Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

La historia de mis dientes

NUEVOS LIBROS

Libro I: principio, medio, fin

Hay hombres con suerte y hay hombres con carisma. Yo tengo

un poco de los dos. Mi tío Venustiano Sánchez Fuentes, vendedorde corbatas de calidad italiana, decía que la inteligencia y la belleza se gastan, y que son una carga pesada para quienes las poseen porque perderlas es la más triste y lenta de las muertes en vida. A mí no me afligen esa clase de preocupaciones

porque nunca tuve cualidades efímeras. Carretera sólo tiene de las permanentes. De mi tío Venustiano heredé precisamente el carisma y también una corbata elegante, que es lo único que se necesita en esta vida para volverse un hombre de pedigrí.

*

Nací con cuatro dientes prematuros y el cuerpo enteramente cubierto de una capa muy fina de vello negro. Pero yo de eso estoy agradecido, porque la fealdad, como decía mi otro tío, Everardo López Sánchez, forja carácter. Mi padre pensó al verme que a su verdadero hijo se lo había llevado la recién parida del cuarto de al lado. Trató por varios medios –chantaje, intimidación, burocracia– de devolverme a la enfermera que me entregó. Pero mamá me recibió en brazos desde que me vio: rojo, hinchado y diminuto, estremeciéndome como almeja

de agua clara en mi cobija de hospital. Mamá estaba entrenada para asumir la porquería como destino. Papá no.

La enfermera le explicó a mis padres que mis cuatro dientes eran una condición rara en nuestro país, pero no poco común entre otras razas. Se llamaba Dentición Prenatal Congénita.

¿Y por ejemplo qué razas?, preguntó mi padre a la defensiva.

Concretamente los caucásicos, señor, dijo la enfermera.

Pero si este niño es prieto como el petróleo, replicó él.

La genética es una ciencia llena de dioses, señor Sánchez.

Esto último debió consolar un poco a mi padre, que finalmente se resignó a llevarme en brazos hasta nuestra casa, envuelto como tamal en una cobija gruesa de franela sueca.

*

Mamá lavaba ajeno. Papá no se lavaba solo ni las uñas. Las tenía recias, ásperas, negras. Se las cortaba con los dientes. No por ansioso; yo creo que por holgazán y prepotente. Mientras yo hacía la tarea en la mesa, él se las estudiaba en silencio frente al ventilador, tirado en el sillón de terciopelo verde que mamá heredó de Julio Cortázar, nuestro vecino del 4°A que murió de tétanos. Cuando los hijos del señor Cortázar vinieron a llevarse sus pertenencias, nos dejaron a su guacamaya –Criterio, que a su vez murió de tristeza a las pocas semanas–, así como el sillón de terciopelo verde donde Papá se empezó a arrellanar todas las tardes. Abismado, estudiaba las constelaciones

de humedad del cielo raso, escuchaba Radio Educación, y se arrancaba las uñas; dedo por dedo.

Empezaba con la del meñique. Prensaba una esquina entre el diente incisivo central superior y el inferior, desprendía apenas una astilla, y de un solo jalón tiraba la medialuna de uña colgante que le sobraba. Después de arrancársela, la entretenía unos instantes en la boca, hacía un taquito con la lengua, y soplaba: la uña salía disparada y caía encima de mi cuaderno de tareas. Los perros ladraban afuera en la calle. Yo la miraba, muerta y mugrosa, a unos milímetros de la punta de mi lápiz. Entonces dibujaba un círculo alrededor de ella y seguía haciendo las planas, cuidando de no escribir encima del círculo que había trazado. Iban cayendo uñas del cielo sobre mi cuaderno Scribe de raya ancha, como meteoritos propulsados por el aire del ventilador: anular, medio, índice, y pulgar. Y luego la otra mano. Yo iba acomodando las letras de la plana para rodear los pequeños cráteres circunferenciados que iban dejando sobre la página las inmundicias voladoras de papá. Cuando terminaba la plana, reunía las uñas en un cerrito y las guardaba en el bolsillo de mi pantalón. Luego, en mi cuarto, las metía en un sobre de papel que tenía debajo de mi almohada. Mi colección llegó a ser tan grande que a lo largo de mi infancia llené varios sobres. Fin de recuerdo.

Fragmento del libro La historia de mis dientes (2013), publicado con autorización de Editorial Sexto Piso.

Consíguelo

La historia de mis dientes, Valeria Luiselli

Editorial: Sexto Piso

ISBN: 9786077781615

Valeria Luiselli

Escritora (Cd. de México, 1983)

Autora del libro de ensayo Papeles falsos (Sexto Piso, 2010) y la novela Los ingrávidos (Sexto Piso, 2011), que han sido traducidos a múltiples idiomas y aclamados internacionalmente. Ha colaborado en publicaciones como The New York Times, Granta, McSweeney's, Letras Libres y Etiqueta Negra.

[email protected]