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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

"Quiero que me haga usted la castración". Así le dijo Venancio a su doctor. El facultativo se quedó sin habla. ¿Cómo era posible que un hombre joven en posesión de todas sus facultades, sobre todo las de cintura abajo, le pidiera semejante operación? Se preguntó si sería por motivos religiosos: la religión, exacerbada, es causa de toda suerte de aberraciones y locuras. Evocó a Orígenes, exégeta de la Biblia en los primeros tiempos del cristianismo, quien se amputó por propia mano sus partes de varón, pues decía que lo apartaban de la espiritualidad. Así, el médico le preguntó a Venancio: "¿Por qué quiere usted que le haga yo la castración?". "Tengo mis razones" -contestó el otro, empecinado. Pensó el galeno que hay quienes han perdido la razón y aun así tienen razones. Le dijo: "Esa operación, señor, es insólita, inaudita, desusada, excepcional, inusitada, infrecuente y desacostumbrada. ¿En verdad quiere usted someterse a semejante intervención?". "Me la han recomendado mucho -respondió Venancio-, y quiero que me opere a la brevedad posible". El facultativo recordó el juramento hipocrático que hizo el día de su recepción profesional, pero también recordó el aumento de precios provocado por la reforma fiscal, y la necesidad de aumentar sus ingresos. Así, procedió a hacerle a Venancio la castración que le pedía. Al siguiente día fue a ver cómo evolucionaba su paciente después de aquella inusual mutilación. Le preguntó: "¿Cómo está?". "Muy bien, doctor -respondió el intervenido-. Siento como si me hubieran quitado un gran peso de abajo". "Lo celebro -dijo el facultativo-. Estaré pendiente de su evolución. Y ahora le ruego que me disculpe: debo ir a ver a otro paciente a quien ayer le hice la circuncisión". "Circuncisión" -repitió Venancio, pensativo. Y luego, dándose un gran golpe en la frente, profirió: "¡Coño! ¡Ésa era la palabreja!". Una de mis mayores habilidades consiste en meterme en lo que no me importa. Desoigo las sabias palabras de aquel señor que dijo: "De los problemas que tengo el 10 por ciento se debe a lo pendejo, y el 90 a lo metiche". Por eso, por metiche -y quizá también por lo otro-, diré hoy que encuentro muchos riesgos en la idea de que Cuauhtémoc Cárdenas sea el nuevo dirigente nacional del PRD. Él ocupa ya un sitio relevante como fundador y guía de ese partido. Si ahora desciende a la palestra de la política actuante se expone a los ataques de los enemigos de dentro y fuera, y puede perder su condición de líder moral de la organización. Alejado de las pugnas partidistas, ajeno a los constantes dimes y diretes de las tribus en que está dividido el PRD, el ingeniero Cárdenas mantendrá la incuestionable influencia que ahora tiene sobre todos los perredistas por su relevante personalidad. Se me perdonará que me meta en lo que no me importa, pero la admiración y el respeto que siento por Cuauhtémoc Cárdenas me llevan a expresar esa opinión. Aindamáis, mi condición de escribidor en los papeles públicos hace que en buena parte mi oficio sea el de un metomentodo. Dos patos vieron pasar un jet. Dijo uno: "¡Qué rápido vuela!". Dijo el otro: "También tú volarías así si se te fuera quemando el fundillo". Don Martiriano comentó: "Yo nunca compro comida chatarra. Mi mujer me la hace". Aquel curita joven se duchaba en traje de baño. Explicaba: "No me gusta ver un desempleado". Hay tres cosas imposibles de ocultar: lo rico, lo enamorado y lo tarugo. Y dos hay que un hombre difícilmente podrá disimular: la educación y una erección. AfrodisioPitongo iba en el atestado autobús, y acertó a quedar frente por frente, en apretada cercanía, con una guapa chica. Tan incitadora vecindad provocó en él una erección que la muchacha no pudo menos que sentir. Afrodisio se apenó por eso, y con mucha pena le dijo a la joven: "Perdone, señorita. El abultamiento que siente usted en mi persona es el sueldo que acabo de cobrar, y que en un fajo de billetes llevo en el bolsillo de mi pantalón". "Pues lo felicito -respondió ella con sequedad-. Tan pronto quedó usted cerca de mí tuvo un gran aumento de sueldo". (No le entendí). FIN.

Mirador

Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan.

Don Juan tenía palabra seductora. Comentaba:

-Lo único que necesito para hacer que una mujer caiga en mis brazos es que me deje hablar.

Don Juan tenía el don caballeroso de la discreción. Solía decir:

-Jamás hablo de las mujeres a las que conquisté. Sus nombres los llevo en el corazón, no en la lengua

Un joven amador buscó a Don Juan en su retiro sevillano. Le preguntó:

-Maestro: ¿por qué lo amaron tantas mujeres?

Respondió él:

-Porque sabía hablar.

Otro galán le preguntó:

-Maestro: ¿por qué tantas mujeres lo amaron?

-Respondió él:

-Porque sabía callar.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Crece la oposición en Venezuela..."

Sin ser experto aseguro

que ese tonto ineficaz

que se llama Nicolás

se va a caer de Maduro.

[email protected]