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»Soy Stous y tengo once años pintando graffiti«

DÍMELO EN LAS VÍAS

Quienes en su andar diario por Culiacán hacen del Eje Federalismo su camino obligado se habrán dado cuenta desde ya hace algunos meses sobre la aparición de una enorme pinta que, como si se tratara de un reclamo o un llamado de atención, hace voltear a los apáticos conductores que sólo quieren llegar lo más pronto a casa o a la oficina, para darse cuenta que sobre las vías del tren está ocurriendo lo que su autor llama la 'Verdadera Realidad Social'.

Cinco metros y medio de alto por ciento veinte de largo, cubetas y cubetas de pintura y rodillos, dieciséis noches y un día, horas de trabajo arduo y ser perseguido por la policía fue el precio que su autor pagó para ver terminada esta, la que considera su obra maestra en once años pintando, y dice que lo volvería hacer.

El Stous, como lo conocen entre los grafiteros y artistas urbanos de Culiacán, ha rayado cientos de paredes en la ciudad, bombas y tags que deletrean su placa se han visto aparecer y desaparecer a lo largo de los años, sin embargo, siempre ha preferido rayar en las vías del tren. "Aquí empecé, los primeros graffitis fueron aquí en los vagones", dice refiriéndose a las vías del tren donde ahora nos encontramos. "El tren es motriz y no ocupa pasar mucha gente o venir alguien a pintar contigo, simplemente ya te conocen porque el tren ha viajado por el país, ya me ha tocado conocer gente que conoce mi trabajo porque lo ha visto en las vías, y está chingón", agrega.

Tal vez fue por esta, su historia en las vías del tren, que decidió plasmar ahí su más grande obra, lo cierto es que su reciente ingreso al Crew Verdadera Realidad Social (VRS Crew) de Guadalajara, suponía un reto que debía superar y de lejos, además la pared elegida dio las medidas perfectas para sus pretensiones. "Para hacerlo nada más conté las letras, medí el muro y me dio exacto para lo que quería. Estaba como mandada a hacer", dice sintiéndose con suerte.

Varias fueron las dificultades para concluir con una tarea de semejante magnitud, en el mes y medio que duró acudiendo a las vías tuvo que cubrirse bajo el manto de la noche, estar vigilante ante la presencia de las autoridades, no hacer caso al miedo constante de que algún vato gacho le tapara el avance que había conseguido la noche anterior y conseguir quién lo ayudara con el material.

El trabajo fue tan arduo que hubo ocasiones en que, aunque estaba determinado a seguir avanzando su cuerpo ya no respondía. "Le daba hasta que de plano ya no aguantaba porque desde que empece la primera línea era para acabarlo", confiesa.

Sin embargo, como es natural en el mundo del graffiti, el mayor riesgo fue el ser capturado por la policía, situación que casi se le cumple por primera vez en todo el tiempo que lleva pintando. "Ya para acabar me cayó de sorpresa la policía y hasta tiraron balazos pero pues corro bien recio", dice sonriendo al recordar aquel momento, "no me agarraron pero si perdí buena inversión, eran seis cubetas, una extensión y rodillos", cuenta y agrega que en cuanto ve alguna patrulla mejor se va. "No les doy la cara para que no me ubiquen porque tienden más que nada a pedirte feria y la neta prefiero mejor no pagar, mejor me compro material para seguir pintando", cuenta.

Actualmente el graffitero se encuentra pidiendo asesoría a museos y galerías, así como buscando llevar sus placas a otros formatos como impresiones en edición limitada, pero de lo que si esta muy seguro es que le queda tinta y rodillos para rato. "Yo no pienso dejar de hacer esto porque si dejara de hacerlo dejaría de ser yo", finaliza.

@cesarhernesto