoger otro camino, «yo creo que no vale la pena perder vidas inocentes para capturar a más narcos, y esa ha sido la postura del gobierno de López Obrador desde el principio, que no vale la pena una lucha frontal contra la delincuencia organizada porque el costo en términos de vidas inocentes, de oficiales y el costo de la corrupción es demasiado alto», subrayó. 

Comentó que, a pesar de tener muchas críticas del actual Gobierno federal, hay que reconocer que su postura es consistente en cuanto a su filosofía de cómo debemos procurar esta llamada guerra contra la delincuencia. 

En cuanto a los pasos a seguir, después de la ola de violencia que tuvo secuestrada a toda una ciudad, la capital del estado de Sinaloa, Shirk afirmó que primero que nada, el Gobierno federal debe comunicar a la ciudadanía que fue una decisión difícil, pero que optaron por minimizar la violencia, en vez de mantener una estrategia kingpin demostrablemente fallida, estrategia que se desarrolló a principios de los 90 por la DEA y fue adoptada en México por el presidente Felipe Calderón.

Explicó que esta estrategia ha demostrado su falibilidad por la violencia que puede causar y efectivamente lo que pasó en Culiacán demostró que si vas a detener a capos vas a tener problemas de violencia, «lo que hay que explicar de manera clara es cuál es la estrategia de largo plazo para cambiar el paradigma porque ahora tenemos que preguntar si no podemos detenerlos, si vamos a declarar la derrota de la guerra contra las drogas, ¿cómo vamos a salir de esta guerra?, ¿vamos a legalizar la droga o simplemente entregar el país a los narcos?, ¿cuál es la estrategia de esta administración?, yo creo que eso hay que clarificarlo porque parece muy confuso, yo creo que sí hay una lógica, pero no está clara», concluyó el experto y académico estadounidense. 

Estrategia kingpin en México

La Agencia de Control de Drogas de los Estados Unidos (DEA) creó la estrategia kingpin en la década de 1990 para apuntar al liderazgo y la financiación de las organizaciones de narcotráfico. Utilizado por primera vez en Colombia para paralizar los cárteles de Cali y Medellín, fue aceptado por el presidente mexicano Felipe Calderón en 2006 y se convirtió en un pilar en la guerra de México contra el crimen organizado.

Al asumir el cargo en 2012, el presidente Enrique Peña Nieto intentó distanciarse públicamente de las estrategias de seguridad más militarizadas de su predecesor y la estrategia kingpin, pero la captura de casi una docena de líderes de cárteles durante su mandato sugiere lo contrario. Los arrestos de alto perfil durante la presidencia de Nieto han incluido la captura de Joaquín “Chapo” Guzmán, del Cártel de Sinaloa; Miguel Ángel “Z40” Treviño, de Los Zetas; Nazario Moreno González y Enrique Plancarte Solís, ambos de lo Caballeros Templarios.