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Ofelia desvaría

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Toco tu cuerpo, amor, en las ondas asciendo con mi cuerpo debajo de tu cuerpo, en este lento río donde miro, hacia arriba, la hondura de tus ojos que me miran, toco tu cara, amor, toco ahora tu cara, te dibujo la boca, la curva de los ojos con mis dedos, crece tu cuerpo, amor, viajan las yemas, derivamos desnudos hacia áreas más sensibles, hay cosas que se abren y que pierden lentamente su nombre, hay una agua secreta subiendo a los salones como para un naufragio, flotamos en lo hondo, circulamos, se agrandan nuestras manos y yo subo a tus ojos y las manos se aprietan para que ocurra todo: trae el agua tu boca, trae el tiempo, es una boca oscura y la boca transcurre buscándome lugares, siento tu boca ahí, avanzando hacia el centro, siento ahora tus manos resbalando hacia abajo y tiemblo y tengo miedo porque esos grandes viajes acaban en locura o en la muerte, toco tu cuello, amor, tibio cuello de príncipe, salvo ahora tu cuello del sueño y del olvido, llego lenta hacia ti, dejo que llegues, equivoco los límites de tu piel y la mía, ignoro quién respira, agrego mis dos manos en la hondura y no sé dónde estoy, dónde te ha sido: hay territorios húmedos, hay ciudades nocturnas a las que llega el vaho como una lengua humeante, se desciende, perdida se desciende, se avanza por las grutas entre peces sonámbulos, es esta longitud bajo las ondas, esas torres ansiosas, esas ansiosas brumas, ese frotar de telas dichosas y dolientes: me resisto, vencida, cercada me resisto, me trepo por el filo de las cúpulas, resbalo en la quietud, imagino la huida pero hay sólo la búsqueda, el acecho: todo vuelve hacia mí, nada queda más cerca que este cuerpo, que este sueño, toco ahora ese cuerpo, abro ahora los ojos y es otra vez lo que es, es alguien que pregunta por túneles espesos que han tomado la forma de tu forma, me arrincono a esperarte, te pierdo, te recobro, te entrego mi corona de jacintos y estos tules, amor, que han herido los vientos, veo pasar los tules, me inclino en un crepúsculo con turbiedades de alga y con latidos de alga, toco tu pecho, amor, tu pecho con mis dientes, confundo los sabores, los empeños, nuestros cuerpos son barcos derivando por aguas subterráneas, por calles subterráneas en donde nadie vive, hay peces de ansiedad, peces hechos de una agua salobre y transparente, hay una agua salobre y hay un lago dormido en donde yazgo sola pronunciando tu nombre, hay árboles mojados que oyen pasar mi voz, hay esto, aquí, bruscamente tu cuerpo, la invasión de tus ojos, tus brazos, claro príncipe, el ataque: yo tenía trece años y ya todo era tuyo, avanzaba en el aire con sandalias azules, yo tenía cien años y mi cuerpo se abría debajo de tu cuerpo, agua abajo se abría, con su estela dejaba lentos círculos, transcurría, gimiendo se abrasaba y gimiendo, en lo dulce, se abría a tus urgencias, gimiendo se dejaba cubrir por tus cuidados, se abría y resistía, se llenaba de una agua lunar, perdidamente, caía en espirales, se dejaba morir bajo la lluvia.

¿Cómo te conocería,/ dueño

de mi corazón?/ Por el

sombrero de conchas/ los

puñales y el ardor.

Extracto tomado del libro Oferlia desvaría (2013) con autorización de Ficticia Editorial.

Raúl Dorra

Narrador (argentina, 1937)

Nacido en 1937 en San Pedro de Jujuy, Argentina, reside desde 1976 en México, año en que se incorporó a la Universidad Autónoma de Puebla en la que, en 1998, fundó el Programa de Semiótica y Estudios de la Significación, del cual es director. Ha publicado traducciones de poetas franceses, siete libros de estudio y siete libros de ficción.

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Ofelia desvaría

Ed: Ficticia Editorial (2013) ISBN: 978-607-521-031-5

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