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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Un rabino judío y un sacerdote católico charlaban acerca de sus respectivas prácticas religiosas. El cura le preguntó al rabino: "Ustedes tienen prohibido comer carne de cerdo. ¿Jamás la ha comido usted?". "Quisiera poder decir que no -contestó el rabino avergonzado-, pero una vez sucumbí a la tentación y me comí un sándwich de jamón. Ustedes, por su parte, hacen voto de castidad. ¿Jamás ha faltado usted a la regla del celibato?". "Quisiera poder decir que no -se apenó el sacerdote-, pero una vez caí en la tentación y forniqué con mujer". Después de una pausa comentó el rabino: "Mucho mejor que el sándwich de jamón ¿verdad?". Pocos momentos de verdadera unión ha conocido el pueblo mexicano. Yo cuento solamente dos: el día de la entrada a la Ciudad de México del ejército trigarante de Iturbide, el hacedor -que no consumador- de la emancipación de México de España, y el día de la nacionalización de la industria petrolera por Lázaro Cárdenas. No se celebra ya la efeméride primera: la historia oficial condenó a Iturbide al basurero de la historia, y sólo se le recuerda para vituperarlo. El Presidente Cárdenas, en cambio, está en los altares de la Patria, y con sobrados méritos para ello, pues si bien cometió errores que a la larga hicieron daño a la nación -el ejido, a mi juicio, fue uno de ellos- tuvo magníficos aciertos que lo engrandecieron, como la ya citada expropiación petrolera y la generosa hospitalidad que dio a los exiliados españoles, cuyas aportaciones en tantos y tan diversos campos hicieron un gran bien a nuestro país. Contrariamente a lo que algunos piensan opino que la celebración del 18 de marzo no desaparecerá por causa de la reforma energética reciente. Ese fasto está por encima de las cuestiones económicas o de política, y tiene que ver más bien con el espíritu nacionalista de nuestro pueblo, el mismo que se manifiesta el 5 de mayo y el 15 de septiembre, fechas en que se reivindica lo mexicano frente a lo extranjero. No sé si en el caso de la fecha cardenista ésta vaya a ser una celebración hipócrita o una combinación afortunada del vino viejo del nacionalismo con las botellas nuevas de la globalización, pero sí puedo aventurar que la expropiación petrolera seguirá siendo celebrada mientras haya un mexicano -o una mexicana- que pueda gritar con patriótica vehemencia aquello de "¡Viva México, cabrones!". El cuento que ahora sigue suscitó las iras de doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías y censora de la pública moral por propia designación. Tan grande fue su enojo al conocerlo que sufrió un paroxismo de iracundia con piloralgia -es decir dolor del píloro- y effluvium capilorum, o sea caída del cabello. Las personas que no quieran experimentar esos penosos síntomas deben suspender ahora mismo la lectura. Un granjero y su esposa iban por el campo a la caída de la tarde cuando brillaron sobre sus cabezas unas luces espectrales y descendió a su lado un platillo volador. De la nave espacial salieron una marciana y un marciano. Se dirigieron a ellos, y en un lenguaje gutural empezaron a hacerles preguntas sobre sus costumbres y hábitos. Preguntando, preguntando, vinieron a caer en el tema del sexo. Quisieron saber los alienígenas cómo lo practicaban los humanos. Sucedió que la forma en que lo hacían era igual a la de los extraterrestres. Propusieron éstos hacer un intercambio de parejas para comprobar esa similitud. El granjero y su esposa, deseosos de probar un cambio, aceptaron la proposición. Fueron, pues, cada quien por su lado; ella con el marciano, con la marciana él. Al día siguiente intercambiaron sus impresiones sobre la experiencia que cada uno había tenido. Relató la mujer: "El marciano tenía sumamente pequeña la parte de la generación, y muy angosta. Pero se dio varios tironcitos en la oreja derecha, y la citada parte creció en largor considerablemente. Luego se estiró varias veces la oreja izquierda, y su atributo se enanchó". Al oír eso exclamó el granjero, mohíno: "¡Carajo! ¡Ahora me explico por qué la desgraciada marciana casi me arranca las orejas!". FIN.

Mirador

Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan.

Se encontraron en Sevilla al salir de la misa en catedral.

Ella le dijo:

-¿Me recuerdas?

Contestó él:

-No te recuerdo, pero nunca te he olvidado.

Le dijo ella con sonrisa triste:

-Siempre tan bueno con las palabras.

Respondió él:

-No digas eso. Di más bien: "Siempre tan bueno con los silencios".

Ella comprendió: los mejores recuerdos de amor son los que no se dicen. Le tendió la mano al caballero. Don Juan la tomó y puso en ella un beso que a los dos les hizo recordar los otros besos.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Piden a Putin que cambie su política sobre Crimea..."

Tal cambio -lo ha repetido-

no habrá de tener lugar.

(Lo que debería cambiar

es más bien el apellido).

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