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De pinta con el Diske One

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Para empezar el Diske ya traía una ídea clara del trabajo que se disponía a realizar.

Acto seguido se dispuso a limpiar la pared que sería lienzo de su pinta-

Y a dar los primeros trazos del dibujo.

Aquí la pinta ya iba tomando forma.

El delíneado con pincel dio los últimos toques.

Para finalizar, Diske firmó su obra.

Aquí otro de los trabajos del Diske, este frente al MASIN.

Este huichol se encuentra en la esquina de Buelna y Ramón Corona.

Cerca del ISIC podemos encontrar esta pinta.

Esta semana en Tónica nos fuimos de pinta con el DISKE ONE.

Nos encontramos en catedral en su día de descanso para acompañarlo en la búsqueda de un buen lienzo en alguna pared del centro de la ciudad y la elegida fue una por la calle Andrade, entre Rosales y Buelna.

Las paredes de este callejón, tal vez por ubicarse justamente entre la Escuela de Artes Plásticas de la UAS y el Instituto Sinaloense de Cultura, se han vuelto uno de los escaparates preferidos por artistas urbanos, tanto locales como aquellos que han hecho parada en Culiacán, quienes lo han transformado en algo así como una extensión del Paseo del Arte, pero este de arte urbano.

Por esto, desde Tónica aprovechamos para saludar y hacer un reconocimiento público a los propietarios de estas paredes, que desinteresadamente y a veces incluso sin querer, se han vuelto los principales promotores de un arte que ha logrado colarse a los museos del mundo y que, en Culiacán, está generando cultura al dar cause a la creatividad del talento joven sinaloense. Hecho esto, prosigamos con la nota.

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El Diske (Culiacán, 1989), pa'los compas, es uno de los artistas urbanos que en los últimos años han surgido desde las calles de un Culiacán que busca que su mensaje llegué directamente a la gente, sin tener que pasar antes por filtros mediáticos e institucionales.

En el caso del Diske, su objetivo es hacer recordar a todo transeúnte que pose su distraída mirada sobre alguna de sus pintas que México es un país multicultural y que la diversidad cultural es hermosa, tan hermosa como la elaborada confección y los colores de la vestimenta e indumentaria huichol. "Mi idea es fomentar en la gente que estas culturas no se han muerto, que estas culturas viven", explica sobre sus graffitis.

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Aún en boceto, el Diske me mostró como se vería el trabajo que estaba a punto de realizar. Un tronco cortado y tallado como un huichol con mascara de venado, un nido en una de sus manos y una casa para aves en la otra reverdece rodeado de un halo amarillo de energía, así como el ki de Goku cuando se transforma en supersayayin fase dos. "Se llama reverdeciendo", me dijo, "como la canción del lengualerta".

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Como mucho chamaco revoltoso, el Diske se inició en el graffiti dibujando bombas en sus libretas de la escuela porque "desde que empezamos a crecer todos queríamos tener una placa y poder decir yo soy fulano, yo soy mangano", cuenta.

Empezó firmando puro tag (puro desastre como dice el) y tuvo varias placas, pero cuando la clicka le preguntaba si rayaba siempre contestaba que diske y así le quedó el nombre. "Anteriormente mi placa era UASER pero me agrado más la idea de DISKE, el ONE se lo puse hace poco porque creo que le da más presencia a las letras", cuenta como recordando a quienes alguna vez le hicieron la pregunta.

Sin embargo, lejos quedaron aquellos días de bocetear entre clases pues se le atravesaron dos situaciones: pasar su juventud en la sierra de Durango, donde tuvo sus primeros acercamientos con el pueblo huichol, así como una carrera de diseñador gráfico. "Desde chiquito yo miraba a los Huicholes y me empezaron a gustar sus colores que usaban, sus collares, sus pulseras y poco a poco fui adueñándome de esos motivos", explica.

Por el lado del diseño, este le dio las bases para saber organizar sus ideas y dar una mejor técnica a su trabajo, además de animarlo con la posibilidad de exponer en algún museo o galería, meta que acaba de lograr al mostrar algunos de sus cuadros en la galería del bar la Persignada. "Ahorita ya me he animado a usar el pincel y hacer cuadros que antes ni me hubiera pasado por la cabeza, pero hace poco empece a ver que si podría estar en algún museo y fue cuando le empece a echar más ganas, a trabajar y trabajar".

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Al abrir su mochila, casi a reventar, se dejaron ver varias latas de pintura en aerosol, tapones, pinceles, pintura vinílica y hasta un stencil, material que llamó la atención de las personas que caminaban por ahí.

Desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, quienes en su rutina diaria pasaban otra vez por ese tramo de la Andrade, observaron con sorpresa, visiblemente molestos o apáticos, pero la mayoría se acercó con simpatía a tomar una foto o hacer alguna pregunta al artista.

Entre quienes se tomaron un momento para contemplar el muro, hubo un grupo de estudiantes que orilló su coche para tomarse una foto, pues dijeron, les iba a servir para una tarea de su escuela y prometieron volver cuando la pinta estuviera terminada; unas chicas de la orquesta sinfónica también se detuvieron para felicitarlo por su graffiti frente al Museo de Arte de Sinaloa (MASIN), porque les gustó mucho el detalle del violín y ya hasta habían presumido la pinta con sus familiares y amigos en el extranjero; ya muy avanzado el trabajo, una señora paro unos momentos el tráfico para preguntarles si daba clases y pedirle su número de teléfono y así pasó el día y con el se fueron vaciando las latas de pintura, para al final transformarse en un regalo para la ciudad. el se fueron vaciando las latas de pintura.

@cesarhernesto