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Una poética del mal

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Un sueño nada más

La mujer tiene un sueño espantoso: sueña que es secuestrada. En su auto por calles desconocidas y, de la nada, cuatro hombres encapuchados. El miedo recorre el esqueleto de la dormida. Pese a que sabe de la irrealidad de la situación, la angustia se apodera de su persona. Los hombres le gritan, la jalonean, la estrujan sin consideración alguna. Empieza a repetir la socorrida frase estoy soñando, pero ante la violencia a que es sometida, termina mejor por orar. Con un grueso y áspero paño le vendan los ojos, la sacan de su auto, la suben a otro. Pero como el tiempo en los sueños es irregular y caprichoso, o simplemente no entendemos su lógica, en un momento la mujer está sobre un colchón con un fuerte olor a orines. No sabe cómo fue que llegó ahí, no recuerda nada en absoluto sobre el traslado. No fue a consecuencia de algún golpe, de una conmoci´´on cerebral, es que sueño, se dice a sí misma con afán de tranquilizarse. Pero el remanso de paz es efímero, los hombres necesitan datos, la interrogan. Cree reconocer las voces: su padre, su esposo, su jefe, su hijo mayor. Son ellos, se dice segura, y a la vez contenta, por escuchar de nuevo a su padre, muerto desde hace muchos años. Alguno de ellos la abofetea, otro le encadena los brazos y piernas a los barrotes dorados de la cama. Mi esposo y mi jefe, mi padre y mi hijo serian incapaces. Barrotes dorados, benditos sueños que nos permiten ver lo que se supone que no vemos. Y pasan las horas según la percepción onírica de la mujer, o los días. Su padre, que a veces también es el hijo, le dice que s esposo no pagará el rescate. Que tendrán que matarla. Y ella se ríe, se deshace en carcajadas convulsas. Le intenta decir a su padre, que habla con la voz del hijo, que es imposible, no pueden atenerse a que uno de los mismos secuestradores pague el rescate. Pero no puede, el intento le cuesta el convertir las risas en llantos que duran hgoras y días, o tal vez meses, en esa extraña economía del tiempo en el mundo del inconsciente. Escucha a su jefe, que a veces es su esposo, socarrón, recordandole cada hora que tendrán que matarla. Y no sabe por queé dice que cada hora si recién lo ha escuchado y no recuerda que haya sucedido antes, ni vaticina que lo siga haciendo después. Ahora le pide de comer a su padre y este le da un platillo que sólo puede preparar de esa manera su hija. Mi hija perdida en una ciudad remota con toda su indiferencia. Y cae en cuenta que pudo pedir de comer, por lo que intenta solicitar ayuda. Por segunda vez su impotencia se convierte en llanto y ya desapreció la comida y los cuatro hombres cantan a coro que lo del ajusticiamiento es inminente. Muchas risas y llantos concentrados en el cuarto que no puede ver la mujer, pero que sabe que es pequeño, que no tiene ventanas y que es gris. Es un sueño nada más, le susurra su hija, pero ella ya no tolera una pizca mpas de pánico. Gime solicitando la muerte a sus captores, la exige. De inmediato siente el cañon de cuatro armas en su cabeza. Y la muerte, aun en el plano del sueño, despierta el miedo primigenio de todo ser humano: la angustia de las angustias. Grita por fin, liberándose de la terrorífica inconsciencia.

Despierta, se incorpora, su corazón real se desboca en su frágil caja. Las luces de la conciencia se encienden una a una y pronto entiende que no puede estar contenta. Resignada, se deja caer pesada al colchón. Quisiera mover sus brazos, ver aunque sea un poco. Sabe que no puede. Todo es inútil. Se msuelta a llorar mansamente y hace caso omiso del intenso olor a orines que la vuelve a embriagar.

Fragmento del libro Una poética del mal (2013), publicado con autorización de Ediciones Arlequín.

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Una poética del mal

Editorial: Ediciones Arlequín

ISBN: 978-607-9046-75-0

No. páginas: 96

Rafael Medina

(Guadalajara, 1972)

Fue becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, miembro del comité editorial de las revistas literarias La Vértebra, Última y La Voz de la esfinge. Después de su primer libro publicado Crónicas del Civil, fue participante de un taller literario en La Casa Museo José López Portillo.

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