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Sólo las cruces quedaron

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"Canto y cuento es la poesía, se canta una historia viva contand su melodía". Como siempre, las palabras de don Antonio Machada caen como luciérnagas sobre las cosas para alumbrarnos desde su fondo más misterioso. Son el canto y la danza vistos desde cualquier perspectiva —la antropológica, la ritual o la del arte—, un rasgo distintivo de lo humano en tanto a nuestra naturaleza colectiva.

En el lenguaje cotidiano la palabra se emite para comunicar con claridad el mundo de los objetos, las palabras nos dan un mapa para no tropezarnos con la realidad. En el canto, la palabra cambia su eje de rotación y a partir de la sonoridad no comunica el mundo de los objetos sino que revela la condición no objetiva del mundo.

El canto arranca al cuerpo de su estado originario y lo vuelve palabra; al verbalizar el deseo hace una incisión evanescente sobre la carne. Ahí está Salomón fijo como un roble que contempla extasiado la belleza:

Tus dientes ovejas esquiladas

que acaban de bañarse

cada una lleva su par

de mellizos y ninguna va sola [...]

Tus dos pechos

como dos crías

mellizas de gacela

que andan pastando entre los lirios.

(Cantar de los cantares: 4: 2-4, 5)

El Cantar de los Cantares narra el invicto triunfo de las sensaciones, cuenta la historia de la mujer que es Pregunta, Pausa y Precipicio. Pero también el canto nos pone frente a la historia que es pólvora y dolor:

Madrid, 1937.

En la Plaza del Ángel las mujeres

cosían y cantaban con sus hijos,

después sonó la alarma y hubo gritos,

casas arrodilladas en el polvo,

torres hendidas, frentes esculpidas

y el huracán de los motores, fijo:

los dos se desnudaron y se amaron. (Paz, 1998, p.93)

Estas mismas voces que Paz narra en Piedra del Sol, tienen otra representación aún más vital y sentida:

Madrid, ¡qué bien resistes!

Madrid, ¡qué bien resistes!

mamita mía, los bombardeos, los bombardeos.

De las bombas se ríen

de las bombas se ríen

mamita mía, los madrileños. ("Coplas de la Defensa de Madrid")

Un pueblo afónico canta con la garganta desgarrada. El franquismo indolente clausura sus oídos. El canto se vuelve entonces Memoria, Música y Muro.

La forma más efectiva de desacralizar el poder es el canto, el anonimato de la canción es siempre el polen de la crítica que termina disuelto en la multiplicidad de voces. El pueblo se rasca la panza y se percata de que en la risa está el antídoto contra el poderoso, le saca la lengua y se mofa de él. Pero, ojo, también lo hace de sí mismo:

¿A que le tiras cuando sueñas, mexicano?

Con sueños de opio no conviene ni soñar:

sueñas un hada, y ya no debes nada,

tu casa está pagada, ya no hay que trabajar.

Sigue soñando que no hay contribuciones,

que ya no hay "mordelones", que ya puedes ahorrar.

Sigue soñando que el PRI ya no anda en zancos,

que prestan en los bancos, que dejas de fumar.

(Salvador Chava Flores, 1954)

El Cantar de los Cantares, Piedra de sol, "Coplas para la defensa de MAdrid", "¿A que le tiras cuando sueñas mexicano?", sugieren una relación de tintes esquizoides que peca de ocurrente; seguramente a estas alturas del artículo el lector está pensando:"A este tal Olvera ahora sí ya se le fueron las cabras al monte.

Pero en el fondo estas expresiones muestran una misma esencia: el canto popular es una extensión —nunca una réplica— de lo que bizca y enajenada realidad nos da. En nuestra tradición musical difícilmente encontraremos un corrido que narre cómo una familia de campesinos indígenas forjó a sus hijos en la universidad y hoy día son prósperos hombres que dirigen el país. La figura de Juárez es una excepción que nuestra historia no ha vuelto a repetir, por más que en los eventos públicos se invoque su figura. Nuestras voces populares se han visto tentadas a narrar casi con exclusividad la desgracia que nos perigue con un tono tan lastimero y patético como la peor de las películas de Juan Orol.

A la luz de estos ejemplos virtuosos en los que el canto popular aparece como lo sugiere Machado habitado de poesía, ¿cómo entender que un joven de 16 años, montado en una camioneta, escuche a todo volumen y cante casi extasiado esto?:

Ando buscando un cabrón,

para partirle su madre...

El mismo suelo que pisa hoy

lo va a llenar de sangre.

Para quitarle la vida,

ya se me está haciendo tarde. (Los Razos).

Extracto tomado del libro Sólo las cruces quedaron (2013) con autorización de Ficticia Editorial.

Consíguelo

Sólo las cruces quedaron

Ed: Ficticia Editorial (2013) ISBN: 978-607-7693-78-9

Ramón Gerónimo Olvera

Ensayista (Chihuahua, 1977)

Licenciado en Filosofía y maestro en literatura en la era digital, Olvera ha publicado los libros Al margen de los actos (2003), El tribunal del ruido (2005), Pubis al cielo (2009) y Apuntes para la luz mojada (2013). Ha recibido el Premio nacional de debate político, Premio regional de periodismo cultural y el Premio Nacional de Periodismo.

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