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DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

"Me estoy acostando con una mujer que no es la mía" -le confesó el penitente al Padre Arsilio. Preguntó el sacerdote: "Esa mujer ¿es hermosa?". "No -respondió el tipo-. De hecho es algo fea, pero.". "Pues eres un indejo -lo interrumpió el Padre Arsilio-. La penitencia es la misma que si estuviera muy buena". El científico iba a crear la vida humana in vitro. En una probeta puso un óvulo y en la otra puso semen. Iba a verter el contenido de ésta en aquélla cuando escuchó que la probeta donde estaba el óvulo le dijo a la otra: "¿No me vas a dar antes ni siquiera un besito?". Wanda, vedette ya retirada cuyas torneadas piernas habían sido famosas en el espectáculo, decidió invertir sus ahorros en un bar al que llamó "Las piernas de Wanda". El negocio tuvo mucho éxito. Tiempo después un hombre estaba recargado en la pared del establecimiento. Lo vio un policía, y su actitud le pareció sospechosa. Le preguntó: "¿Qué hace usted aquí?". Respondió el individuo: "Estoy esperando a que se abran Las piernas de Wanda para calmar mi sed". En la ceremonia nupcial el oficiante le preguntó a la novia: "¿Prometes amar y respetar a tu marido, acompañarlo en la salud y en la enfermedad, y serle fiel?". Ella se volvió hacia su novio y le dijo: "No puedo comprometerme a esas tres cosas. Escoge una". La libertad consiste en la posibilidad de escoger. Mientras menos opciones tiene la persona, menos libre es. Los mexicanos pensamos que somos libres. Recordemos, sin embargo, a aquel tipo que gritó inspirado por dos o tres tequilas: "¡Como México no hay dos!". Comentó un señor que estaba cerca: "Se ve que no ha viajado". Por ejemplo pensemos esto, aunque nunca pensemos en esto: si queremos comprar gasolina debemos acudir por fuerza a un único vendedor: Pemex. Es lo mismo que si quisiéramos comprar pan y no hubiera en el país más que un solo vendedor de pan. Los monopolios, públicos o privados, son malos por esencia, pues coartan la libertad de las personas al impedirles escoger entre varias opciones. Por eso aplaudo -y con ambas manos, para mayor efecto- la noticia de que el Presidente Peña Nieto promoverá que no se limite ya la inversión privada en materia de petroquímica, y que los inversionistas, sin excluir a los extranjeros, puedan tener participación en toda la cadena de hidrocarburos, incluida la venta de gas LP y de gasolina. Ojalá el obtuso nacionalismo demagógico no estorbe esa propuesta. La última frase fue tan contundente que me dejó suspenso. Mírenme: estoy como pasmado, con la mirada perdida. Tan pronto la encuentre narraré una absurda historieta final. El viajero iba en su coche por la carretera. A la orilla del camino vio a un anciano campesino con su vaca. El hombre hacía señas a los automovilistas para que se detuvieran. Lo hizo el viajero, y el anciano le dijo: "Estoy cansado, señor, y debo ir al pueblo a vender esta vaca. ¿Sería tan amable de llevarme?". "Con mucho gusto -respondió el conductor-. Pero ¿y la vaca?". "No se preocupe -contestó el anciano-. Ella nos seguirá". Extrañado, el viajero empezó a conducir muy lentamente. La vaca, en efecto, echó a andar tras el automóvil. "No vaya tan despacio -le pidió el campesino al conductor-. Maneje a velocidad normal. La vaca nos seguirá, como le dije". Sin poder creer eso el automovilista subió un poco la velocidad. La vaca inició un trotecillo plácido. Aumentó la velocidad el viajero, y la vaca aceleró también el ritmo de su trote. Asombrado, el hombre imprimió más velocidad a su vehículo, hasta llegar a los 120 kilómetros por hora. La vaca, que había convertido su trote en un veloz galope, se mantuvo detrás del automóvil sin despegársele ni un metro. El viajero, que no podía creer lo que veía, pisó el acelerador hasta que el velocímetro marcó 150 kilómetros por hora. La vaca siguió al galope tras el coche. Después de largo rato de ir así el automovilista advirtió que la res iba sacando la lengua. "Ya se cansó -le dijo al campesino-. Reduciré la velocidad". "Siga igual -le contestó el anciano-. No es que la vaca se haya cansado. Sacó la lengua para indicarnos que nos va a rebasar". FIN.

Mirador

Una de dos: o el clima se volvió loco o yo tengo muy mala memoria.

Según recuerdo, antes la primavera era la primavera, el verano era el verano, y así sucesivamente. Cada estación era, en efecto, una estación. Ahora la primavera tiene días invernales, y en los inviernos puede haber una florida primavera.

Yo había guardado ya mi chaqueta y mi suéter, y había sacado mis camisas de manga corta y mis dos preciosas guayaberas yucatecas. Y he aquí que de pronto la temperatura descendió drásticamente -cordonazo de San Francisco en mayo- y andaba yo, si no titiritando, como dice la gente del Potrero, sí al menos tiritando, que es bastante.

Si una mariposa mueve un ala, dice la sabiduría zen, la onda que causa ese movimiento llega al último confín del universo. ¿Cuántas mariposas aletearon para hacer que me llegara a mí esta onda fría?

¡Cómo ha cambiado el tiempo!

Y cómo han cambiado los tiempos: ya ni de las mariposas se puede uno confiar.

¡Hasta mañana!...

Manganitas

"...Una caravana de migrantes llegó a Saltillo..."

Los vi pasar por mi casa,

y en ese mismo momento se

me vino un pensamiento:

es Jesucristo el que pasa.

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