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La política, las instituciones y el desarrollo económico

RATIO LEGIS

Desde que apareció en las librerías de Estados Unidos hace un par de años, el grueso volumen Por qué fracasan los países(Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty, Crown Business, 2012)) de los profesores Daren Acemoglu y James A. Robinson se convirtió en un suceso editorial, llegando incluso a figurar en la lista de best sellers del periódico The New York Times, usualmente colonizada por escritores de truculencias. Tiempos curiosos en los que los aburridos libros de economía se ponen de moda. A lo largo de casi 600 páginas los autores analizan datos históricos, geográficos y sociales de muchos países del orbe, incluido el nuestro, para arribar a la conclusión de que en el éxito o en el fracaso económico de un país la política y las instituciones importan. Y mucho. Puede parecer de una obviedad clamorosa, pero es preciso reparar en ella para entenderla. No en vano Ludwig Wittgestein, el filósofo más importante del siglo pasado, decía que muchos aspectos de las cosas importantes suelen ocultársenos en su simplicidad y cotidianeidad.

Los mercados no pueden funcionar sin reglas. Un mercado sin normas no lo defienden ni los más entusiastas partidarios del neoliberalismo por la sencilla razón de que tal cosa resulta una entelequia: sin Estado no hay mercado. Pero el derecho de un país, es decir, su Constitución y la legislación en la que se establecen las normas que regulan los derechos ---y especialmente para el caso, los derechos de propiedad---, no crecen naturalmente en los bosques sino que son un producto artificial, creado por la autoridad (auctoritas, non veritas facit legem: es la autoridad, no la sabiduría, la que hace la ley, postuló en su día Thomas Hobbes). La pertinencia y la viabilidad de las leyes para orientar el desarrollo económico, así como la solidez de las instituciones, están en relación estrecha con la calidad de la clase política, por decirlo con la nomenclatura acuñada por Gaetano Mosca. El malestar económico es, en buena medida, la consecuencia de una dolencia anterior.

En síntesis: la política condiciona la economía. Y si esto es así, en buen romance, si queremos mejorar la economía hay que atender antes a la política. Pasar de instituciones políticas "extractivas", como las denominan los autores, que concentran el poder en manos de una élite reducida que se encarga de expoliar los recursos del resto, a instituciones "inclusivas", es decir, que distribuyen el poder político de manera democrática y pluralista, con un sólido Estado de Derecho.

En el desarrollo económico de un país o de un Estado las instituciones políticas pesan. Nadie puede avanzar sobre su propia sombra. El mismo Napoleón, que tuvo entre sus mayores obras la expedición de un Código Civil ---el ordenamiento legal que consagra los derechos de propiedad y las formas de transmitirla---, decía que los hombres son impotentes para garantizar el futuro y que solo las instituciones determinan el destino de las naciones. En su perspicacia, no en las armas, estaba el genio. Tengan salud.

[email protected] twitter: @enriqueinzunza