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Chicas Kaláshnikov

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Apenas ayer por la noche, en un restaurante de Ciudad Juárez, la Güera quiso ser mi Marco Polo en el mundo del sicariato de lápiz labial. Llegó haciendo ruido con sus tacones como si hubiese querido dejar huella. La mujer era tan guapa que inspiraba pensamientos indebidos. Tal vez sea cierta su leyenda: los hombres nacieron para adorarla. Olía, vestía y desparramaba Ed Hardy como toda chica edhardyzada. "Soy la Güera, la sicaria", se presentó con ínfulas de Camelia la Texana, y yo le creí a esta hembra de corazón porque sus uñas, largas y brillantes, eran una especie de navajas suizas.

Amado Carrillo, el Tony Soprano de Chihuahua y virtuoso de la muerte, tuvo un caballo al que llamó Silencio, y eso era lo que la Güera menos guardaba. Blofeaba. Decía que dormía con un Kaláshnikov debajo de su almohada y llegó a contar una estrafalaria historia sólo para remachar que los días de matar le sabían ya a aceite quemado. No porque le desagradara ser pistolera, pero como ocurre con la cerveza, después de mucha, fastidia.

En el tren de confesiones, sin embargo, la Güera aceptó que en los últimos veinte minutos se había inventado una vida. Su trabajo en el cártel era otro, no menos arriesgado: coquetearle a los narcos rivales; saber todo de ellos, nunca contar nada sobre ella y entregarlos al jefe para que les arranquen los dedos, les corten los testículos y les agujeren la cabeza.

Algunos narquillos que han sido arrestados han dicho que estas modernas Mataharis salieron de los huevos de la Línea, esos pistoleros del cártel de Juárez que han estado usando la estrategia más vieja para conservar la plaza: matar a los contras. Hoy se sabe que el cártel de Sinaloa tampoco ha dejado fuera a las mujeres de su plan empresarial. Los narcos de esta última década han entendido que hay mucha gente por matar y necesitan manos que estén dispuestas. Los Artistas Asesinos, los Aztecas, los Mexicles, la Güera y tantos más de sangre fría son parte de esa mano de obra barata. A la Güera, a diferencia de estas tres bandas, no le gusta decir para qué cártel trabaja. Al principio, por el desprecio con que llegó a referirse al Chapo Guzmán, pensé que su santo patrono era Vicente Carrillo. Pero a Vicente también lo maldijo y pidió a la Santa Muerte que el Chapo, su paisano, conquistara este país de muertos.

Con quien sea para quien trabaje, la Güera ha puesto su gotita de sangre para que 29 por ciento de las ejecuciones en México suceda en este estado. Podría decirse que esta linda chica ha enrojecido lo suficiente el río Bravo para que la diabetes, la vieja líder, haya sido superada por el asesinato como causa principal de muerte en Chihuahua.

La Güera, por ejemplo, entregó al cártel a un policía que en la cama solía prometerle amor infinito. A otro, un narcomenudista, le soportó golpes y el sexo más salvaje, todo para llevarlo a una casa de seguridad donde lo torturaron hasta que lo decapitaron con una motosierra. También tuvo que flirtear con un gordo de aliento insecticida que lavaba dinero para los rivales. "A ése lo pozoliaron", dijo la Güera con una indiferencia de reptil, y yo imaginé al tipo metido de cabeza en un tambo con ácido, pataleando.

–¿Y a poco no sueñas con toda esa gente que has entregado al matadero? —le pregunté, y ella tamborileó las uñas sobre la mesa.

–Si lo hiciera, me tragaría el remordimiento —contestó y soltó una sonrisa con la que hubiese sido capaz de sentar al Chapo y a Vicente Carrillo para hacer las paces—. No me estoy riendo de ti —advirtió con suavidad—, es que orita me acordé de un hijo de la chingada.

Extracto tomado del libro Chicas Kalashnikov y otras crónicas (2013) con autorización de Editorial Oceano.

AUTOR

Alejandro Almazán

Periodista (CD. de México, 1971)

Periodista y escritor. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha colaborado en distintos medios como: Macrópolis, Reforma, Milenio, El Universal y Canal 40. Ha obtenido tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de crónica. En el terreno literario, ha escrito las novelas Entre perros y El más buscado.

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