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Cintas de culto

NUEVOS LIBROS

«Películas de culto» no significa que alguien le prende velitas, le rece en la noche o se le sacrifique encima una cabra —cosa que además apelmaza cualquier DVD—. El culto que despiertan las cintas determina que los fieles se estén hasta las tres de la madrugada discutiendo sus virtudes o defectos, que les escriban un artículo, poemas o novelas. A veces hay quien se viste como los personajes en un ataque fetichista, o pretende —como todo fanático— convencerte de que el mundo no es mundo si no pasa a través de esa película.

Como los milagros, las películas de culto les suceden a sólo unos pocos escogidos. Cumplen el paradójico papel de ser un producto del consumo de masas secreto. Debe ser posible verlas, pero también debe ser muy, muy difícil. Cine de oculto.

Se encuentran en botaderos a precios irrisorios, o las venden muy caras en exóticas regiones —siete, por ejemplo—; uno puede toparse con ellas a las dos de la mañana como relleno en un canal de películas no muy prestigioso, o te la vende uno de esos piratas con mejor gusto e infinitamente mejor catálogo que la Cineteca Nacional.

Hay libros que analizan cada escena, que aparecen en colecciones extremadamente caras y a veces más difíciles de encontrar que la propia cinta, y libros que hablan de esos libros. Se escriben blogs, se cuentan chistes sólo-para-enterados, se escriben artículos, a veces se hace divulgación cinematográfica para que esa joya no caiga en el olvido.

En ocasiones una película de culto es una señal para unos pocos, y saber que otro la disfrutó tanto como tú convierte el mundo de un páramo lleno de ignorantes a un mundo donde unos pocos elegidos saben.

Quienes creen que las cintas de culto dicen mucho de tu personalidad, generalmente son psicólogos que creen cualquier cosa. Puedes amar del mismo modo Garganta Profunda, que las cintas escolares de Tarkovski. Disfrutas del mismo modo La gran aventura de Pee Wee que esa película de Andy Warhol donde un tipo se fuma lentamente un puro. Comprendes la genialidad de la primera cinta de Yahoo Serius, El joven Einstein, y disfrutas de la sensualidad corrupta de Tetsuo: the Iron Man. A veces tus más cercanos amigos no comprenden qué te admira tanto de las películas canadienses de Cronenberg y más de uno se queja de la iluminación de Asalto al Precinto 13, o no entiende de plano tu admiración por la pelotota de gelatina de The Blob. No comprenden que en una cinta de culto muchas veces los defectos son sus virtudes, que lo malo es lo bueno. Hay errores épicos en su magnitud y es esta grandeza tarada lo impresionante. Las películas que filmó Rafael nunca llegarán a las alturas de las de Juan Orol, por ejemplo. Pero cine de culto no es cine malo, uno puede decidir amar sólo cintas de un cuidado formal exquisito. Pero debe ser una selección natural. El cine de culto es cine personal. Es un engranaje que nos muestra la verdadera faz del mundo. La lógica dentro de las cintas de culto se define a sí misma en ese ejemplo en particular, funciona en exclusiva en ese momento. Es la excepción que confirma su propia regla. Nos muestra que la lógica en este lado de la pantalla puede ser tan ilusoria. Son facetas de nuestro universo mental. Planetas de una galaxia que puede contener a los cruzados de Monty Python and de Holy Grail, al Londres de 1984 de Brazil, Los Ángeles de Blade Runner, en donde la lluvia no cesa, el desierto infinito de los Mad Max, el mundo osario de El séptimo sello, los monstruos de cartón piedra de El Santo, la risa esquizofrénica de Betty Blue, la mirada vacía de Los usurpadores de cuerpos, los fantasmas bailarines del Carnaval de las almas, puede tener monstruos y bellezas, a David Lynch, a los hermanos Cohen, a tu vida diaria, al hecho de que recorras estantes interminables en los videoclubes y los tianguis buscando esas verdades ocultas, al hecho de que imágenes reflejadas en pantallas hablen de tu vida de una manera que no puedes comprender, en que comprendes de pronto el poder del canto de las esferas de la creación, la voz de las sirenas, la fascinación de la epifanía, así venga en región 1 sin subtítulos en español.

Fragmento del libro Entre la luz (y otros temas igual de tangibles) (2013), publicado con autorización de Ediciones Arlequín.

Consíguelo

Entre la luz (y otros temas igual de tangibles)

Editorial: Arlequín

ISBN: 978-607-9046-72-9

José Luis Zarate

(Puebla, 1966)

Es considerado uno de los escritores mexicanos más reconocidos dentro del género de la ciencia ficciónSu obra abarca ensayo, poesía y narrativa. Ha obtenido varios premios entre los que destacan el el Premio Kalpa (1992), el Premio MECyF (1998 y 2002) y el Premio UPC de ciencia ficción (2000).

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