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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

El caracol se quejaba de su pareja. "No respeta mi personalidad -gemía-. Cuando estamos haciendo el amor siempre me dice: '¡Aprisa! ¡Más aprisa!". Un tipo llegó corriendo al pipisrúm del restorán y se puso a desahogar una necesidad menor. El pequeño señor que hacía lo mismo al lado observó que el sujeto estaba excepcionalmente bien dotado. En eso el viripotente individuo exclamó con un suspiro de alivio: "¡Apenas la hice!". Con suplicante voz le pide el señorcito: "¿Podría hacerme a mí una igual?". Aquel bebé nació con una gran sonrisa, y con la manita derecha cerrada. Se la abrió el médico: en el puñito traía una píldora anticonceptiva. Ni génesis ni apocalipsis será la reforma energética promovida por el presidente Peña Nieto. Quiero decir que ese cambio ni traerá consigo una súbita riqueza para México ni entregará nuestros recursos al extranjero. En lo relativo al petróleo, pienso, no podemos estar peor de como estábamos. La reforma hecha permitirá el mejor aprovechamiento de esos recursos. Cuidemos, sí, que la ineficiencia y la corrupción no pongan en riesgo el cambio conseguido. Si prevalecen esos vicios ninguna reforma cambiará las cosas. Cicindela era mujer aleve, dueña de toda suerte de arterías. Desplegaba sus encantos de cuerpo igual que el pescador tiende su red o las arañas su ominosa tela. Puso sus ojos de águila en don Crésido, hombre de muchos años, rico, y lo sedujo con untuosos dingolondangos y con sus habilidades de diestra cortesana. Se encendió el incauto vejarrón en amatorio fuego, con lo cual quedó falto de juicio, y empezó a hacer toda suerte de locuras. Dicen muy bien los italianos: "Stoppa e fuoco non stan bene in un loco". Obsequiaba a Cicindela con regalos valiosísimos -una villa en la Toscana; un Lamborghini Gallardo; una bolsa de pan de pulque de Saltillo-, y le daba dinero a manos llenas. Bien pronto la mesalina lo dejó, como dice la Magnífica, sin cosa alguna. A nadie ha de extrañarle tal suceso: ranchos enteros, dicen en mi tierra, se han ido por ese agujerito. (Séame perdonado el vulgarismo). Por culpa de la daifa perdió el infeliz toda su fortuna. Cuando se vio en extremos de necesidad don Crésido pidió ayuda a sus amigos. Ninguno le tendió la mano. En tiempo de higos abundan los amigos de los higos; si éstos faltan el árbol queda solo. Buscó entonces trabajo; por su edad nadie lo quiso contratar. Cayó entonces en una especie de estupor. Iba por las calles recitando versos doloridos: "Hojas del árbol caídas / juguete del viento son. / Las ilusiones perdidas / hojas son ¡ay! desprendidas / del árbol del corazón". Cosas así. Sumido en un profundo estado depresivo tomó la fatal determinación de privarse de la vida, para lo cual se puso a leer discursos políticos, boletines oficiales, informes de gobierno, etcétera. A punto estaba de morir por causa de esas lecturas deletéreas cuando en su vida sucedió un milagro. He aquí que vio un amanecer. La luz radiosa de la aurora, los tibios rayos del sol que se tendieron sobre la ciudad le trajeron recuerdos de su infancia. Vio el rostro de su madre; la recordó -¡visión amada!- haciendo chorizo en la cocina; evocó con ternura los días infantiles, cuando en la escuela les pegaba a los niños de los grados inferiores, cosa que entonces se podía hacer, pues no existía la palabra bullying. Al conjuro de esos gratísimos recuerdos sintió nacer en él nuevas esperanzas. Se propuso recomenzar la lucha. Con la limosna que le dio un transeúnte compró un lápiz -un peso le costó-, y en una esquina lo vendió en dos pesos. Con eso compró dos lápices, y con los cuatro pesos que por ellos obtuvo compró otros tantos lápices, y los vendió en ocho. No haré larga la historia: volvió a ser rico, porque cuando llevaba ya 32 lápices murió su tío Crisógeno, multimillonario solterón, y le heredó toda su fortuna. ¡Y luego dicen que es inútil la cultura del esfuerzo, que deja más la política o un table dance! Este relato tiene 14 moralejas. (Nota de la redacción: nuestro amable colaborador entrega una por una esas 14 enseñanzas morales, y además hace su exégesis. No dudamos de la utilidad de tales moniciones, pero con pena y todo nos vemos en la necesidad de suprimirlas, parte por falta de espacio y parte por instinto de conservación: las moralejas suelen ser letales). FIN.

Mirador

El Padre Soárez charlaba con el Cristo de su iglesia.

-Señor -le preguntó-, ¿por qué hay mal en este mundo?

-Si no lo hubiera, Soárez -respondió Jesús-, tú no podrías existir. Quiero decir que no podría existir el hombre. Por esencia la criatura humana es un ser de libertad. Perdería su humanidad si no pudiera escoger entre el mal y el bien.

-Entonces, Señor -vaciló el Padre Soárez- ¿siempre habrá mal?

-No -contestó el Cristo-. Alguna vez el hombre llegará a ser uno con Dios. Entonces todo será perfeccionado, y todo será bueno.

-¡Quién pudiera ver eso! -exclamó el Padre Soárez.

-Lo verás -dijo Jesús.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Se multiplican las 'autodefensas'..."

No te equivocas si piensas

que la gente con quehacer

se tendrá que defender

de tales autodefensas.

[email protected]