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Responsables en este momento

NUEVOS LIBROS

En el teatro del pueblo las cosas no marchaban bien.

Los intrusos llevaban un buen rato de haber tomado el recinto, ya rondaban las ocho de la noche y aún no tenían noticias de las autoridades.

Hacía calor y tedio.

Empezaba a abundar el hambre, la sed, y, de manera proporcional, el mal humor.

Los pasamontañas de lana que portaban, para no ser reconocidos tanto por las autoridades como por sus vecinos, empezaban a acumular bastante humedad y a ser realmente molestos.

Era tarde, tanto en las manecillas del reloj como en el destino de los ahora terroristas; escaseaba la paciencia.

El jefe de los activistas se reunió con un subalterno en el escenario y discutieron acremente, como suelen discutir los extremistas. Pasaron de las acusaciones mutuas sobre lo mal planeado de la operación al pésimo estado actual y al negro futuro de la misma. Decidieron que lo práctivo e inmediato era comunicar sus demandas a la radio local y conseguir comida.

—Señores y señoras —se dirigió Pablo al público expectante—, antes que nada les pido silencio —lo cual era innecesario porque todos estaban bastante callados y en sus lugares—. Les pido su comprensión. Nosotros queremos defender el agua de la región y nuestras demandas no han sid escuchadas, así que no nos quedó más remedio que tomar este teatro y no otro.

La reacción en el público no se hizó esperar.

Nadie hizo ni comento nada.

Un ligero carraspeo por acá y un leve llanto de niño por allá.

—Estamos en espera de la respuesta del gobierno, la cual parece que puede tardar. Por lo tanto, pedimos su comprensión y, sobre todo, su apoyo para conseguir comida. En este momento, un compañero pasará por sus lugares para que le den el dinero que traigan.

Eso sí generó molestias.

Enseguida se levantó un murmullo y estallaron quejas por doquier.

—¡Ni madres!¡No les vamos a pagar su comida! —gritó un señor.

—La comida será para todos —reviró el jefe que, de súbito recordó su recientemente adquirida situación de terrorista—. ¡Y además no les estamos preguntando!

Así, mientras un compañero recogía el dinero que de mala gana le entregaban los otrora espectadores, comenzó una verdadera discusión por el menú.

Unos proponían papitas y refrescos, otros hamburguesas y también refrescos, pero dietéticos.

Otro gritó desesperado:

—¡Las hamburguesas de por aquí son pésimas!

Y una viejita interpuso su demanda:

—¡Tamales y atole!

—¡Silencio! —Rugió Pablo—. Tráerte unas tortas y refrescos para todos —ordenó a su subalterno.

A lo cual siguió otra dura discusión sobre el contenido de las tortas: jamón, mole, milanesas, cubanas, tres sin picante...

El guerrillero, devenido en mensajero, tomó nota mental del inmenso y variado pedido.

Cuando se disponía a salir por el mandado, fue detenido por un bigotón que habia permanecido al margen de la discusión.

—En la tortería de aquí afuera son una basura. Tráigalas de lo de Doña Maru, a la vuelta de la esquina, frente a la funeraria —lo que sonó más a premonición que a consejo culinario.

Fragmento del libro Responsables en este momento (2013), publicado con autorización de Ficticia Editorial.

Gustavo Marcovich

(Buenos Aires, 1965)

Ha publicado El árbitro. Una prepotente existencia moral (2010), El hombre que se llamaba Cero (2012) y está antologado en También el último minuto. Cuentos de futbol (2006) y Estación Central bis (2009). Responsables en este momento es su primera novela.

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