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Legalizar las drogas cobija el delito

En múltiples ocasiones, voces que se han alzado por la legalización o consumo controlado de drogas, han pedido mi opinión. Aunque ésta ya la he expresado anteriormente, respeto a quienes se dicen a favor en este tema, aunque no esté de acuerdo.

Debemos hacer un llamado para considerar la legalización de las drogas, ya que se fomenta su aceptación social y, con ello, crece el riesgo de que niños y jóvenes estén expuestos a ellas.

Las sustancias psicoactivas que se comercian de manera ilegal son una amenaza para el desarrollo mundial y, por ello, debemos tener claro que nuestros esfuerzos deben ser integrales, para erradicar su producción, tráfico y consumo.

Si el Derecho es la suma de normas e instituciones que regulan la conducta del hombre en sociedad, se espera que toda norma legal propicie una mejor convivencia en ese ámbito.

Toda reforma a las leyes se encamina a lograr una convivencia más armónica, al sancionar las conductas que generan el deterioro o van en contra de las personas e instituciones.

De esa manera, se asume que todo lo que es legal redunda en beneficio de los individuos e instituciones y propicia la concordia. Despenalizar el consumo de drogas sería como rendirse y admitir que el narcotráfico nos ha rebasado.

Las drogas son bienes de consumo con un fin específico dentro de la medicina y la salud. Cuando ese uso se desvirtúa, caemos en el ámbito jurídico que sanciona su uso incorrecto.

En este contexto, la drogadicción propicia la ruptura de los lazos sociales; de hecho, se ha demostrado que el consumo de drogas está muy asociado a conductas delictivas, tanto en la fase en la que el sujeto se encuentra bajo el efecto de los psicotrópicos, como en la de abstinencia.

Si bien es cierto que el uso de drogas está regulado en el Código Penal Federal, en el que se especifican las cantidades del consumo personal, la producción y distribución continúan siendo delitos federales, pues el bien jurídico protegido es la salud de los ciudadanos.

Jurídicamente, la legalización del consumo de drogas generaría desarticulación y contradicción entre diversos ordenamientos, tales como la Ley General de Salud, el Código Penal Federal, la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada y sus ordenamientos adjetivos.

Tampoco hay que olvidar que existen compromisos internacionales en materia de prohibición de actividades relacionadas con la producción, distribución, comercio, almacenamiento y venta de drogas ilícitas.

Antes de pensar en legalizar las drogas, hay que difundir entre nuestros adolescentes y jóvenes una cultura de respeto por la vida, de disciplina y esfuerzo; promover el estudio de las ciencias, la práctica de las artes y el deporte.

Si hay que regular la drogadicción, es necesario pensar en el proceso completo: desde la producción y distribución, hasta el consumo. Despenalizar las drogas es dejar de proteger el bien jurídico fundamental: la salud.

Asimismo, el hecho tendría implicaciones sanitarias y fiscales. Por un lado, habría que saber si la Secretaría de Salud cuenta con la infraestructura necesaria para supervisar la producción de drogas certificadas y, por otra parte, cuál régimen fiscal las regularía.

Los narcóticos, como su nombre lo indica, son sustancias que narcotizan; que producen sopor, relajación muscular y embotamiento de la sensibilidad. ¿Queremos una sociedad con jóvenes adormecidos y embotados o un México despierto y libre de drogas?

Quienes hablan de su legalización pasan por alto las consecuencias sociales irreparables. Por ello se requiere valor, esfuerzo, honestidad e imaginación para ganar la batalla, además del apoyo de familias, instituciones educativas, iglesias, organizaciones sociales y medios.

Acabar con los delitos eliminando las leyes que sancionan las drogas no es combatir la delincuencia, sino proveerla, y la PGR no debe escatimar esfuerzos en el combate al narco.

La salud de los mexicanos y las posibilidades de tener un desarrollo sano y sustentable nos convocan a sumar esfuerzos, para combatir un mal que envenena a nuestros jóvenes y afecta a todos los sectores de la sociedad.

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