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El beneficio de ser pobre, conmovedora historia de superación

Mayra es el nombre de la joven que relata, según su experiencia de vida y la de su familia, la abismal diferencia entre el ser una persona pobre y una marginal

Por: Alina Torres

Foto solo ilustrativa Pixabay

Foto solo ilustrativa Pixabay

Argentina.- Mayra Arenas, hoy a sus 30 años, es una joven que narra su historia de vida y todo lo que la ha rodeado, así como la enorme diferencia entre hablar de ser marginal y ser pobres.

"Mi hermana Gisella Marisol y yo tuvimos el beneficio de ser pobres" dice una parte de su historia, misma que ha sido compartida más de 43 mil veces de su cuenta personal. 

Hoy es estudiante de ciencias políticas, "para poder explicarles mejor a los marginales, a los pobres y a los que no entienden, por qué los pobres siguen siendo pobres". 

Al iniciar su relato hablando de su madres, "mi vieja" como la llama Mayra, quien comenta que se ve mucho mayor pese a los 41 años que en realidad tiene, de una estatura muy baja debido a un problema al nacer y por sus embarazos se le han caído muchos diente. 

 Mi vieja nunca aspiró a tener nada, siempre sintió que hay cosas que simplemente no eran para ella. Siempre sintió que ciertas cosas “son cosas de ricos” incluso cosas mucho más sencillas de las que piensan.

Foto: FB Mayra Arena

La madre de Mayra varios hijos, todos de distintos hombres. En el hospital le explicaban que no tuviera más, que tenía que cuidarse, pero ella no entendía. "Nosotros llevamos el apellido de ella y salvo el más chico, ninguno conoció a su respectivo padre", platicaba la mujer.

Mi hermana Gisella Marisol y yo, tuvimos el beneficio de ser pobres.

De niñas, su madre "marginal" las mandaba a pedir dinero a las calles todos los días. Tenían hermanos menores por lo que si alguien no les daba una moneda seguían pidiendo hasta conseguir porque a su casa no podían llegar sin nada. En las panaderías era de donde más obtenían, mientras su mamá los esperaba afuera del establecimiento, los hermanos más chicos pedían a los compradores.

 Mi vieja no entraba porque a los grandes no les dan casi nunca nada. Hay lugares que igual nunca dan nada y lugares que siempre te dan aunque sea un panecito. 

La abuela trabajaba limpiando, lo poco que sabían sobre un trabajo era lo que ella les decía que eran horribles: Las patronas eran malas y siempre le hacían cosas horribles, le pagaban menos de lo que le prometían y se hacían las desentendidas. A veces se iban un mes a Europa y ese mes la dejaban sin paga. Cuando trabajaba, no le pagaban casi nada, incluso nosotras pidiendo en la panadería, a veces conseguíamos cosas que ella no podía comprar ni ahorrando.

Un día su madre tuvo problemas con su abuela y salieron de casa para llegar a un lugar con carencias, sin baño y donde eran alimentados por un comedor que estaba cerca de su casa.   

De niña, cuando eres pobre, lo que te salva de la marginalidad es creer. Creer que algún día vas a tener todo eso que quieres tener. 

"Todos los grandes te dicen todo el tiempo que no dejes la escuela, que estudies mucho".

Mayra habla de una persona que conoció y que vivían en una casa en la que en aquel tiempo para ellas era casi una mansión. Hoy saben que solo era una casa donde existía un comedor y varios cuartos, jugaban con su hija y Mayra le encantaba entrar a su baño con su espejo grande y papel con dibujitos y puntitos para cortarlo derechito. "Cuando se es pobre la riqueza se mide en esos detalles".

 Ellos eran ricos. Todos los días la acompañábamos a la cooperativa y ella nos dejaba elegir el yogur que quisiéramos. Todos los días le preguntábamos de hasta qué precio podíamos agarrar, y ella nos decía que de cualquier precio, que agarráramos el que más nos guste. Definitivamente eran ricos.

Marcelo y su esposa Claudia, quienes fueron quienes las recibieron, siempre les decían que fueran a la escuela. 

"En la escuela, también éramos pobres, no marginales", señaló Mayra, quien además comentó que en la escuela los ricos llevaban mochila de carrito y compraban en el recreo.

Ella y su hermana eran muy estudiosas, solo tenían problemas por no llevar lo que les pedían, siempre por falta de dinero, pero siempre siguiendo lo que les señalaban: estudien y les va ir mejor.

Llegaron a a tener una sola chamarra que se compartían un día una y otro día la otra.Mayra siempre decía que no tenía frío aunque luego cayera enferma.

Éramos pobres, no marginales. No queríamos dejar la escuela. Conocíamos gente que no era pobre y era gente que trabajaba y había estudiado, entonces por ahí venía la mano. 

Pasaba el tiempo y su madre no conseguía trabajo fijo, por lo que recuerda que una vez se robó queso de un supermercado para comer, pero el día que ella se atrevió robar un pequeño dulce le dijo que jamás lo hiciera o si no la iba hacer pasar una gran vergüenza, jamas volvió a tocar nada en su vida pero recuerda como "moría" por ese dulce.

Cuando Mayra tenía 12 años ya no quería pedir más dinero en las calles, " me daba vergüenza. Y ahí ocurrió algo que casi nos empuja a la marginalidad, pero con el tiempo zafamos".

Relató que cuando se enteró que su padrastro, papá de su hermano más pequeño, saldría de la cárcel sabían que su madre volvería con él pero solo recordaban cosas no muy gratas juntos así que cuando su hermana lo supo decidió con 9 años salir de su casa y volver con la abuela.

Por su parte, Mayra se quedó por su hermano pero cuando se dio cuenta de nuevo de la triste realidad con 13 años solo quería salir de su casa por lo que decidió tener novio, un hombre 30 años mayor que ella y se fue a vivir junto a él. Dejó la escuela por miedo a que se enteraran de la relación y su pareja terminara en la cárcel. Mayra salió embarazada a los 14 años, entonces fue de nuevo marginal, nadie quería darle trabajo a alguien tan joven y con un hijo.

 Mi hermana seguía siendo pobre, siempre estudiando, siempre esperanzada de salir adelante.

Mayra trabajó en lo poco que podía, ya que a pesar de que tomó un curso de peluquería nunca pudo encontrar trabajo. El primero que tuvo fue por que a sus 16 años fingió que tenia 19 y ahora cuidaba a un abuelo hemipléjico y recibían un pequeño sueldo mensual solo para comprar cosas para su hijo y comer.

"¡De nuevo pobre! Ya no marginal. Es abismal la diferencia", refiere.

Comparte Mayra una fotografía junto con su relato, al fondo se ve el pequeño ranchito que compró luego de que su abuela le diera unas cosas para vender, por fin tenían un lugar que era la gloria pare ellos, ahí se fue a vivir con su hijo luego de separarse de su padre al que desde hace un tiempo ya no sentía un afecto por él y siguió trabajando cuidando gente adulta. 

Imagen que compartió con su relato Mayra. Foto:FB Mayra Arena

Entonces teníamos casa, comida y un pequeño sueldo. A los 21 años aprendí un oficio y gracias a internet y la facilidad de promocionar tu trabajo gratis, pude trabajar menos horas durante el día y empezar a estudiar. Pobres, no marginales.

Trabajar de joven es duro, buscar y buscar y que nadie te llame, pero a diferencia de su madre y ellas era que tenían la esperanza de que las llamarían y les dirían “venite el lunes a primera hora”. Y tarde o temprano ese día llega.

Su hermana consiguió trabajo a los 16 recibiendo un sueldo de acuerdo a como estuviera el día según su jefe, pero se mantenía en ellos por ser un poco más desenvuelta, logró alquilar un lugar para vivir y comer, se frustra a veces comenta, pero que como todo pobre, al otro día se levanta y sale a ganarse el mango igual. Además estudia, "cuando sos pobre siempre te dicen que estudiar es la salida y vos lo creés". 

"Mi vieja sigue siendo marginal", la madre de Mayra sigue trabajando en limpieza, mantiene sus hermanos de apoyo y su situación no ha mejorado mucho desde que eran chicas, ellas luego de independizarse ayudan con lo que pueden a su familia y hermanos, "Cuando sos marginal, como mi vieja, aceptas que tu único futuro es la pobreza, no te interesa nada porque estas segurisimo de que nunca podrás tener nada".

Los ricos muchas veces no te ayudan ni con trabajo, no caer en la marginalidad se evita con la esperanza de salir de pobre, siempre empezarás de poco a poco y las necesidades serán muchas, sabes además que hay alguien en tu familia peor que tú y vas a querer apoyarlo, el crecimiento se vuelve más lento, compras algo para un hijo pero ya no puedes comprarle a tu hermana que también lo necesita, te vuelves el sostén de tu familia porque si tú eres pobre pero tu madre marginal.

Con su pequeño hijo por quien se supera día a día Foto:FB Mayra Arena

No es lo mismo ser marginal que ser pobre: el mundo es de un color distinto.

Ser pobre y venir de una familia pobre tiene sus ventajas, ya que serán tus padres quienes te alienten a seguir adelante y sales tarde o temprano. 

Mayra ahora estudia Ciencias Políticas y una vez leyó una frase que dice “la diferencia entre un marginal y un pobre es que el pobre tiene claro su lugar en el mundo”.

El que lo escribió lo hizo, claro, analizando desde afuera. Pero no le erra. El beneficio de ser pobres es que entendés rápido que tenés que adaptarte al medio para sobrevivir. A un marginal como mi vieja, le expliques como le expliques, no lo entiende.

La conclusión de la historia de Mayra y su perspectiva es la siguiente: Los leo odiando a ciertos pibes (jovenes) porque sus padres o ustedes mismos fueron pobres y salieron adelante, no puedo ponerme a explicarles esto de que ser pobre es infinitamente menos malo que ser marginal. Es muy largo, es muy complejo, y además no sé si me van a querer escuchar.

Por eso estudio ciencia política y por eso estoy segura de que mi hermana estudia para maestra. Para poder explicarles mejor a los marginales, a los pobres y a los que no entienden por qué los pobres siguen siendo pobres. Igual sabemos que estudiemos lo que estudiemos hay gente que no nos va a querer escuchar. Hay gente que no es marginal, pero igual le explicás, y no entiende.

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